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Víctor Manuel: «Ahora es más difícil hacer canción protesta»

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El cantante Víctor Manuel. / Alberto Ferreras / Óscar Chamorro

  • El cantautor compagina la gira '50 años no es nada', su vuelta al estudio de grabación con Ana Belén y la creación de canciones inéditas para un nuevo disco

Dice Víctor Manuel en su nuevo disco que '50 años no es nada'. Medio siglo de música y de canciones convertidas en himno que a este artista asturiano se le han pasado volando mientras hacía historia en el escenario. Media vida que recordó en directo durante los conciertos que ofreció el 12 y 13 de septiembre en Oviedo ante 20.000 espectadores y acompañado de amigos como Serrat, Miguel Ríos, Aute o Miguel Poveda y que recoge ahora en un doble cd y dvd que está a la venta desde el 18 de noviembre.

¿De verdad medio siglo no es nada?

No es nada. Tengo la sensación de que no han pasado 50 años porque cuando haces el trabajo que te gusta y te apasiona, los años pasan volando.

El trabajo de selección será tremendo

Es complicado y siempre arbitrario, pero creo que mi carrera está bastante representada. Entre las más de 500 hay canciones que no pueden faltar nunca, las más reconocidas o los mayores éxitos de diferentes décadas y después otro tipo de canciones que igual no han tenido tanto éxito pero son muy sólidas y aguantan bien el paso del tiempo.

¿Las canciones más reaccionarias no tenían cabida?

No, pero no por nada, es solo que si una canción no tiene éxito y encima está pasada de moda no tiene ningún sentido cantarla. Cantas lo que sientes realmente y lo que más o menos tienes en activo, siempre unas 50 canciones, y de ahí hago la selección.

¿Son buenos tiempos para la canción protesta?

Son tiempos extraordinarios, pero es mucho más complejo hacer una canción protesta ahora que cuando nosotros empezamos a cantarlo. Primero porque no tienes la complicidad de los medios. Antes siempre había un disparatado en una emisora que te ponía pero ahora con las radiofórmulas apenas tienen autonomía, así que cualquier chaval que quiera molestar un poquito no tiene cabida más que en una emisora más pequeña.

¿Hay entonces menos libertad que antes?

Es que ahora la libertad pasa por la economía y eso condiciona muchísimo el trabajo de mucha gente. Antes había menos dinero pero más libertad, más espacio y una televisión que ahora ya no existe. La cultura es lo que hace un país y la marca España, más allás de los comerciantes, los 'zaras' y los 'telefónicas' y no hablo solo de la alta cultura como los grandes museos, sino la cultura potente de base, escritores, músicas... que no tienen cabida ni apenas difusión.

La 'Canción de la esperanza' ya hablaba del desencanto, ¿es equiparable con lo que sucede ahora?

No, era diferente, salíamos de una dictadura y había horizontes, un poco nublados, pero el país podía crecer y mejorar y de hecho ha mejorado infinitamente. Lo que pasa es que hemos entrado en un parón brutal económico y moral y eso hace que la gente perciba las nubes negras con más facilidad.

¿Se ve en el horizonte el final de la crisis?

La crisis económica tardará en terminar. Se han recortado derechos que no van a volver probablemente nunca y eso es dramático. Todo es más precario, especialmente para la juventud. Nosotros teníamos precariedad pero había otro horizonte posible, ahora es más difícil ver ese arcoirirs y el sol para calentarse esperándonos detrás.

¿Son tiempos sin esperanza?

Hay esperanza en la medida en la que la gente se mueva y reclame lo suyo, pero hay algo feroz en un capitalismo en parte importado en el que recortan incluso lo que ellos no pueden cobrar y que se ensaña demasiado con el que está debajo.

¿La democracia amansa y evita revoluciones?

Las revoluciones son siempre complicadas y generalmente de destino incierto. Que la gente reclame y pelee lo suyo es lícito. Pero decir a un chaval cuyo trabajo está en el alambre que dé fe de vida y dé la tabarra es complicado.

¿La solución pasa por una propuesta como la de Podemos?

Todavía no conozco su programa, nadie lo conoce. Este tipo de populismos ofrece soluciones muy sencillas para problemas muy graves y eso es lo que quiere comprar la gente muy cabreada pero los partidos lo han hecho tan mal estos años que lo han favorecido.