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Experimentos, sustos y huidas: la inolvidable temporada 2016

Nico Rosberg celebra con su mujer la consecución del título.
Nico Rosberg celebra con su mujer la consecución del título. / Srdjan Suki (Efe)
  • La salida del campeón del mundo dejó en 'shock' a la parrilla tras una campaña que, pese a la lucha a dos por el título, dejó momentos para la historia

Dicen que el que se va sin que le echen, vuelve sin que le llamen. Por eso, hay quienes aún confían en volver a ver a Nico Rosberg subido a un Fórmula 1 a no mucho tardar. Sin embargo, a día de hoy, lo único seguro es que en la campaña 2017 no habrá (de nuevo) el coche número 1 en parrilla. El vigente campeón del mundo dejó huérfanos a los estadísticos que buscan en el bicampeonato la confirmación del más difícil todavía, de esa superación personal que todos los que han levantado el título más de una vez persiguen en la nueva campaña.

La marcha de Rosberg del campeonato donde luchó hasta los últimos instantes por el título fue la agridulce guinda de una temporada 2016 que dejó estampas imborrables. Se intentó cambiar lo que no estaba roto, algo que en mecánica suele ser contraproducente: el sistema de clasificación. El experimento duró lo justo para que pilotos, equipos, fans, periodistas e incluso federativos se pusieran en contra. Un quorum tan alto no se logra casi nunca, y esta vez sólo hubo que esperar unos pocos Grandes Premios para quitar ese cambalache de clasificación por eliminación que generó más bochorno que espectáculo.

El primer GP de la temporada ya dejó un susto importante, de esos que hacen contener el aliento a todos los aficionados al deporte, sea la Fórmula 1 o no. Fernando Alonso «gastó una vida», según sus propias palabras, al tener un fortísimo golpe en el GP de Australia al volante de su McLaren. Quedó volcado, salió por su propio pie y sólo con una costilla fisurada, algo que intentó tapar hasta que los médicos le obligaron a confesar que realmente le dolía hasta para respirar. En la siguiente carrera le sustituyó Stoffel Vandoorne, un nombre que los aficionados tendrán muy presente a partir de ahora: será el compañero de Alonso en 2017.

La culpa de ese cambio en el otro box de McLaren la tiene Jenson Button. El británico puso punto y final a su fructífera carrera en Fórmula 1, no sin reticencias, para dejar hueco, por fin, a los jóvenes que vienen apretando fuerte. A la tercera intentona, el campeón del mundo de 2009 se hace a un lado, algo que también iba a hacer Felipe Massa (lacrimógena y telenovelesca despedida en Brasil incluida), pero que quizá tenga que posponer un año más si se cumple el previsible efecto dominó que acabe con Bottas como sustituto de Rosberg, y él como relevo de su propio compañero.

Los jóvenes han despuntado en este 2016, pero con uno a la cabeza: Max Verstappen. El holandés está llamado a ser la gran estrella del futuro de la Fórmula 1, con permiso de los Vandoorne, Ocon y compañía. Duró en Toro Rosso una temporada completa y cuatro carreras de otra, en las que batió con relativa sencillez a Carlos Sainz, para dar el salto a Red Bull en lugar de un Daniil Kvyat que no convence a nadie. 'Mad Max', con 18 años y aún algunas secuelas de la pubertad, ya sabe lo que es ganar un Gran Premio. Lo hizo en España, en su primera carrera con un coche 'pata negra', y demostró a quienes le veían como el nuevo Ayrton Senna que, salvando las distancias, su irrupción en el campeonato puede ser similar.

Hamilton-Rosberg hasta el final

Aunque la presencia de los Red Bull despertó ligeramente el interés de la afición, el dominio de Mercedes ha sido, un año más, aplastante. 19 victorias de 21 posibles son la mejor demostración de que los cambios normativos de 2017 son una huida hacia adelante para una competición en declive de atención.

Ni la interesante pelea entre Hamilton y Rosberg ha frenado la sangría de espectadores, lectores y fans. Sólo la irrupción de un talento como el de Verstappen, o el de otros pilotos jóvenes como Carlos Sainz, cuya campaña 2016 le ha servido para ganarse el respeto de los más grandes (su nombre unido al de Mercedes es la mejor noticia que podía recibir), ha hecho que la balanza no decaiga definitivamente. Hamilton se queda como el rival a batir para los próximos años, después de haber claudicado con un Rosberg casi perfecto, que supo gestionar su ventaja al principio del año (cuatro victorias consecutivas) y al final (cuatro segundos puestos) que minimizaron las diez victorias del británico.

La retirada de Rosberg sólo cinco días después de ganar el Mundial es el mejor síntoma de una Fórmula 1 enferma. Si el campeón del mundo se conforma con ganar 'sólo' una vez, y la competición no le puede ofrecer nada que le atraiga, quizá es que deben plantearse una remodelación desde dentro. Ese es el gran reto de los nuevos dueños de la Fórmula 1, los estadounidenses Liberty Media, que han llegado con ganas de revolución. aunque el eterno Bernie Ecclestone siga como director del 'Circo'.