Emilio Lora-Tamayo: «Si seguimos sin 'regar' la investigación, terminará agostándose sin remedio»

Emilio Lora-Tamayo, rector de la UIMP.J/José Ramón Ladra
Emilio Lora-Tamayo, rector de la UIMP.J / José Ramón Ladra

El Claustro de la UIMP define hoy, en su sede de Cartagena, su plan estratégico para los próximos años

Fuensanta Carreres
FUENSANTA CARRERESMurcia

Rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) desde hace apenas unos meses, al físico Emilio Lora-Tamayo le tocó vivir y gestionar como presidente la crisis más aguda que se recuerda del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). El agostamiento de la inversión en investigación, recuperable pero solo con un plan especial que relance la actividad, sigue en el centro de sus desvelos. Esta tarde preside el Claustro que la UIMP celebra en su sede de Cartagena, en el que se marcarán las líneas maestras del plan estratégico de la institución.

-Es académico de la Academia de Ciencia de la Región. ¿Ha podido tomarle el pulso al avance de la ciencia en Murcia?

-En la Región disfrutan de uno de los mejores centros de investigación que hemos tenido y tenemos, el Cebas, que en su campo es una institución. En al ámbito de la agricultura y el medio ambiente goza de muy buena salud, a pesar del bache sufrido en los años de crisis por toda la investigación española, que aún no se ha recuperado, aunque sí haya sido así en otros niveles. Se mantiene el nivel científico, pero difícilmente puede crecer, porque no hay todos los recursos que debería haber. El problema que hemos tenido por la reducción de recursos es comparable a dejar de regar una planta. La planta se va agostando, creo que no se ha estropeado la médula, pero si se sigue sin regar, terminará agostándose de forma irremediable. Se ha preservado la médula, y como era muy buena, se mantiene, pero hay que regarla.

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-Los parones en investigación, se calcula, tardan el doble de tiempo en recuperarse. Una década de estrecheces se alarga veinte años...

-Es muy fácil destruir y muy trabajoso, difícil y largo reconstruir. Dependiendo de las áreas y del momento, en un punto en el que la ciencia, la investigación y el desarrollo son tan dinámicos y globales, aún más. Todos tenemos que jugar en ese mercado global con las mismas cartas, y no con un brazo atado a la espalda.

-¿Y el éxodo de jóvenes investigadores españoles?

-Salir es una etapa más de la carrera investigadora; debemos poder reclutar a los mejores de cada campo, sean los españoles, los murcianos o los americanos. Es un mercado global y eso es lo que necesita.

-Pero si no vuelven se echa a perder la gran inversión que se ha realizado en su formación...

-No importa que se aproveche de ellos un centro alemán o francés, estamos en Europa, con tal de que yo también puede aprovecharme de los investigadores franceses o alemanes.

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-¿Y se dan las condiciones para que así ocurra?

-A eso me refería con la médula. Siguen existiendo centros que trabajan en líneas punteras, que es lo fundamental. Les tienes que atraer con una posición estable y una línea y medios punteros. Lo que no existen son suficientes posiciones para atraer y fichar al número suficiente de investigadores para que se note un reverdecimiento de la estructura investigadora. Las últimas ofertas del CSIC han sido generosas, pero hay que tener en cuenta los años de sequía que hemos padecido, y que la edad media de los investigadores crece imparablemente. No basta con esas plazas, habría que hacer una acción especial de refuerzo. El talento lo tenemos, lo producimos en nuestras universidades, y también está ahí fuera.

-Los límites a la tasa de reposición han envejecido las plantillas...

-Pero las líneas y las ideas están ahí. No hay más que ver cómo producimos ciencia. En España estamos cerca del 3% de la producción de ciencia mundial, medida en términos bibliométricos, que es más de lo que correspondería por el PIB. Tenemos capacidad, producimos ciencia, no hay más que inyectar más recursos en el sistema. Económicos y humanos.

-Le correspondió gestionar como presidente del CSIC la crisis más aguda que se recuerda en el centro, casi al borde del colapso...

-Los años 2012 y 2013 fueron los más duros que he conocido. Fue un agujero negro, y llegamos a tener que racionar, como en los naufragios, los recursos para poder seguir trabajando, de semana en semana. Conseguimos salir del bache con un crédito extraordinario, y ahora la situación está saneada, aunque seguimos lejos de otras épocas. Es necesario un empujón fuerte.

-¿Tiene fe en la aprobación de un pacto de estado por la ciencia?

-Si no tuviera fe, no estaría aquí. Tengo fe, pero también unos años, y estoy oyendo hablar del pacto desde hace muchos, muchos años, y no hay razones objetivas para pensar que será ahora. Tenemos que ser optimistas, pero hay que seguir machacando. La investigación no estaría sometida así al clima político.

-¿Cree que si la sociedad supiera qué se hace en los laboratorios, el compromiso social con la investigación sería mayor?

-Por supuesto, la divulgación es básica. Hemos mejorado mucho, los investigadores se han concienciado de que la ciencia la pagan los recursos de la sociedad. Si la sociedad entiende la importancia de la ciencia para el progreso, se moverá a los políticos y empresarios. Los investigadores son más conscientes de la importancia de la aplicación de su trabajo, nos hemos acercado más a la línea que separa el conocimiento de la empresa de lo que lo han hecho las empresas. La Región de Murcia es un ejemplo de lo contrario, las empresas saben qué pueden encontrar en el Cebas y hay una sinergia importante.

-Los investigadores se quejan también de la carga burocrática...

-No podemos olvidarnos de que el investigador maneja recursos públicos, y son necesarias todas esas cautelas, es una seguridad para la sociedad que paga la investigación. Otra cosa es que esas cautelas se conviertan en toneladas de papeles.

-Le ha sucedido una mujer en la presidencia del CSIC. La cuota femenina en la ciencia sigue siendo deficitaria, especialmente en los cargos de responsabilidad. ¿Por qué?

-La explicación no es única. En la entrada hay más mujeres que hombres, pero en la dirección científica es al revés. El factor humano y social tienen mucho peso. En ciencia no hay barreras para la mujer, los méritos son medibles y evaluables.

-¿Qué objetivos se ha marcado en su nueva etapa como rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo?

-Es un reto maravilloso y vertebrador, te permite pulsar el último grito en ciencia y cultura. Los indicadores de la UIMP son crecientes, tenemos 15.000 alumnos, postgrados, cursos de idiomas, doctorados... Con eso en la mano aplico ese lema clásico: 'Si funciona, no lo toques'. Hay carencias, como la reestructuración de la gestión, el 'backstage'. Son algunas de las cuestiones que trataremos en el Claustro en Cartagena, así como nuevo plan estratégico.

-La internacionalización es el gran desafío de todas las universidades...

-Queremos potenciarla con una iniciativa un poco más proactiva, y definir 'tickets' combinados, por ejemplo, para los estudiantes de lengua española, y que pueden simultanear con otros estudios. También apostamos por la creación de sedes en otros países, algunos transfronterizos, pero también en Iberoamérica, donde hay iniciativas y sinergias que se pueden aprovechar con el Instituto Cervantes.

-Una universidad como la UIMP está más obligada si cabe a incrementar la reacción para responder a las demandas de la sociedad...

-Ahí vamos con ventaja con respecto a otras universidades. Ante cualquier demanda de información de la sociedad, tenemos una capacidad de reacción mayor, porque podemos montar conferencias, seminarios, un máster, a un año vista, y traer a los mejores. No tenemos una plantilla de profesores, y podemos buscar a los mejores en cada área y en cada momento.

-Hay cierto prejuicio aún en la universidad pública hacia la entrada de la empresa. ¿Qué papel jugarán los patrocinios y sinergias?

-Ya me gustaría que fuera destacado. Cuando daba clases encontré una pintada en la facultad que criticaba 'que no nos compren'. Y yo pensaba, ¡ojalá nos compren. Significaría que nuestro trabajo es valioso. Eso no debe mermar el acceso cuasi gratuito a la Universidad, porque es la garantía de que accedan las capacidades más brillantes.

-Pero el endurecimiento de las condiciones para lograr una beca lo ha puesto más difícil...

-Ahora hay más becas y más gente que nunca en la Universidad, y si los recursos son limitados, hay que poner algún tipo de filtro.

-El máster de Cifuentes ha puesto en entredicho los controles y garantías de la Universidad. ¿Son suficientes?

-No se pueden poner en entredicho. Estamos hablando de uno, de dos, o siete casos puntuales, en una población con 80 universidades y varios cientos de miles de estudiantes. Hacer categoría de esos casos es aberrante y poco científico.

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