«La definición de excelencia era Fernando Pérez Serrano»

El teniente Fernando Pérez Serrano, en 2012, en lo más alto de un C-101 (1ºi), con sus compañeros de promoción de la AGA./Cedida
El teniente Fernando Pérez Serrano, en 2012, en lo más alto de un C-101 (1ºi), con sus compañeros de promoción de la AGA. / Cedida

'Fer', como le conocían cariñosamente en la AGA, fue el número uno de su promoción y campeón nacional de pentatlón

JORGE GARCÍA BADÍA y ALICIA NEGREMurcia

Cada trimestre tenían que enfrentarse a las pruebas de aptitudes físicas de la Academia General del Aire (AGA) de San Javier sabedores de que 'Fer' arrasaría en los mil metros. «Tenía el récord de nuestra promoción», recordaba ayer con cariño el jefe de Comunicación de la Base Aérea de Alcantarilla, el teniente Jorge Mora Raimundo, amigo y compañero de Fernando Pérez Serrano en la LXV promoción del Cuerpo General del Ejército del Aire. «Era el más completo de todos; el mejor en aptitudes militares, en destrezas de instrucción, en estudios, en deportes...».

'Fer', como le conocían cariñosamente en la AGA de San Javier, en la que ingresó en 2009, acabó convirtiéndose en 2014 en el número uno de su promoción, lo que le valió la Cruz del Mérito Aeronáutico. «Dios se esmeró con él», resumía el teniente Mora sobre la condición física del teniente Fernando Pérez Serrano, de 26 años. De hecho, fue campeón nacional de pentatlón militar aeronáutico. «También fue condecorado en una marcha que organizaba el Ejército holandés en la que recorrió 160 kilómetros, en cuatro días, con el uniforme y una mochila que pesaba diez kilos».

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En las instalaciones militares sanjaviereñas era habitual verle por el gimnasio, todo ello sin descuidar los estudios. «Nunca paraba, siempre tenía ganas de mejorar y mientras estudiaba en la AGA se sacaba a distancia un grado de Ingeniería Aeroespacial, Aeronáutica y Astronáutica». El teniente Mora concluye que «la definición de excelencia era Fernando Pérez Serrano».

Su muerte ayer en un accidente de aviación en la Base Aérea de Torrejón de Ardoz (Madrid) fue un mazazo para sus familiares en Murcia, donde reside su abuela materna. «Era muy cariñoso», subrayaba apenado un familiar. Sus primeros años de vida los pasó en la Base Aérea de Alcantarilla, donde estuvo destinado su padre, Fernando Pérez Nicolás, primero como teniente, luego como capitán y, finalmente, de 1989 a 1993, como comandante de la entonces denominada Escuadrilla de Zapadores Paracaidistas del Ejército del Aire (Ezapac).

«Cuando nació, vivió con sus padres en un dúplex de la base». A pesar de que «se fue de Alcantarilla con unos tres años», cuando destinaron a su padre en la Guardia Real en Madrid, «nunca dejó de visitarnos».

Su periplo formativo por la AGA, de 2009 a 2014, le permitió aumentar la frecuencia de las visitas a sus familiares murcianos. «Era muy buen crío». En esos años compartió coche en más de una ocasión con el teniente Mora para desplazarse de San Javier a Madrid «a disfrutar de algún permiso». En los viajes solo hablaban de los planes de fin de semana.

Era uno de los pocos momentos en los que el teniente Fernando Pérez Serrano no pensaba en volar en un C-101 de la AGA. «Tenía familia en la aeronáutica y siempre tuvo claro su servicio por España y por qué había entrado en el Ejército». Su referente era su padre, el coronel en la reserva Fernando Pérez Nicolás. «Confiaba en él a todos los niveles y siempre hacía caso de todos sus consejos».

Estuvo en una misión en África

La admiración era recíproca, ya que su padre estaba orgulloso de la hoja de servicios que sumaba el teniente Pérez Serrano: más de 700 horas de vuelo, era el miembro de su promoción que más veces había desfilado en el 12 de octubre (Cabo de Gastadores, Plana Mayor y Abanderado de la AGA) y sumaba una misión internacional en Djibouti (África), como traductor, gracias a su nivel C1 de francés e inglés. 'Fer' también guardaba una relación especial con su hermana, la cual contrajo matrimonio el 7 de octubre y que recibió la noticia del trágico accidente mientras se encontraba de luna de miel en Tokio.

«Hay una posibilidad ínfima de que se produzca un accidente aéreo, pero, ¿dos?», se interpelaba el teniente Mora después de que tras el desfile del 12 de octubre falleciese otro piloto, cerca de Los Llanos. No encontraba una explicación lógica a su pregunta, solo un adjetivo: «Es una tragedia».

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