«La Dama Azul te hacía sentir que la vida podía ser maravillosa»

Dolores Ibarra Espín. / lv
Dolores Ibarra Espín. / lv

Dolores Ibarra Espín presenta 'El abrazo de la Dama Azul', su primer libro

MINERVA PIÑERO

Le hubiera gustado crecer rodeada de esbeltas estanterías y de libros, pero «los niños de los años cincuenta no tenían tantos cuentos». La ausencia de historias infantiles y juveniles escritas en papel dentro de su hogar no le paró los pies. Dolores Ibarra se encargaba de imaginar sus propios relatos, de escribirlos y de repartirlos con los vecinos de su calle. De mano en mano, creaba y compartía su literatura en Baza, donde creció. Y de plasmar las quimeras de la niñez y adolescencia pasó, desde una perspectiva más adulta, cultivada por las experiencias de la vida, a escribir poemas y relatos reivindicativos, sin dejar en el olvido aquellos sobre cuestiones más edulcoradas. Policía local en Águilas, profesión que ejerce desde hace 35 años, la autora presenta 'El abrazo de la Dama Azul', un libro que destina parte de sus beneficios a la investigación contra el cáncer.

-¿Quién es la Dama Azul que da nombre a su obra?

-Era una señora solidaria, enigmática y profunda. La conocí en Granada, a principios de los años ochenta, cuando me trasladé a vivir allí. Visitaba los hospitales, iba por las calles repartiendo abrazos y corazones azules y ayudaba, sobre todo, a las personas que sufrían alguna enfermedad. Por muchas dificultades que tuvieras, te hacía sentir que la vida podía ser maravillosa. Y no era una curandera, como se puede pensar. Ayudaba psicológicamente.

-¿Está entonces su libro basado en hechos reales?

-Sí, son cuatro relatos que nacen de algunas situaciones reales. En la obra, alterno la prosa, retazos de mi propia vida, con poemas. Es un libro diferente, ya que está ilustrado por doce reconocidos pintores de la Región. La portada, por ejemplo, es una ilustración de Manuel Coronado. El prólogo está escrito por Magdalena Sánchez Blesa, gran poeta y rapsoda, y el epílogo, por Pedro Vera, gestor cultural.

-¿Cuál es el hilo que une estas cuatro historias?

-Un vestido, un pañuelo, una cinta y una luz, elementos que son todos de color azul. Las cuatro historias están unidas por el amor y por el poder de los abrazos.

-¿Qué valores transmite?

-La generosidad, la humildad, la solidaridad, la superación y la tolerancia. La vida es una lucha diaria contra las adversidades, lo que nos lleva a convertirnos, al final, en personas íntegras. Es una carrera de obstáculos en la que, después de cada caída, hay que levantarse. Y siempre con una sonrisa. Es lo que le digo a mis dos hijas.

-¿Refleja en el libro su experiencia como policía, profesión a la que se dedica desde hace 35 años?

-Sí. En general, cuando me enfrento a cualquier problema, me nacen los versos. Creo que las palabras pueden cambiar el mundo o, por lo menos, que en un momento determinado pueden modificar el estado de ánimo de las personas.

-¿Cuándo empezó a tomarse en serio la literatura?

-Cuando me di cuenta de que no se escribían poemas dedicados a ciertos temas que los necesitaban. Acudía a jornadas y cursos policiales, pero nunca decía que era poeta. En los eventos literarios, no contaba que era policía. Hasta que, con el tiempo, empecé a pensar que no se escribían poemas a la prostitución, ni versos en contra de la violencia machista, por ejemplo. Empecé a crear un tipo de poesía mas reivindicativa, aunque nunca he dejado de lado otros temas sobre los que también escribo, como el amor.

-Escribe en 'Desde mi prisma azul', en el diario 'La Actualidad', en Águilas. ¿Es casualidad o premeditado que también sea de este color?

-En mi vida todo es azul. Es un color por el que siempre he sentido una atracción especial, desde pequeña. Incluso me casé con un vestido azul. Desde mi prisma, reivindico los derechos de las mujeres. No tengo pelos en la lengua: hablo muy claro y le llamo a las cosas por su nombre. Es, de hecho, un color que tiene mucho poder. Lo dicen poetas y estudios científicos.

-¿Qué echa de menos de Granada?

-Granada, la ciudad soñada. Todos los años necesito visitarla, recorrer las calles por donde anduvo Federico García Lorca, mi gran ídolo, quien decía que la poesía no quería adeptos, sino amantes. Y llevaba razón. En los círculos literarios granadinos, veo y siento la profunda pasión de la que Lorca hablaba.

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