La Verdad

La mejor versión de Mercé

José Mercé, el sábado, durante su actuación en Murcia.
José Mercé, el sábado, durante su actuación en Murcia. / Guillermo Carrión / AGM
  • El cantaor jerezano pone en pie al público del Teatro Romea en una brillante actuación

La segunda jornada de la Cumbre Flamenca se trasladó el pasado sábado al Teatro Romea de Murcia. En el cartel se anunciaba el espectáculo 'Íntimo y flamenco' del cantaor José Mercé, con todas las entradas agotadas desde hacía un mes. Antes de empezar su actuación, le entregaron el galardón Patriarca Flamenco, que recibió de las manos del alcalde de La Unión, Pedro López Milán, quien recordó que Mercé era el cantaor que más veces había actuado en la historia del festival unionense, el Cante de las Minas; unos ingredientes fundamentales para que el cantaor estuviera predispuesto a dar el todo por el todo.

Con la malagueña del Mellizo, Mercé comenzó a templarse en los vuelos de los medios tonos, acompasado por el compás de la guitarra. Por soleares, se acordó de los estilos clásicos de La Serneta, La Andonda y de su familia los Sorderas. Y por siguiriyas, con una introducción magistral de la guitarra, se entregó recordando a José Vargas 'El Mono' con esta letra: «Que tanto he dormido / que tanto he dormido / que te has llevado a la madre mía / yo no lo he sentido». Y se dolió en la que siempre recuerda a su hijo: «Ay-Hijo de mis entrañas, Curro, / de mi corazón / como te acuesta / llorando me acostaba yo / hijo de mis entrañas / de mi corazón».

Ahí soltó sus primeras palabras: «Estoy a gusto yo, hoy, en Murcia». Dejó entonces unos buenos tarantos, acordándose de Pedro 'El Morato' y de la letra de Fosforito: «Y es que ya no puedo más, / las fuerzas me están faltando, / y es que no puedo más, / ni siquiera este taranto / voy a poder terminar, / por eso canto llorando». Y sin embargo, Mercé podía, claro que podía. El cantaor mide mucho su fuerza y sus tiempos. Obviamente no tiene el poderío de un joven de 20 años, pero sí la sabiduría y la maestría que dan el oficio, la vida y ese cante como el pan de cada día.

En esto comenzó la parte festera de su redonda actuación, con las palmas y el compás jerezano de su esposa, Mercedes, y de Chicharo, por unos cantes por alegrías. Con la guitarra, Alfredo Lagos estuvo sensacional, siempre elegante y atento a los vuelos de la voz en los remates de los tercios, sobrio en cada momento en su sonanta jerezana, que se fusiona con el cantaor, sin estridencias, y que deja el lucimiento para los conciertos. Un buen piloto que salva las pequeñas tormentas que puede tener el cantaor en el vuelo de la voz.

La voz de Mercé se endulzó con unos tientos formidables y se acarameló con unos rítmicos tangos que contagiaron a los atentos espectadores, con los que ya había comenzado a interactuar: «¡Viva Murcia!», dijo. Y otro respondió: «¡Viva Murcia y Jerez!». Por bulerías se fue Mercé cantándole a Rafael de Paula, y se levantó para cantar a capela. Comenzó el lío, entre tercio y tercio, y el cantaor se echó un baile que fue jaleado por el público. Este se iba calentando, y se echó unos fandangos. Después recordó otra vez a su hijo: «Me critica a mí la gente, Dios mío qué me importa, soy un águila imperial, y mientras me quede una pluma, por mi niño del alma, no voy a dejar de cantar». Mercé se marchó en dos ocasiones y el público le pidió más. Cantó 'Aire' y terminó con todo el Romea coreando la canción 'Al Alba' de Aute.

A estas alturas, Mercé ya solo imita a Mercé. A José Soto Soto, que tomó el apodo de Mercé, porque de niño cantó en la Basílica de la Merced de Jerez, se le puede aparecer la virgen, el duende o el ángel, y entonces nos espera una gran actuación. Y eso es lo parece que vimos. La mejor versión de Mercé.