«Nos dijeron que era hiperactiva; no supimos lo que tenía hasta los 17 años»

Nati Ruiz y Antonio Castrillo, padres de una niña con TEAF, impulsan una asociación de afectados en la Región

Javier Pérez Parra
JAVIER PÉREZ PARRAMurcia

La hija adoptiva de Nati Ruiz y Antonio Castrillo llegó al que desde entonces ha sido su hogar, en Murcia, con año y medio. Estaba algo baja de peso, una prueba de que sus primeros pasos por esta vida no habían sido fáciles, pero nada que no se pudiese arreglar con una buena alimentación y mucho cariño. Con el tiempo, fue dando muestras de hiperactividad, de cierta impulsividad. Los problemas comenzaron, sobre todo, a partir de los diez años.

«Le diagnosticaron un trastorno por déficit de atención» (TADH), recuerda su madre. Empezó a medicarse, y pareció que mejoraba «un poquito». Pero pronto surgieron nuevos síntomas. «Discapacidad mental leve, dislexia, discalculia, todos los 'dis' que existían, además de personalidad límite y afectación de la memoria de trabajo». Las cosas se fueron poniendo cada vez más complicadas en casa. La hija, ya preadolescente, «no obedecía, los castigos no funcionaban». «Nos enfadábamos muchísimo con ella, intentábamos que memorizase las cosas durante horas, y en la escuela, a partir de los diez años, fue terrible», recuerda Nati Ruiz. «Sufría 'bullying', acoso».

Pasaron siete años que fueron un auténtico calvario, hasta que hace varios meses Nati y Antonio, ya «desesperados», descubrieron en internet una página de familias afectadas por síndrome alcohólico fetal (SAF). «Leímos uno de los testimonios y nos dimos cuenta de que era un retrato de nuestra hija», recuerdan. Ahora, tanto ella como sus padres saben que lo que le ocurre no es fruto de una mala conducta, o de una educación mal orientada, sino de los daños neurológicos que se produjeron durante la etapa del desarrollo fetal fruto del consumo de alcohol por parte de su madre biológica. Por fin pueden abordar el problema de forma correcta, con los tratamientos adecuados.

«No hemos sabido lo que tenía hasta los 17 años», lamenta Nati. Ahora, y gracias al diagnóstico, vislumbran un futuro menos oscuro para su hija. «Estos niños son víctimas de nuestros malos hábitos; ellos no tienen la culpa, como tampoco la madre». Con apoyo y dándoles lo que necesitan, «son maravillosos, alegres, con un gran corazón. Tienen un don con los animales, tratando a niños pequeños, a personas mayores. Son buenos deportistas, o músicos, o pintores». Necesitan, eso sí, que la sociedad y la propia Administración estén más concienciadas. Entre otras cosas, para que Nati Ruiz no tenga que escuchar nunca más a una psicóloga del IMAS cuestionar la discapacidad de su hija. «Me dijo que no le gustaban las etiquetas y que la niña no tenía ningún problema, que solo necesitábamos a una súper Nanny». SEF Group Murcia tiene mucho trabajo por delante. El sábado participarán en unas jornadas sobre adopción para informar a los padres de los síntomas y características de este trastorno.

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