La Verdad

CRÓNICA

Pasión sin propina

Armando se tira al suelo para taponar un disparo de Rivero. Al fondo, Benito observa la acción también desde el suelo.
Armando se tira al suelo para taponar un disparo de Rivero. Al fondo, Benito observa la acción también desde el suelo. / Vicente Vicéns / AGM
  • El Cartagena pone las ocasiones en un derbi igualado y de poca calidad, en el que el Murcia huye del cuerpo a cuerpo

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Vayamos al grano. El derbi lo tuvo todo en unos días previos preciosos y un domingo mágico en las dos principales ciudades de la Región, donde un partido de Segunda B desató una locura de Primera División. Lo tuvo todo, menos lo principal: el fútbol. La semana fue fantástica, especialmente en Cartagena donde su afición despertó definitivamente y se pareció muchísimo a la de los dos años con Juan Ignacio Martínez en el banquillo en Segunda A. Los periódicos, las radios y las teles se llenaron de derbi. Una bendición para dos clubes que las pasan canutas en la Segunda B de los Villanovense, El Ejido, Sanluqueño, La Roda, Mancha Real y compañía. Ojalá todas las temporadas hubiera dos partidos como el de ayer en Nueva Condomina. Las dos ciudades, especialmente la portuaria, vibraron desde el lunes hasta el domingo. Y el ambiente, espectacular y sano durante toda la jornada, recordó a los que se viven en muchos partidos de Primera División. Todo salió redondo. Menos lo del fútbol.

Porque el espectáculo fue muy pobre, como queriendo recordarnos a todos que aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Y que por mucho que todos nos empeñemos en resaltar la grandeza de un partido así, al final los 22 que juegan son futbolistas de Segunda B. Pueden ser de lo mejorcito de la categoría. Y algunos lo son. Pero son de Segunda B. Y eso es por algo. Si a eso se le suma el miedo a perder y el pánico a cometer errores, que siempre van en el sueldo cuando se compite en un derbi, el resultado fue lo que vimos ayer en Nueva Condomina: un encuentro que solo tuvo la emoción que siempre va de serie en un derbi entre Murcia y Cartagena.

Mejor no andarse con rodeos. La primera parte fue un tostón infame en la que no sucedió nada destacable en las áreas. El Murcia no quiso batalla, huyó del cuerpo a cuerpo, regaló la pelota al Cartagena, esperó replegado en su parcela y buscó el contragolpe, especialmente con el habilidoso Titi por la derecha. Forzó algunos saques de esquina en los que Golobart metió el miedo en el cuerpo a los visitantes. Y eso que no llegó a rematar. Pero solo ver por la zona de remate al gigante grana daba pavor.

En el Cartagena aparecía mucho Rivero (buena cosa), pero sobre todo era para recuperar balones y dar pases horizontales. Sin embargo, el pase definitivo, el que rompe líneas y mete en problemas a los zagueros rivales, nunca llegó. Casi lo vemos a la media hora de juego, cuando Sergio García le había ganado la espalda a Morante y Golobart, pero este último cortó el balón en el último instante. Juanlu Hens y Chus Hevia no conectaban, por lo que Monteagudo cambió de plan sobre la marcha. Puso a Sergio García de delantero centro, con el objetivo de romper con su velocidad a los centrales murcianistas. Colocó a Chus Hevia por detrás del zamorano. Y echó a la banda a Juanlu Hens, donde el cordobés se perdió definitivamente.

El recital de Jesús Álvaro

En una arrancada de Jesús Álvaro, colosal ayer, llegó el primer aviso de los albinegros. La jugada se fue ensuciando poco a poco y aún no se sabe cómo, pero acabó con Chus Hevia delante del meta Rivas. Paris Adot se cruzó de manera milagrosa y evitó el tanto del asturiano. Tras un chut a la media vuelta de Armando, en el que Limones tuvo que ir al suelo para blocar la pelota por primera y última vez en toda la tarde, llegó una doble ocasión visitante en el último minuto del primer periodo. Hevia se fue al suelo y rebañó un balón que se perdía, con el meta Rivas fuera de su portería. Pasó hacia atrás y Juanlu no supo acabar la jugada. Tras una serie de rechaces, un centro de Sergio García acabó con un testarazo del propio Juanlu que se marchó desviado.

La segunda parte fue otra cosa. Fundamentalmente porque era imposible que fuera peor que la primera. Ni siquiera igual. No podía ser. En la primera jugada de relevancia (minuto 46), Jesús Álvaro dio un gran pase a Sergio García y, por fin, el zamorano se plantó solo delante del meta Rivas. Tuvo tiempo para pensar. Pudo haberlo regateado e incluso buscar una vaselina. Quiso asegurar y su remate raso lo sacó el portero local con la pierna. Fue, sin duda, la ocasión más clara del partido.

Aunque Cristo lo intentó poco después con un derechazo que atrapó Rivas, los de Monteagudo acusaron el golpe anímico de esa clara ocasión desperdiciada por Sergio García. Y estuvieron un cuarto de hora apagados, siendo incluso superados en intensidad por un Real Murcia que solo generó peligro a balón parado. Un libre directo de Isi que iba a la escuadra y sacó Limones y un remate con el tacón de Golobart en un córner botado por Armando hicieron que la hinchada local entrara en ebullición. Para entonces, Sergio Jiménez ya se había marchado del terreno de juego con el tobillo hecho fosfatina tras una dura entrada a destiempo de Golobart en el primer tiempo.

Un par de escaramuzas de Sergio García, olvidado ya su gol que no fue, y un libre directo en el que Rivero quiso sorprender a Rivas volvieron a pintar el partido de blanco y negro. Y los últimos 20 minutos fueron un monólogo visitante. A lomos de un desatado Jesús Álvaro, recordando al Marcelo más decisivo del Real Madrid, el Cartagena fue dando sustos. Ya no quería truco. Ni tampoco trato. En el primero, Arturo no conectó bien un remate de Sergio García y Rivero no cazó la pelota de milagro. Ya en el minuto 89, Arturo le hizo pupa a Golobart, quien tuvo que derribarlo al borde del área. En la falta, un penalti con barrera, Óscar Ramírez sorpendió con un misil centrado que Rivas se quitó de encima como pudo. Y en el córner posterior, Gonzalo Verdú, solo en el segundo palo, remató demasiado picado y el balón se fue por encima del larguero.