La Verdad

vídeo

Rafael Sánchez. / A. Ferreras | Virginia Carrasco

Cine X al desnudo

  • Tras el cierre en marzo de la última sala X de Madrid, los carteles anunciadores de las películas que realizó artesanalmente el operador de cinematógrafo del cine, se han convertido en objeto de culto. Una exposición los muestra por primera vez en Madrid

Los jadeos se van haciendo más audibles a medida que se avanza hacia la entrada. Tras la cortina entre púrpura y carmesí, tupida, pesada, la realidad del día a día se transforma, poco a poco, en el ambiente de una sala perfumada sin piedad, en cuyo interior los protagonistas son tan reales, como inertes. Ya dentro, sin la oscuridad del cine de donde provienen, esos 17 protagonistas con forma de cartel son los representantes mudos de una parte de la historia de la última, y recién desaparecida, sala X de Madrid.

El pasado día 8 de marzo, la ciudad se quedó huérfana de una oferta cinematográfica que había existido desde que se autorizó la exhibición de películas clasificadas 'X', allá por 1985. En ese año, 12 eran las salas que proyectaban este tipo de películas en la capital. Con el cierre del cine Alba desaparece una forma de ver cine, que ahora se recuerda a través de sus carteles, concebidos como rápidos resúmenes que sirvieron de fugaces reclamos de lo proyectado en el interior de su patio de butacas.

Más información

  • La última sala X de Madrid

Rafael Sánchez, el "operador de cinematógrafo" del cine, como él mismo puntualiza, fue quien los elaboró durante 30 años. "Al principio teníamos una empresa que los hacía en tela, pero algo pasó con ella, que los dejamos de recibir. Entonces, el jefe me dijo que como se me daba bien el dibujo, que si quería hacerlos yo", cuenta Rafael sin quitar la vista de alguno de ellos. "Teníamos dos sesiones semanales, es decir, que eran ocho carteles al mes", puntualiza. Sánchez es el autor de aproximadamente 3000 carteles realizados durante este periodo de tiempo, de los que conserva una gran parte de ellos.

El Cine Alba abrió sus puertas en 1941. "De Casablanca a Rocco Siffredi", comenta con ironía Rafael. El cine vivió el paso de las películas clásicas a las clasificadas 'S', aprobadas en 1977, para posteriormente pasar a programar las denominadas 'X', cuyo consumo descendió considerablemente con el acceso del público a ese mismo material, a través de las nuevas tecnologías, y desde casa. Sin embargo, y aunque pueda parecer una contradicción con el cierre del Alba, "la sesión continua de diez y media de la mañana a once de la noche seguía siendo rentable. Cerró por otras circunstancias que no vienen al caso, no por falta de ingresos", puntualiza Rafael Sánchez.

"Era mucho más que una sala de proyección. Tenía un ambiente de club social, ese recorrido carnal o no carnal donde las personas que acudían podían charlar, tomar algo en el ambigú, fumar en la terraza, ver la televisión… o ver la película", ironiza Rafael. Y hace una puntualización: "Venían personas desde hacía 20 años, personajes anónimos y otros muy conocidos. Pero hay que tener secreto de confesión. Y es que, como el dicho sobre Las Vegas, lo que pasa en la sala, se queda en la sala".

Junto a los carteles, se pueden ver en la exposición que se celebra en varios objetos que han tenido su vida dentro del cine. Notas sobre el estado de las bobinas de 35 milímetros, lámparas de repuesto para los proyectores, una linterna de acomodador, entradas obsoletas… Pequeños recuerdos de un lugar que ya no volverá a ser ese lugar "donde se venía a disfrutar del cine, no a consumirlo, como se hace ahora. Tendrían que volver los cines de sesión continua. Serían rentables", comenta Sánchez añadiendo "que la gente se tiene que volver a sentir tan importante o más que los que salen en la pantalla".

En la jadeante oscuridad rota por el proyector del Alba, ya no se verán nunca más en su pantalla a aquellas 'Lozanas y Delicadas', ni a las 'Divas perfectas', ni tan siquiera el 'Muslo y pechuga' que existía en la 'Mente erótica de un doctor'. Al pedirle a este operador de cinematógrafo ahora en paro una descripción del Cine Alba, reflexiona mirando los carteles, y responde con una sonrisa a medias: "Un cine auténtico de sesión continua… con la pantalla más divertida".