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Cartel de 'Boyhood'. / Archivo

Vida de este chico

  • Superado el efecto incómodo de una playlist extradiegética que envejecerá peor que la película, 'Boyhood' emerge como brillante estudio de las distintas etapas por las que atraviesa un personaje embrionario que no termina de realizarse hasta la última escena

A la pregunta de un periodista ansioso por conocer el futuro inmediato de Mason, ese niño/ púber/adolescente cuya vida hemos hilado con la mirada a lo largo de 12 años comprimidos en 165 inolvidables minutos, Richard Linklater contestó insinuando la posibilidad de que algún día llegase a conocer a su gran amor en los vagones de un tren crepuscular con destino a París (en referencia inequívoca a la protagonista de 'Antes del amanecer', un personaje interpretado por Julie Delpy). Una respuesta genial y probablemente nerviosa que al mismo tiempo nos da esperanzas para soñar con un plan maestro que se remontaría a los tiempos en los que el director texano vagabundeaba por la calles de Austin ('Slacker') atado a una cámara de super 8 mm.

Volver a subrayar el esfuerzo titánico que sustenta la armoniosidad del raccord de 'Boyhood' podría convertir la hazaña en anécdota pero es un gesto necesario para comprender las circunstancias que derivan de un compromiso que hace del artificio el elemento clave de una singular forma de realismo. Mason existe de una forma inédita hasta la fecha (François Truffaut persiguió a Antoine Doinel a lo largo y ancho de seis películas) y, lo que es más importante, respira gracias a que Linklater obra el milagro de empastar maravillosamente el tono de escenas filmadas en décadas distintas.

Superado el efecto incómodo de una playlist extradiegética que envejecerá peor que la película, 'Boyhood' emerge como brillante estudio de las distintas etapas por las que atraviesa un personaje embrionario que no termina de realizarse hasta una última escena en la que Linklater antepone la delicadeza del suspiro a la expresividad del clímax. E insisto, es fundamental que nos fijemos en la indefinición del personaje porque es el corazón narrativo que mueve el conjunto.

'Boyhood' y Mason son y serán para siempre porque son los momentos de todas esas vidas que (no) elegimos vivir.