La Verdad

«El dinero nunca es transparente»

El escritor griego Petros Márkaris, en Barcelona, la semana pasada. :: Marta Pérez / Efe
El escritor griego Petros Márkaris, en Barcelona, la semana pasada. :: Marta Pérez / Efe
  • Petros Márkaris sigue el rastro más sucio y oscuro de la corrupción en 'Offshore'. «Partidos y líderes políticos 'frankenstein', como Macron, son el signo de los tiempos», dice el escritor griego

Tras su tetralogía sobre la crisis que mortificó a Grecia, el escritor Petros Márkaris (Estambul, 1937) quiso pasar página. ¿Y si el dinero comenzara a llegar a la economía griega?, se preguntó. En su cabeza comenzó entonces a fraguarse 'Offshore' (Tusquets), la novela en la que su sabueso Kostas Jaritos sigue el rastro más oscuro del dinero sucio y la corrupción. Una pista que lleva a Panamá y otras paradisíacas cloacas fiscales en una ficción premonitoria que se adelantó al escándalo de los papeles panameños y en la que esboza Márkaris un nuevo tablero político. Un escenario con partidos y líderes 'frankenstein' que ocupan el espacio que unas formaciones tradicionales dejan con su derrumbe.

«Esos políticos 'frankenstein' son el signo de los tiempos», dice Márkaris horas después de la victoria parcial de Emmanuel Macron en Francia, símbolo de nuevo paradigma al frente de su amalgama '¡En Marcha!'. «La emergencia de estas formaciones y estos líderes tiene mucho que ver con el declive de los partidos antiguos, de esas formaciones históricas que se desmoronan y pierden su poder». «Macron no es de centro derecha ni de centro izquierda; se sitúa en un espacio intermedio. Es el hombre de la banca. Ni siquiera es político. Como él, nadie tiene hoy problemas en transitar de un extremo ideológico al otro según sus intereses», apunta Márkaris.

La novela parte de la victoria en las elecciones griegas de una tercera vía, «un partido inventado con políticos que han sido o son ejecutivos y construido como un puzle, con piezas de todo el espectro político». En ese panorama aparece asesinado en su casa un alto funcionario del Ministerio de Turismo, atado a un silla y con un tiro en la cabeza. Es la punta del iceberg en una trama internacional, una madeja de cuyo hilo tira Jaritos, que intuye una ejecución tras lo que aparenta ser un robo.

«Esta novela demuestra que el dinero no es transparente. Que nunca sabemos de dónde proviene; que nadie conoce su origen. Y no hablo solo del dinero negro, que es la explicación más fácil para la corrupción», dice Márkaris. «El dinero es la única fuerza que mueve el mundo, el verdadero gobernante en todas partes. Si la inversión llega a chorros a Grecia, a Italia o a España, nadie preguntará por su origen y su color, y eso es un gigantesco problema», dice.

«Si creas un sistema basado en el dinero, tampoco nadie te preguntará si es blanco o negro, aunque el color natural del dinero quizá sea el negro», asevera irónico el escritor. «Siempre ha habido corrupción, y en España sabéis mucho del asunto, pero las cosas empeoran con un sistema y una sociedad con el dinero como único objetivo», dice. «Habrá gente intentando conseguirlo de la forma más fácil, que es la corrupción», se queja Márkaris, que pone tras la pista del crimen y la trama corrupta a su viejo comisario Jaritos, teniente de homicidios en Atenas, coleccionista de diccionarios, que colaboró con el régimen de los Coroneles y que se enfrentará a sus superiores yendo por libre.

Cree que Europa está «en una encrucijada histórica y su sistema político se desmorona». «El modelo de los últimos 40 años está en un momento crítico. Solo se habla de reformas, y eso para los alemanes significa hablar de dinero y obviar la necesidad de cambios políticos», denuncia. «No sé si volveré a escribir de la crisis. Nos guste o no, siempre estamos tratando con la crisis -admite-, pero es la primera vez desde la segunda guerra mundial en Europa que se ha visto tanto pesimismo, tanta falta de confianza», lamenta.

Pesimista lúcido, cree que «el optimismo es falta de información». «Veremos al mundo moverse por el peor camino posible. Y Trump no es lo peor que nos puede pasar; es solo un síntoma, un aspecto más de una coyuntura terrible», diagnostica.