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Lewis Hamilton, el martillo de 2014

Hamilton (i) y Thomas Weber.
Hamilton (i) y Thomas Weber. / EFE
  • Sus números, y su edad, le sitúan entre los mejores de la historia y del futuro más inmediato de la Fórmula 1

Sus gritos por radio justo nada más cruzar la meta de Abu Dabi lo decía todo. Después de tanta lucha, de un año en el que ha tenido tan cerca al enemigo, por fin, Lewis Hamilton ha certificado su segundo campeonato del mundo con unas cifras de escándalo: once victorias y cinco podios más. Todas las carreras que ha finalizado en este 2014 (ha abandonado en tres por problemas mecánicos), las ha acabado con un baño de champán. Y no ha sido fácil: tenía a su gran enemigo íntimo al lado. Nico Rosberg ha sido posiblemente el rival más duro que se ha encontrado en Fórmula 1, quizá porque es uno de los pilotos que mejor le conocen. Sus vidas deportivas se han ido entrelazando en diversas categorías, y estaba escrito que acabarían coincidiendo ya no sólo en la Fórmula 1, sino en lo más alto del Olimpo.

Pero Hamilton ha sido y ha estado superior. Nunca antes había pilotado como este año: concentrado, fino, agresivo sólo cuando debía y conservador si así lo requería la mecánica. Dicho de otro modo, ha patentado una nueva forma de conducción, llamada ‘Hammer Time’. Aquellos ojos inyectados en sangre que se le ponían en sus primeros años en Fórmula 1 parecen haberse calmado. Ahora es un piloto que disfruta dentro y fuera de pista, que ya no va a buscar al profe para chivarse de que le ha pellizcado su compañero de pupitre. Ahora sabe esperar, ver, sonreír y mantener el paso. Ahí también ha ganado a Nico Rosberg, que se ha descubierto como un piloto mucho más pícaro o sucio, según el prisma con el que se vea, de lo que nadie esperaba. Para el recuerdo queda lo ocurrido en Bahrein, una de las luchas rueda a rueda más espectaculares y limpias que se han visto en las últimas décadas, pero también las acciones de Rosberg en Mónaco o Hungría, o lo ocurrido en Spa. Agua pasada ya no mueve molinos, y asfalto pisado ya no vuelve a pisarse.

Lo cierto es que en la escuadra alemana Hamilton ha encontrado su casa, pero como en cualquier hogar con más de un niño, hay disputas entre los hermanos. El papel que han adoptado Niki Lauda y Toto Wolff, sobre todo el veterano tricampeón del mundo, casi de padres con sus rebeldes vástagos y, vistos los resultados, con éxito total. Mercedes ha salido casi sin heridas de la lucha interna que a punto estuvo de dinamitar un trabajo casi perfecto. La escuadra germana cumplió con lo que debía: fabricar un coche claramente ganador, el W05, que ya ha entrado en letras de oro en los libros de historia por la perfección absoluta que han logrado. Siempre ha habido, al menos, una de las flechas plateadas en el podio de cada una de las 18 carreras de este año, y sólo en una carrera, Hungría, no pisaron al menos uno de los dos primeros cajones del podio.

La madurez de Hamilton

Hamilton celebra su victoria en Abu Dabi.

Hamilton celebra su victoria en Abu Dabi. / Reuters

Cuando Lewis Hamilton salió del nido de McLaren en dirección a Mercedes, muchos dudaron de que fuera una buena decisión. ¿A qué venía dejar el equipo donde se había criado deportivamente? En McLaren era el líder absoluto, pero algo debió ver -aparte del suculento cheque de Mercedes- para salir de su zona de confort y arriesgarse a sustituir, ni más ni menos, que a un Michael Schumacher que volvía a jubilarse. Formó equipo con su viejo amigo Nico Rosberg, aunque la relación entre estos dos vecinos en Mónaco parece rota del todo. El deporte, y mucho más el automovilismo en el que para ganar uno tiene que perder otro, tiene la misma capacidad para unir como para romper amistades.

Además, Hamilton ha conseguido ganarse definitivamente el respeto de la siempre exigente afición británica. Esta temporada, Hamilton ha alcanzado y superado progresivamente las históricas marcas de Jim Clark, Jackie Stewart y Nigel Mansell, con lo que se ha convertido en el piloto con más victorias bajo la bandera de la Union Jack. Como el británico con más victorias de la historia de la Fórmula 1, Hamilton asume a partir de ahora una responsabilidad histórica con los fans más exigentes -que se lo cuenten a Button- del mundo.

Lewis Hamilton ya es el séptimo bicampeón del mundo de Fórmula 1. Se une al club compuesto por Alberto Ascari, Jim Clark, Emerson Fittipaldi, Mika Hakkinen y, por supuesto, Fernando Alonso. Precisamente su ex compañero en McLaren será uno de sus grandes rivales hacia el próximo reto: el tricampeonato. Ambos competirán en mayor igualdad de condiciones a partir de la próxima temporada, lo que es una garantía absoluta de espectáculo.