El dios Taquión

Ginés Sánchez
GINÉS SÁNCHEZ

Se establece que un taquión es -aparte de hipotético- una partícula capaz de moverse a una velocidad superior a la de la luz. Al respecto de él fantaseaba Stanislaw Lem en su ‘Paradoja Cogito’. Establecía para ello, así empezando, un multiverso. En concreto dos universos. Uno lento (el nuestro, en el que la velocidad máxima es la de la luz) y uno rápido (en el que la velocidad mínima es precisamente esa). Fantasea entonces Lem con una partícula capaz de acelerar infinitamente. De acelerar hasta adquirir tal velocidad que es capaz de estar en todas las partes de ese universo ‘rápido’ al mismo tiempo. Es decir, de ocupar todo ese universo. Al hacerlo, sigue Lem, el taquión hace de ese universo un cuerpo cada vez más denso y más rígido. Hasta que, a base de presionar y absorber los cuantos de luz, sufre un frenazo y empieza a adquirir energía. Y así hasta que el taquión, a fuerza de ralentizarse, estalla y crea -oh, cielos- este otro universo que llamamos ‘lento’.

Así que ahí tienen, una partícula capaz de colmar un universo completo. Y de crear otro a partir de una explosión. Una partícula que, atiendan, no sabe nada de mí, ni de ustedes. Una que no lleva la cuenta de mis malas acciones ni de mis malos pensamientos. Una que tal vez no tenga siquiera voluntad o inteligencia. O no una que yo sea capaz de comprender. eEso y que, quien sabe, tal vez sean ustedes dioses sin saberlo. ¿O nunca se les cayó, en el baño y al suelo, una gota de sangre, de sudor, de semen, que explotara contra el suelo? O tal vez sean dioses y lo sepan y entonces lleven trece mil millones de años (universo ‘rápido’, universo ‘lento’) pendientes de los pecados de los seres que viven en los restos de esa gota. O lleven trece mil millones de años pendientes de un único acto de prevaricación -Pilatos, ya saben- para dar rienda suelta a sus desaforados planes de redención de esos mismos seres).

¿Y qué dice usted, Sánchez, que se declara deísta?

Y no. Lo que digo es que podría considerar la posibilidad de serlo. Y que me entiendan, que me encanta no ser más que restos de cristales de sal atrapados por meteoritos que circularon por el cinturón de asteroides entre las órbitas de Marte y Júpiter hace miles de millones de años. Que me encanta soñar con Ceres y las salmueras que originó su actividad hidrovolcánica. Allí una explosión de material lanzado al espacio. Y el meteorito. Atrapándolo y trayéndolo. Hasta aquí. Hasta casa.

Y que me encanta ser eso. Y que eso no excluye a lo otro. Pero que, si tuviera que elegir dios, ni dudarlo. Yo elijo al taquión. Al dios Taquión.

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