La Verdad

crisis azulgrana

Los líderes del Barça intentan frenar la crisis

Luis Enrique Martínez, entrenador del Barcelona.
Luis Enrique Martínez, entrenador del Barcelona. / AFP
  • Nunca hubo fe ciega de los jugadores en Luis Enrique, ni ganando títulos, y tampoco tras el 4-0 en París la desconfianza es absoluta

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El Barça todavía intenta asimilar el 4-0 que le endosó el PSG en la ida de los octavos de final de la Liga de Campeones, un resultado que, salvo milagrosa remontada en la vuelta, le deja prácticamente fuera de la competición europea con una imagen muy triste que invita a pensar en una de esas crisis que históricamente pasan una factura devastadora en el club azulgrana. Como suele suceder en estos casos, ahora todo el mundo (entorno, medios de comunicación, tertulianos…) sabía desde hace semanas que en el vestuario azulgrana había problemas entre los jugadores y Luis Enrique, un cisma que se resume en la ruptura en la confianza mútua y en una falta de comunicación.

Sin embargo, la misma artillería que ahora descubre todos los males internos, que existen, también estaba preparada en las dos primeras temporadas de Luis Enrique en el banquillo del Barça. Pero, superada la crisis de Anoeta en enero de 2015 y el bache de resultados tras el KO ante el Atlético en la Liga de Campeones 2016, no llegó ese momento humillante ideal para disparar. Ahora sí ha ocurrido.

Jugadores descontentos por la forma de jugar siempre los ha habido. Enfadados por tener pocos minutos, también. Irritados por el trato técnico, igual. Mosqueados porque ven un menosprecio a un compañero, como ahora sucede con Rakitic, tampoco es nuevo. Pero no solo con Luis Enrique. Todos los entrenadores recientes del Barça han pasado por esas cosas, incluso Pep Guardiola en su mejores momentos con casos como los de Eto’o, Touré, Ibrahimovic, Hleb, Bojan, Cesc Fàbregas… El problema principal que hay ahora es que la plantilla sabe, o intuye con poco margen de equivocarse, que Luis Enrique no va a renovar. Y en los últimos meses de un técnico en un club con muchos egos cuesta más mantener la fidelidad en una idea o en una persona que ha sido muy exigente. Guardiola puede escribir un libro sobre sus últimos seis meses en el Barça en ese sentido.

Sergio Busquets, Iniesta y Piqué fueron los primeros en ir a muerte con Luis Enrique y defender su apuesta por un fútbol más directo para ser menos previsibles sin olvidar la esencia. Pero ahora que el elogiable concepto inicial se ha pervertido hasta conllevar la desaparición de una forma de jugar reconocible por la dependencia hacia un tridente descolgado, los tres canteranos y guardianes del ADN también serán los primeros en reclamar un regreso al origen. Busquets comenzó a hacerlo en público tras el partido del Parque de los Príncipes, reconociendo la superioridad táctica del PSG y su mejor preparación del encuentro, lo que viene a ser el primer palo de un jugador a Luis Enrique en sus tres años como técnico.

Por su experiencia, también saben que en el Barça las debacles nunca vienen solas y por eso los tres citados fueron los instigadores el miércoles de una reunión de la plantilla en privado, sin el cuerpo técnico, para intentar hacer un frente común hasta final de temporada. Al fin y al cabo, el equipo azulgrana optará seguro a un título al estar ya clasificado para la final de Copa y quién sabe si podrá presionar al Madrid en una Liga que los de Zidane tendrán que alternar con el desgaste de la Liga de Campeones, si no hay sorpresa en Nápoles. Van a seguir al lado de Luis Enrique. No es tan difícil. Como los jugadores no fueron ‘colegas’ íntimos del técnico en los buenos momentos (ocho títulos de diez disputados todavía), tampoco les costará convivir unos meses más aunque se consumara la eliminación europea. El premio puede ser una Copa, que habrá que ganarle al Alavés quién sabe con qué estado de ánimo, e incluso una Liga si se recupera la regularidad y el nivel competitivo. Vale la pena hacer piña.