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La graduación de Viñales

Maverick Viñales.
Maverick Viñales. / Efe
  • Victoria del piloto español por delante de Dovizioso y Rossi

Muchas cosas dejó la carrera de Catar, una prueba de alta tensión desde el momento en el que la lluvia amagó con provocar la suspensión de la prueba inaugural de MotoGP. Una prueba que se retrasó y que se llevó hasta el límite temporal del riesgo: y es que en Losail los pilotos nunca quieren rodar a partir de las diez de la noche, por el efecto de inversión térmica que provoca una bajada de la temperatura y un aumento de la humedad que aumentan, y mucho la peligrosidad de la pista.

Un efecto que provocó una carrera extraña. Con caídas, como las de Crutchlow, Iannone y Bautista –con quejas por parte de sus directores de equipo, descontentos con la decisión–. O la de Zarco. El novato francés impactó en la categoría con una salida fulgurante que le llevó a liderar por sorpresa las cuatro primeras vueltas de las veinte a la que se disputó la carrera. Una escapada en la que rebasó el segundo de ventaja y que terminó con su Yamaha por los suelos, después de haber hecho la vuelta rápida de carrera. Las condiciones, también, variaron el plan del gran favorito, Maverick Viñales. «La verdad es que cuando se ha puesto a llover me he puesto nervioso», reconoció el que terminaría ganando en Qatar. «Lo tenía controlado para hacer mi ritmo, salir a carrera y dar mi ciento por ciento pero cuando ha empezado a llover han cambiado las cosas y la pista no estaba igual, derrapaba muchísimo, sobre todo el tren delantero, y por eso las primeras vueltas me las he tomado con calma».

Con Zarco, Márquez, Dovizioso y Iannone por delante, a Viñales le tocó respirar y elegir el momento preciso para apretar y acercarse con los de delante. Con Zarco y Iannone fuera, y Márquez con muchos problemas –«no estaba cómodo, seguramente habrá tenido algún problema», apuntó Viñales–, la pelea se centró en la poderosa Ducati de Dovizioso… y en Rossi. El italiano hizo una de las suyas. Casi descartado tras un gris invierno y unos pobres entrenamientos, sacó su versión de los domingos, esa de la que no se fían sus rivales. Ya lo dijo Márquez en el inicio del Gran Premio cuando metió su nombre, pese a todo, entre los rivales a tener en cuenta; algo que también hizo Viñales. «No sé qué pensar pero yo no lo sacaba de la carrera para nada porque sé que Valentino el domingo siempre da ese más», explicó sobre su compañero.

«Empezar la temporada con un podio siempre está bien», dijo un satisfecho Rossi, que celebró el tercero con los suyos como si de una victoria se tratase. «Venimos de un periodo complicado», aceptó tras unos meses en los que no ha sabido entender qué necesita la nueva M1, sobre todo con el nuevo neumático delantero de Michelin. El italiano se mantuvo por momentos en la estela de Dovizioso y Viñales, sobre todo aprovechando los siete adelantamientos entre los dos, aunque al final aceptó el tercero como bueno. Un podio que era el objetivo de Márquez, y al que no pudo llegar, principalmente por la mala decisión de cambiar el neumático delantero en la misma parrilla.

«Es de lo que más me arrepiento de este fin de semana», reconoció el de Honda. «La lluvia, el retraso y la bajada de la temperatura nos ha hecho dudar con el neumático. Iba a salir con el duro y Michelin nos ha dicho que era el único. Hemos dudado y nos ha entrado un poco el miedo. Por querer asegurar, hemos cambiado y después de cinco vueltas hemos destrozado el neumático delantero». Un error estratégico tras un fin de semana con mejores sensaciones que las de 2016, año en el que terminó como campeón.