La Verdad
Practicar con cabeza. En la del palo reside buena parte del exitoso vuelo de la bola; en la del jugador, interiorizar un aprendizaje más eficiente.
Practicar con cabeza. En la del palo reside buena parte del exitoso vuelo de la bola; en la del jugador, interiorizar un aprendizaje más eficiente. / Mª J. P.

«Es el propio jugador quien se encarga de complicar el 'swing'»

  • 33 años de experiencia como maestro del golf avalan las palabras del profesional Antonio Parrón

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«El 'swing' es mucho más sencillo. Somos nosotros -refiriéndose al jugador de golf- los que nos encargamos de complicarlo». Así de sencillo y de crudo. Quien hace esta afirmación es el profesional Antonio Parrón, maestro de golf en Altorreal (Molina de Segura, Murcia) desde hace 14 años y con más de tres décadas a sus espaldas en la docencia de este deporte.

Una afirmación que constata día tras día, al ver cómo muchos golfistas 'amateurs' se encargan de practicar en el 'driving range' un 'swing' incorrecto. Muchos de ellos, merecedores de elogio por su tenacidad para tirar varios cubos de bolas pero, lamentablemente, para «seguir perfeccionando su fallo», afirma Parrón. A pesar de que el 'swing' de cada uno es diferente, la necesidad personal de resultados óptimos en un periodo de tiempo corto incentiva al jugador no profesional a poner en práctica el consejo rápido de un amigo, lo que lee aquí y allá gracias a las nuevas tecnologías y, lo visionado en algún vídeo de YouTube «o lo que nuestra propia mente nos dicta para intentar solucionar golpes con pensamientos propios». Parrón avisa: «La probabilidad de acertar... es muy pequeña».

El maestro pone un ejemplo de una corrección habitual que se hace a sí mismo el 'amateur': «El jugador apunta a la izquierda y hace un 'swing' a la izquierda de la línea. ¿Sabes cuál es la única razón de ese 'swing'? Que anteriormente la cara del palo le llegaba abierta y, como consecuencia de ello, la bola hacía efecto a la derecha». Es decir: «De manera errónea el jugador, por instinto, 'corrige' su fallo». (Sea honesto lector, ¿no le ha sucedido a usted? ¿No ha compensado así el efecto a la derecha?).

No hay atajos

Para crecer en el golf hay que ser consciente de que tratamos con un deporte muy técnico, en el que no hay atajos. Y la figura del maestro, del profesor de golf, es indispensable en el acierto de ir construyendo un 'swing' sólido. Escuchar de él respecto, por ejemplo, al anterior caso expuesto que, «sencillamente debemos conseguir que la cara llegue cuadrada con respecto a la línea del objetivo». Porque la bola a lo único que responde es a cómo está la cabeza del palo en el momento del impacto (cara, línea y ángulo).

La gratificación de solucionar con acierto un fallo y no resolverlo con otro error mejorará notablemente nuestro juego. Hay quien se escuda al ver cómo su juego se estanca inexorablemente por tirar de soluciones 'caseras' -otra vez nuestra mente 'ayudándonos' a salvar una situación incómoda- en: 'No, si yo solo salgo al campo por darme un paseo. Es que me han recomendado andar'; o'Yo ya me lo paso bien así, si en realidad la bola hace lo que quiere'.

No hay jugador profesional que no siga revisando su 'swing' contando con el consejo apropiado de otro profesional. El 'amateur' parece ir por libre en este aspecto. «Hay que ser consciente de que partimos de que en el 'swing' tenemos una zona de impacto muy pequeña. Que el palo, desde que inicia el recorrido hasta que golpea, se mueve seis metros y que va a una velocidad de 70 o 100 kilómetros por hora. Y además, por si fuera poco, se mueve todo el cuerpo. De ahí que no sea fácil repetir la misma posición de la cabeza del palo en el impacto».

Una sencilla solución

El jugador de golf está habituado a dar una clase al mes y, muy de vez en cuando, para sumar conocimientos a su 'swing'. Parrón, en cambio, es de los que aboga por una fórmula diferente de dar clase. Se trata de que el jugador vea a su profesor de forma más regular (una vez por semana, por ejemplo), «pero de manera mucho más eficiente. Hablamos de resolver lo que detectamos en el 'amateur' en un periodo de unos 15 minutos, porque en realidad no necesitamos mucho más tiempo para 'recetar' soluciones», aclara con honestidad Parrón.

Su fórmula es sencilla: poco tiempo y menor esfuerzo a un precio razonable, para conseguir un resultado inmensamente más satisfactorio. «En realidad dar una hora de clase es mucho tiempo y es menos rentable para el jugador tratándose de un deporte que precisa revisión». Con su manera de entender la enseñanza -menos tiempo pero de manera más permanente- Parrón considera que su trabajo es más eficiente con el jugador. «Consigo mayor atención del 'amateur' sobre el trabajo que estamos realizando y, el seguimiento que se hace con él sobre su 'swing', supone estrechar una relación y una confianza que dan resultados».

Esta manera de trocear el tiempo, 15 minutos semanales a lo largo de un mes por el mismo precio de una hora de clase mensual, ya la ha puesto en práctica en Golf Altorreal con algunos alumnos. Los resultados en la mejora del juego y de hándicap de los mismos dan fe de que se progresa mejor manteniendo un contacto habitual con el profesor de golf, sin que ello suponga tirar de bolsillo. «Al final no son 15 minutos, estás más en realidad, pero el compromiso de ambos por mejorar de forma adecuada es muy gratificante. Ambos nos damos cuenta, profesor y alumno, de que no se malgastan los entrenamientos, que son más productivos, sin interferencias de consejos que te hagan retrasarte en tu aprendizaje o evolución».

La confirmación

Daniel Gallego es uno de esos alumnos. Lleva casi tres años en el golf. Deportista desde los 8 años, se enganchó a este deporte en Murcia. «Siempre he tenido claro que en el deporte hay tres cosas que no puedes dejar pasar: entrenar, jugar y contar con un profesional al lado». Parrón es su guía. «Y funciona el vernos de manera continuada. Antes lo hacíamos cada 15 días; ahora una vez a la semana y estoy muy contento. El año pasado me puse de meta bajar hándicap y ya estoy en 15. Este año voy a por el 10», y continúa afirmando Gallego: «Este no es un deporte para autodidactas, aunque a la gente le cuesta emplear la lógica. Si Tiger es tan bueno... con grabarse y corregirse a sí mismo le valdría, ¿no? Pues no es así».

El 'amateur' debe aprender a interiorizar que las correcciones deben ser individualizadas, porque cada uno cuenta con una complexión, edad, flexibilidad, etc., que lo hace diferente a otro, que no sirven de nuevo los atajos, sobre todo si son inadecuados. Parrón pertenece a la escuela de John Jacobs, su referencia desde que en 1987 lo conoció. «Me impactó su enseñanza. Tan sencilla como que hay que simplificar el 'swing' de golf». Ahora Parrón quiere simplificar su aprendizaje a través de clases más óptimas, reduciendo tiempo y minimizando recursos.

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