«Quien es de 'donuts', sigue comprándoselos antes de entrar»

MINERVA PIÑEROMURCIA

En la cantina de Maribel Ortín, en el IES La Flota, los alumnos han cambiado las golosinas y las palmeras de chocolate del almuerzo por los bocadillos de tortilla, atún con tomate, jamón york con queso y lomo a la plancha que ella prepara cada mañana. Las bebidas con excesivos azúcares también han sufrido la llegada de las 'Cantinas saludables': todos los zumos y gaseosas han sido sustituidos por sus versiones más ligeras. «Lo que tenemos es 'light' o 'zero', cualquier bebida se ajusta a la regulación», explica Maribel mientras coloca un cesto de manzanas junto a un plato colmado de fruta.

«También preparo zumos de naranja, pero pocos alumnos suelen pedirlo», reconoce después de cerrar un frigorífico en el que guarda yogures bajos en calorías. Los más avispados del patio ya han encontrado una alternativa a la restricción de la bollería industrial. «Quizá aquí no lo piden, pero, si cruzan la calle, pueden adquirirla en otros locales. El que es de 'donuts', sigue comprándoselos antes de entrar y, el que prefiere las chuches, se trae la bolsita preparada», confiesa la cantinera tras fijar en la pared un cartel que recuerda los diez consejos de una dieta equilibrada. Hace dos años, el mismo cartel hubiera sido tapado por un antiguo expositor de golosinas.

Los únicos alimentos dulces que los alumnos del IES La Flota podrán disfrutar durante sus recreos serán las magdalenas y bizcochos que la cantinera, intencionadamente, cocina sin rebasar los límites saludables impuestos por la legislación.

«La idea es buena, pero son los padres quienes deben educar a sus hijos para que consiga consolidarse», explica Maribel basándose en su propia experiencia.

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