La Verdad

Golpes para tumbar los clichés

La cantera. Yadira de Paco, Naiara Arroyo, Luis Fernández, Manuel Castaño, Lionel Ruiz y Manuel Chacón, miembros de la escuela del Club Boxeo Cartagena, ayer en la Piscina Municipal.
La cantera. Yadira de Paco, Naiara Arroyo, Luis Fernández, Manuel Castaño, Lionel Ruiz y Manuel Chacón, miembros de la escuela del Club Boxeo Cartagena, ayer en la Piscina Municipal. / Antonio Gil / AGM
  • El Club Boxeo Cartagena, que ya tiene medio centenar de púgiles de entre 8 y 18 años, logra que este deporte resucite en la ciudad y se sacuda todos los prejuicios

Llueve en la calle por fin y, tras muchos meses de calor, empieza a refrescar. Pero dentro, en la zona más alta de la pista principal de la Piscina Municipal, el sudor lo empapa todo. Es miércoles. Y es 19 de octubre. Pero aquello es un horno. «No tenemos otra cosa. Es lo que nos dejan y aquí nos apañamos como podemos», alega José Rodríguez, un pontevedrés de 55 años que fue boxeador de los buenos cuando vivía en Barcelona, en tiempos de Adolfo Suárez como presidente, y vino a hacer la mili a Cartagena en 1982. Como tantos otros, aquí se quedó. Siguió boxeando y, ya en Cartagena, logró ser campeón nacional amateur. «Cuatro mil personas vinieron a ver un combate al Pabellón Central», recuerda. La cosa fue a menos, pero él no se bajó del ring hasta los cuarenta y muchos. Finalmente, hace una década decidió colgar los guantes.

«Cartagena fue buena plaza de boxeo en los años 80, con Paco Trujillo moviendo mucho este deporte en toda la comarca. Pero todo se perdió al inicio de los 90 y hemos estado más de 20 años sin nada. Estaba cansado de que en esta ciudad no se pudiera practicar boxeo y en 2013 di el paso que llevaba un tiempo queriendo dar. Yo solo, sin ayuda de nadie, me tiré a la piscina y fundé el Club de Boxeo Cartagena. En tres años hemos conseguido tener entrenando con nosotros a cerca de 50 chicos y chicas de entre 8 y 18 años. Entrenamos tres días aquí [en la piscina de Wsell de Guimbarda] y dos días en el pabellón municipal de La Unión. La cuota mensual es de 25 euros y tenemos de todo, desde los que vienen simplemente a perder peso y mantenerse en forma hasta los que compiten», explica Rodríguez, ayudado de forma altruista en su tarea diaria por Fernando Arroyo y Lorena Rodríguez, cuyos hijos -Pedro y Naiara- son miembros del club.

«Se nos puede llamar monitores. De tanto ver entrenamientos, algo se nos ha pegado del maestro [en referencia a José Rodríguez]», suelta Arroyo mientras bebe un poco de agua. «Es un calor insoportable el que hace aquí, ahora y casi siempre», insiste. Abajo está la piscina climatizada y, a pesar de las reformas y mejoras llevadas a cabo en la instalación, allí arriba la temperatura es infernal. A Carlos Fernández, un junior de 15 años en el que están puestas todas las esperanzas del club, eso le da igual. No le pone pegas a nada. Es de los que compite. Y va por el buen camino. El pasado verano debutó en un Campeonato de España y «casi todos los combates que hace por aquí los gana», dice Rodríguez, su entrenador. «Puede llegar lejos», añade.

Todo el día entrenando

Mientras se seca el sudor con una toalla, el chaval, vecino del cercano barrio de Las Seiscientas, confiesa a este periódico que vive por y para el boxeo. «He dejado los estudios y toda mi vida la hago enfocada a este deporte, que me encanta desde que era un crío pequeño. Por las mañanas hago gimnasio y trabajo específico [muchos días va al CAR de Los Narejos donde está el centro de tecnificación de la Federación Española] y las tardes las paso aquí, entrenando con mis compañeros del club», dice Fernández.

A su lado, asiente su amigo y vecino José Castro, de 16 años. «Él lleva un año y medio y yo empecé hace cinco meses. Fui yo solo el que me fui aficionando al boxeo de tanto verlo a él en el ring. Todavía no compito, pero me gustaría meterme en competición federada y participar en combates, aunque sea solo por la zona de Murcia y Alicante». Su amigo va más allá. «Estos dos años de junior son muy importantes en mi formación, pero realmente no se sabe si un boxeador va a llegar lejos o no hasta los 23 o 24 años. Lo que más me gusta del boxeo es la táctica y la inteligencia. No gana el más alto ni el más fuerte, sino el que mejor se mueve y piensa mejor. Es un deporte que te engancha y que te exige mucho. Yo ahora mismo me paso todo el día entrenando, trabajando y pensando en boxeo. No tengo tiempo para otra cosa», reconoce Fernández.

Siempre ha tenido mala prensa, especialmente en las ciudades. El boxeo ha estado demonizado y los clichés negativos que a menudo le han acompañado aún permanencen instalados en buena parte de la sociedad. «Yo vivo en Cartagena y estudio Administración de Empresas. Empecé en septiembre y mis amigos me decían que estaba loca. Que cómo me iba a meter en un ambiente así. Pero lo que he encontrado aquí es una familia, gente muy sana que viene a hacer deporte, unos solo a perder peso y mantenerse en forma sin aburrirse como me pasaba a mí en el gimnasio y otros con la idea de ponerse los guantes y meterse en el ring. Lo del ambiente turbio en el gimnasio, la mala gente y los malos rollos son cosas de las películas americanas», aclara Karla García, de 20 años, una de las últimas en llegar al club.

Sin ring

Angy Fernández, también de 20 años, es otra de las chicas que cada tarde hacen cinta, golpean al saco y se divierten pegando a la pera. A diferencia de García, a ella «quizás» más adelante sí que le gustaría «probar en un ring y hacer algún combate». El principal problema que tienen es que ni en la piscina de Cartagena ni en el pabellón de La Unión, los lugares en los que entrenan, cuentan con un ring. «Los medios son muy precarios. El primer año, en la concejalía nos dieron una pequeña subvención. Pero en los dos últimos años no hemos recibido nada. En las competiciones nos desplazamos en coche y la gasolina la pagan los padres. Todo lo que hay aquí lo he comprado yo. Y sí que nos gustaría, por ejemplo, contar con la ayuda del Ayuntamiento que tienen nuestros amigos del Koryo de Torre Pacheco», resume Rodríguez.

Mientras habla con este periódico, a su alrededor revolotean algunos de los púgiles más pequeños del club. Manuel Chacón, Manuel Castaño, Lionel Ruiz y Luis Fernández, de 10 años, quieren boxear ya. Todavía es pronto. «Ningún niño empieza a boxear hasta que está preparado. Y luego es el padre o la madre el que decide. Y si entra al ring, lo hace con una máscara protectora especial que le cubre toda la cabeza», señala Rodríguez, quien cita a los jóvenes Sergio Menchón, Jesús González, Cristian Baños, Naira Arroyo y Yadira de Paco como ejemplos de que el boxeo en Cartagena «ahora está en pleno auge».