«Decían que una mujer no tenía fuerza para hacer sonar el cajón»

Miriam Velázquez, tocando el cajón./
Miriam Velázquez, tocando el cajón.

Miriam Velázquez. Cajonera y profesora de baile flamenco

TERESA RUEDA

A los cuatro años empezó a bailar flamenco y siguió formándose hasta pasar del baile a la percusión, donde volvió a encontrarse a sí misma. Decidió dedicarse a ello profesionalmente el día en que la contabilidad ya no le llenaba, y montó su propia escuela de baile, El Rincón de la Pataíta. Después de una vida dedicada al flamenco, los próximos 13, 14 y 15 de abril participará en el certamen 'Encajonarte' en Santomera, donde dará una clase magistral.

-¿Lleva el flamenco en los genes o es algo que le llegó con el tiempo?

-Realmente en mi familia nadie se ha dedicado a esto profesionalmente, pero sí que eran muy flamencos. Creo que de ahí me nace parte de esta pasión. Desde muy pequeña empecé a desarrollarla, hasta el día de hoy. En realidad, soy bailaora de flamenco. Empecé con cuatro añitos a bailar y, claro, el taconeo de los pies es percusión. Y de los pies lo pasé a las manos y comencé a aficionarme a lo que es la percusión, tanto cajón como congas o batería. Un mundo me llevó a otro.

-A través de El Rincón de la Pataíta y otros cursos intenta darle impulso al flamenco.

-Cuando pruebas el veneno del flamenco, como yo lo llamo, todo va cogido de la mano. Estudié, soy contable y estaba trabajando en ello; pero a mí me llamaba mucho más esta afición. Entonces empecé a pensar en montar mi escuela: El Rincón de la Pataíta. Allí se hacen todas las actividades dentro del flamenco, como guitarra, baile, cante, percusión... Todo lo que pueda llegar a formar una fiesta del flamenco.

-¿Por qué se decidió por el cajón precisamente?

-Porque es lo más cercano a los pies. De hecho, cuando doy mis clases de baile y enseño lo que es una 'pataíta' por bulerías, me siento en el cajón y les hago el sonido que tienen que hacer con los pies, en el cajón. Así ellas llevan una guía. Es una forma de educar el oído.

-El cajón es un instrumento que se suele relacionar con la figura masculina. ¿Ha vivido algún tipo de rechazo por ser mujer?

-Ya no hay tanta diferencia como antes: hemos avanzado mucho y donde suelo ir me tratan como a una señora. Pero sí que es verdad que en algún momento he sufrido algo de machismo. Una vez hice una actuación en el teatro. Recuerdo que fueron al artista principal a preguntar que quién le tocaba la percusión. Él me señaló y cuando vieron que era una mujer dijeron: '¿Cómo va a ser una mujer? Una mujer no tiene la fuerza para el cajón que tiene un hombre'. En ese momento me hundí un poco. Una vez que terminó la actuación, el mismo hombre que me había criticado se echó las manos a la cabeza diciendo: '¡No me lo podía imaginar!'. Igual que tuve un bajón antes, cogí una fuerza increíble después. La mujer debe tener sitio en todos lados.

-¿En qué se inspira al tocar?

-La inspiración viene de la pasión y de la entrega que le das al flamenco. Mi inspiración son las ganas. Una vez me regalaron un piano y la verdad es que no lo había tocado en la vida. Pues con esas ganas, ahora mi piano está sonando. No me enseña nadie, pero sí que me inspiro en mi vida o en lo que me pasa para cantar, tocar o componer.

-Después de toda su trayectoria en la música flamenca, ¿piensa que está menos aceptada que otros estilos?

-Creo que depende de la zona, ¿no? Aunque el flamenco esté más asentado en Andalucía, ya se expande, y cada vez más, por todos los sitios de España.

-¿Con qué artista diría que ha disfrutado más compartiendo escenario?

-Bueno, siempre un artista te llega más que otro. Pero, dentro de todo, la percusión es un instrumento de acompañamiento, de atrás, de segundas. Tú te tienes que guiar por el sentido que le das y, a partir de ahí, disfrutar. Y la verdad es que yo disfruto mucho con lo hago, con mi música, con el flamenco.

-¿Cómo surge venir a Murcia a participar en 'Encajonarte'?

-Pues Pepe Abellán contactó conmigo porque me había visto por redes sociales y actuaciones colgadas y vio cómo trabajaba. Le gustó y llegamos a un acuerdo para ir para allá. Tengo muchas ganas de ir a Murcia y ver vuestra tierra. ¡Quiero verlo todo!

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