La Verdad

El novelista caravaqueño Luis Leante.
El novelista caravaqueño Luis Leante. / EFE

«Vivimos metidos en un manicomio con más de 7.000 millones de habitantes»

  • Luis Leante Novelista. El laureado escritor caravaqueño presenta hoy en Murcia 'Annobón', su nueva novela tras el éxito de la historia juvenil 'Huye sin mirar atrás'

¿Quién no se lo ha planteado? Huir. Y hacerlo sin mirar atrás. Cambiar de vida, cambiar de rumbo, cambiar de miserias, ¡cambiar de planeta! Cuenta esto el adolescente protagonista de 'Huye sin mirar atrás', la novela por la que Luis Leante (Caravaca, 1963) recibió el Premio Edebé de Literatura Juvenil: «Cuando vas a cien kilómetros por hora dentro de un coche, sientes que lo que se mueve es el mundo de ahí fuera y no tú. Pero, cuando vas a ciento veinte y no llevas cristales porque alguien ha reventado de un disparo las dos lunetas, te sientes como si te hubieras lanzado en paracaídas desde la estratosfera sin botellas de oxígeno. No es vértigo, ni mareo, ni pánico, ni dolor, es todo eso a la vez multiplicado por mil. No sabría decirte la velocidad a la que íbamos, pero me pareció que estábamos a punto de superar la barrera del sonido. El aire atravesaba el vehículo como un huracán. Por un momento temí que la fuerza del vendaval me levantara del asiento y me lanzara por el hueco de la luna trasera: 'Acuérdate, cuando se huye, no hay que mirar atrás', me había dicho Héctor».

Ayer, en todo caso, no fue un día para salir huyendo sin mirar atrás. Llovía en Murcia como a golpes de mar airado, y también en Alicante las horas se dejaban arrastrar por los impulsos de la tormenta. No es buen panorama para echarse a la carretera. Luis Leante, quien precisamente, con 'Huye sin mirar atrás', es uno de los tres finalistas entre los que se elegirá el Premio Hache 2017 de Jóvenes Lectores de Cartagena, presentará hoy en Murcia, acompañado de su buen amigo, y también buen escritor, Rubén Castillo, su nueva novela, con la que ha vuelto al mundo de los adultos: 'Annobón' (Harper Collins).

'Annobón', descrita como «una fascinante mezcla de reportaje periodístico y ficción histórica que retrata la cara menos idílica de la colonización española en África, y los mecanismos de la represión franquista en el Madrid de posguerra», arranca «con la investigación que un escritor lleva a cabo a raíz del hallazgo de un cadáver de mujer momificado en una localidad de Colliure, en el sur de Francia». A partir de esta noticia, «el narrador hace la reconstrucción de unos hechos casi desconocidos que ocurrieron en Madrid y Guinea en los años 30 y 40 del siglo pasado». Los siguientes: «La noche del 14 de noviembre de 1932, Restituto Castilla, sargento de la Guardia Civil, asesinó con una navaja barbera al Gobernador de Guinea cuando visitaba Annobón, una isla de 17 kilómetros cuadrados, a tres días de navegación de la capital, donde Castilla había fundado una comunidad utópica que se regía por los principios de la República». Una vez cumplida la condena, «el abogado Pedraza se cruzará en su camino y la vida de ambos entrará en una vertiginosa sucesión de adversidades que afectará a todos los que están a su alrededor. Celos, dignidad, locura, mentiras y obsesiones en un triángulo amoroso en el que el miedo y el amor se confunden con frecuencia».

Leante, quien asegura que «no volvería a la infancia, ni a la adolescencia, ni a la primera juventud, ni a nada», ha escrito una novela, que se adentra de lleno en el placer que provocan las lecturas de historias candentes, en la que queda claro que la Historia no tiene un único modo de contarse. «No hablo de que se manipule a conciencia, pero sí de que la versión que cada uno tiene de ella depende de sus vivencias o de las de quienes se la hayan contado desde su prisma particular», indica. «Parece», añade, que «todos tenemos que ser neutrales y objetivos al contar nuestra historia, pero eso no es posible porque no existe la objetividad a la hora de narrar, y menos cuando nos estamos refiriendo a hechos que han sido muy dolorosos y han dejado heridas profundas».

-¿Qué no existe?

-La verdad absoluta.

-¿Qué le entristece?

-La facilidad con la que se pervierten los grandes ideales, que son tan importantes y necesarios. Me refiero a ideales elevados como la creencia en la Justicia y el compromiso con ella, o la creencia en la democracia, en la entrega generosa....; todo eso está muy bien, pero luego se impone la realidad. Y la realidad es que, las personas en general, cuando los tocamos y los intentamos poner en práctica, solemos ensuciarlo casi todo. De un gran idealista puede salir un gran dictador, de un gran filántropo puede salir un explotador... La línea entre la honradez y la perversa corrupción es casi invisible. Y se atraviesa casi sin darnos cuenta.

Dice Luis Leante, quien de pequeño soñaba con vivir en la selva en lo alto de un árbol, y que se sabe casi de memoria todas las películas en las que Johnny Weissmuller dio vida a Tarzán, empezando por su preferida, 'Tarzán en Nueva York' (1942): «Tengo una visión tan pesimista del mundo que, a veces, se gira por completo y se convierte en optimista. De momento, en general pienso tan mal con respecto al ser humano, que cada pequeña buena cosa que me voy encontrando es una grata sorpresa; cada pequeño triunfo de la honestidad, de la valentía, de la generosidad, lo celebro como una pequeña fiesta. Cuando esperas mucho, todo son decepciones; cuando esperas poco o casi nada, todo son celebraciones».

Hasta aquí

-¿Qué tiene a favor?

-No tengo deudas con la vida porque no le he hecho daño a nadie para llegar hasta aquí. No me pongo metas para superar a nadie, me las pongo para superarme a mí mismo; no tengo interés en ser mejor que nadie y mucho menos en tener más que nadie.

-¿Dónde cree que estamos?

-Vivimos todos metidos en un manicomio enorme con más de 7.000 millones de habitantes. El mundo está loco, nuestra sociedad vive enfebrecida, todos vamos por la vida a una velocidad endiablada; a mí esa velocidad me desasosiega.

-¿Y qué hace?

-Leer mucho, es un placer genial. La literatura te permite parar, vivir a otro ritmo. Además, es un bálsamo que calma las heridas, que te ayuda a saldar cuentas pendientes y a mirar de un modo más saludable tu vida. Y también tengo la suerte de poder vivir de contar historias con las que la gente disfruta. Encuentro motivación en ese juego de seducción que, intentando encantarlos, practico con los lectores. Me he entregado durante más de veinte años a la enseñanza, y decidí dejarlo todo por dedicarme solo a escribir. El dedicarme también a la literatura juvenil tiene que ver con el hecho de que conozco muy bien el material humano al que me dirijo. Les hablo de cosas que sé que pueden interesarles, al tiempo que también me interesan a mí. Siempre escribo historias que me gustaría leer.

-¿Qué sería lo peor de vivir un naufragio?

-Naufragar sin sentirte querido y sin sentir amor por otros. Naufragar sintiéndote completamente solo.

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