La Verdad

Imagen de la prueba de 2002, de las primeras multitudinarias.
Imagen de la prueba de 2002, de las primeras multitudinarias. / P. Sánchez / AGM

«En el 81 éramos bichos raros»

  • Atletas veteranos recuerdan los complicados inicios de la carrera de fin de año

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«Se reían de mi, se burlaban y me señalaban por la calle cuando me veían correr en pantalón corto. Me daba igual, eso sí. Estoy hablando de mediados de los años 80». Habla Tomás Cerezo, de 72 años, uno de los corredores populares cartageneros en activo de mayor edad. Él participó en las primeras carreras de San Silvestre de la ciudad portuaria. «Éramos bichos raros. En el 81 y en el 85. A Tentegorra subíamos tres y yo he tenido compañeros a los que han insultado por ir corriendo por la calle en pantalón corto. '¡Gandul, ponte a trabajar en vez de perder el tiempo en ir con el pantalón corto por ahí!', les gritaban algunos», añade Paco Morales, de 60 años. Los dos conocieron muy bien los precarios inicios de la San Silvestre cartagenera, que este sábado llega a su 35ª edición aunque realmente son ya 37 los años que hace que empezó a celebrarse en Cartagena.

«Si hace 35 años me hubieran dicho que hoy íbamos a tener esta fiebre por el 'running', jamás lo hubiera creído. Hemos pasado de la nada al todo», confiesa Morales, comandante enfermero destinado durante tres décadas en la Jefatura de Sanidad del Arsenal Militar. Y fue presidente del Club Marathon Cartagena durante muchos años. Ahora es un corredor popular más. «Y estoy en la reserva», añade.

«Yo llevo corriendo 35 años, pero las tres o cuatro primeras carreras de fin de año de Cartagena me las perdí porque estaba destinado en Canarias. Cuando vine aquí, sí que me fui apuntando cada año y las corrí todas. Recuerdo que éramos pocos y que todo era bastante precario. Se pagaba una inscripción que al principio era de 300 pesetas y acabó siendo de 500. Te daban un trofeo solo por participar y recuerdo que al llegar a meta tenías que quitarte el dorsal de papel que llevabas y lo clavabas en un pincho. Así se hacían las clasificaciones, sin reparar en categorías. Y el crono era muy subjetivo. Llegabas a meta, te parabas, esperabas turno para pinchar tu dorsal y entonces te tomaban el tiempo», cuenta Morales sobre los inicios de la San Silvestre.

Cerezo subraya que «los mejores amigos los he hecho en este mundillo. Empecé a correr con 38 años y al principio solo participaba en la San Silvestre de Cartagena. Luego fui conociendo gente e hice siete maratones antes de que en Murcia se organizara uno. El primero fue el de Lorca, en 1985. Sin apenas prepararlo, lo corrí en 4 horas y 27 minutos. Luego ya fue la locura. Yecla, Pinoso, Crevillente, Orihuela, Benidorm, Santa Pola... Hemos ido a un sinfín de carreras populares. Y sigo participando en las que puedo. Hice la última Ruta de las Fortalezas en ocho horas», dice con orgullo.

Tapicero y atleta

No obstante, Cerezo, que regentó durante tres décadas una tapicería junto al campo de fútbol de Ciudad Jardín, guarda grandes recuerdos de sus inicios. «En las primeras San Silvestre éramos cuatro gatos, y casi todos eran militares. Cuando yo decía que era tapicero y que a las ocho de la tarde, cuando cerraba mi negocio, para entrenarme le daba 40 vueltas a mi manzana [en la zona del parque de la Rosa], me decían que era un caso único. Los militares me admiraban y me respetaban. Aún sigo corriendo. Los sábados hago más de 20 kilómetros y hoy [por ayer] he hecho 16. He tirado hasta Cala Cortina y he vuelto por la chimenea de Peñarroya. Tengo 72 años, pero me encuentro muy bien», señala.

Pasados los 50 años, su entrenamiento de los domingos de verano consistía en ir corriendo desde Cartagena a Mazarrón, Cuestas del Cedacero incluidas. «Mi mujer se iba en coche y me esperaba en Isla Plana, donde tiene casa una hermana suya. Hacía más de 30 kilómetros en 2 horas y 45 minutos. He disfrutado siempre en carreras populares y en los entrenamientos del día a día, por mucho que me vieran como un tipo raro. Hoy en día, veo a tantas mujeres corriendo por Cartagena y es una auténtica maravilla», se congratula.