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Un agricultor se dispone a arar una parcela, en Beniel.
Un agricultor se dispone a arar una parcela, en Beniel. / Alex Domínguez

El mercado de tierras alcanza su mayor nivel desde el inicio de la crisis

  • Las compras se concentran en las huertas del río Segura y en el Valle del Guadalentín

El campo murciano registró el año pasado un total de 4.660 adquisiciones de tierras de cultivo, un 16,8% más que en 2015, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Es el mayor número de ventas desde el inicio de la crisis. Las compras de parcelas se concentran en las vegas Alta y Media del Segura, así como en las comarcas del Guadalentín y Altiplano. El Campo de Cartagena, en cambio, se reserva para los compradores más acaudalados.

Hay que remontarse ocho años atrás para encontrar una actividad similar en el mercado de tierras. El ejercicio de 2008 se cerró con 5.364 parcelas vendidas (en 2007 fueron nada menos que 8.184). Desde entonces, la cifra nunca pasó de 4.000. El momento más bajo fue en el año 2012, con 3.363 fincas.

La sucesión de buenas campañas agrícolas y el abaratamiento de los préstamos han dinamizado las transacciones. Al mismo tiempo, la Región atraviesa una situación paradójica, puesto que alberga los regadíos más caros y los secanos más baratos de la Península, con 33.000 y 4.600 euros por hectárea de media respectivamente, según las últimas estimaciones de la Consejería de Agricultura. Los extremos oscilan entre los casi 118.000 euros de una hectárea de limoneros y los poco más de 900 euros de una hectárea de pastizal.

¿Quien vende? Por un lado, agricultores jubilados que tratan de mejorar su situación económica o la de hijos y nietos que no tienen interés en incorporarse a la agricultura. Tienden a ofrecer sus parcelas a los propietarios colindantes. Suelen tener éxito en las transacciones, puesto que no se manejan grandes sumas de dinero y es raro el agricultor profesional que deja escapar la oportunidad de ampliar su finca.

Por otro lado están los autónomos y profesionales de otros sectores con tierras heredadas y que necesitan liquidez para pagar deudas o ampliar negocios. Procuran venderlas a los arrendatarios, con un éxito más bien relativo, ya que estos últimos tienden a exigir precios más bajos con el argumento de que conocen mejor que nadie la rentabilidad de las parcelas que trabajan.

En este sentido, las herencias constituyen el principal 'carburante' del mercado de tierras en la Región. Un total de 3.185 parcelas pasaron a otras manos de este modo durante el año pasado. Sin embargo, las donaciones para aquellos sucesores que desean mantenerse en el sector primario se limitaron a 587 fincas, un dato preocupante sobre el relevo generacional en el campo murciano (para hacerse una idea, en 2007 fueron 1.092 donaciones). Por su parte, los procesos de concentración parcelaria mediante permutas son actualmente simbólicos; solo se registraron 50 casos en 2016, la cifra más baja de la historia de la agricultura regional.

¿En qué zonas bulle el mercado de tierras? Tomando como referencia los últimos datos mensuales (correspondientes a diciembre), de 320 fincas vendidas, 93 están situadas en la Vega Alta del Segura y en la Huerta de Murcia; 56, en el Valle del Guadalentín; 45, en Jumilla y Yecla (el viñedo murciano es el más barato de España, con 5.200 euros por hectárea de media) y 23 en la comarca del Noroeste (con especial atención hacia las plantaciones de almendro, por las que se llegan a pagar hasta 14.000 euros la hectárea).

El regadío del Campo de Cartagena es territorio casi vedado para agricultores profesionales debido a los altos precios (más de 43.000 euros por hectárea). Por ejemplo, en Torre Pacheco solo se comercializaron 4 parcelas. Lo mismo puede decirse de la costa. En toda la comarca del Mar Menor únicamente se vendió una finca, al igual que en Águilas. Solo en Mazarrón se abrió algo la mano, con 6 parcelas vendidas.