La Verdad

FÓRMULA UNO | GP CHINA

Más pendientes de un helicóptero que de los coches

La niebla cubre el circuito de Shanghái.
La niebla cubre el circuito de Shanghái. / EFE
  • La meteorología en Shanghái devuelve a la actualidad la normativa a este respecto y algunos pilotos piden más flexibilidad

El primer día de trabajo fue una jornada perdida en el Gran Premio de China. Pilotos y mecánicos vieron cómo sus esfuerzos para llegar a la segunda cita del campeonato se iban por el desagüe, pero no tanto por la lluvia, sino por la niebla. Si durante la primera sesión de libres se rodó poco y mal por la lluvia, eso es algo que ya había aparecido en otras carreras. Mal conocido, endémico a una Fórmula 1 que tiene neumáticos de lluvia que no se atreven a usar esgrimiendo argumentos de seguridad.

Algo más serio, y que merece una mayor reflexión, es lo ocurrido en los segundos libres. Hora y media mirando al cielo, pese a que apenas chispeaba, dedicaron los pilotos y los fans. El motivo: la niebla. No salieron a pista para dar ni siquiera una mínima vuelta de instalación, pese a que la visibilidad, si bien reducida, no era lo suficiente como para que les preocupase lo más mínimo. La razón no tenía ni siquiera nada que ver con los coches, sino con otro vehículo: el helicóptero medicalizado.

La normativa de la Fórmula 1 es muy clara: para que una sesión se pueda disputar, sea libre o no, deben existir unas condiciones seguras de vuelo para que el helicóptero pueda trasladar a un herido a un hospital elegido en un radio a 100 kilómetros del circuito. Si dicho helicóptero no puede despegar o no puede aterrizar, la sesión no se disputará y los pilotos tienen prohibido salir del box. No es una cuestión baladí, ni mucho menos. A principios de los años 80, la Federación Internacional de Automovilismo (FIA) estudió y determinó de qué manera se podían mejorar las condiciones de seguridad de un deporte en el que ver morir a sus integrantes se había convertido en una macabra costumbre. Muchas de esas muertes se habrían evitado de existir un protocolo de evacuación rápido y eficaz en caso de accidente. Por eso, en 1986, aprobaron un reglamento muy estricto y a cumplir a rajatabla que, si bien evolucionado, aún hoy se mantiene en la Fórmula 1.

En cada gran premio deben estar presentes dos helicópteros, uno dentro del circuito y otro en las afueras. Cada uno cuenta con un médico, dos enfermeros y el piloto del vehículo. En caso de accidente, se activa el protocolo de actuación. Primero sale el coche de seguridad para reagrupar a los participantes no involucrados en el incidente y paralelamente se desplaza el coche médico donde está el delegado médico de la FIA, que actualmente es el doctor Ian Roberts, y anteriormente lo fue casi el legendario profesor Sid Watkins, que fue quien diseñó este sistema. Cuando este último vehículo llega al lugar del accidente, determina el estado del piloto afectado y, si los comisarios de la zona no lo han hecho antes, llama a una de las cuatro ambulancias que están estacionadas en los viales de los circuitos para que le evacúen inmediatamente al helipuerto.

De ahí debe salir el helicóptero, totalmente equipado para ser una UVI móvil hasta que ya en el hospital donde aterricen, intenten ayudar al accidentado. Toda esta operación se decide en cuestión de minutos, y las condiciones meteorológicas son determinantes: si el helicóptero no puede despegar, en caso de que sea necesario llevar a un piloto al hospital, este puede morir. Así de duros y de contundentes son los responsables de la FIA, y por eso en caso de que la niebla no permita despegar o aterrizar en el hospital, no se la juegan.

En Shanghái ocurrió algo muy poco habitual. El helicóptero podía despegar, pero el banco de niebla se desplazó a la capital, donde se encuentra el hospital seleccionado para llevar a un posible accidentado. De ahí lo irónico: los propios responsables de la FIA querían permitir la salida de los pilotos a pista, pero su propia normativa les ataba las manos.

Hamilton propone cambios

La situación hizo que los pilotos perdiesen hora y media mirando al cielo. Lewis Hamilton intentó hacer más interesante la espera a los fans chinos, y se llevó a dos compañeras del departamento de prensa de Mercedes, gorras en ristre, para lanzar a las gradas. Los aficionados se lo agradecieron muy alborotados, pero no habían ido al circuito para eso, sino para ver coches en pista.

Cuando acabó la sesión, Hamilton lanzaba varios tuits proponiendo no tanto un cambio de la normativa (todos los pilotos entienden la importancia del helicóptero médico), sino una profunda reflexión acerca del comportamiento de la competición en sí cuando la meteorología se convierte en actor participante de los grandes premios.

«Lo siento mucho por los que están viéndolo por la tele, o aquí en las gradas. Debemos encontrar una solución para tratar los problemas con la meteorología. Programa del sábado: tres sesiones de entrenamientos libres, clasificación el domingo por la mañana y carrera después. ¿Quién se apunta?», proponía el tricampeón del mundo en Twitter, consciente de que su posición es preponderante sobre otros. «En serio, esto podría ser una bendición en el fondo. Es una oportunidad para que los nuevos jefes sean proactivos y creativos», lanzaba el británico. La pelota está ahora en el tejado de la FIA.