La Verdad

Mapas sin mundo

Las imágenes más dolorosas no se perciben conscientemente en los periodos en los que manda la razón. Particularmente, las imágenes que mayor capacidad han tenido de arañarme y permanecer indelebles en la memoria son aquellas que han sobrevenido inopinadamente en el duermevela, cuando más desprotegido estás y el pensamiento deja de ser una actividad consciente y voluntaria. Esas imágenes no parecen tener cultura alguna tras de sí; aunque no muestran figuras ni situaciones nuevas, aterran y conmocionan especialmente por su capacidad para atravesar como una aguja capas de sensibilidad que ya creías endurecidas y superadas y llegar al punto de máxima debilidad, en el que cualquier mínimo suceso -sea de la naturaleza que sea- provoca pavor y angustia. Si el arte fuera capaz de producir imágenes que transmitieran algo de esta sensación, cualquier representación sería insoportable. Aquellos ángeles de los que hablaba Rilke, cuya contemplación causaría un terror desconocido... aquellos ángeles son estas imágenes entre el sueño y la vigilia. El ser humano no está hecho para sobrellevar tanta fragilidad repentina..

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La idea que en la actualidad se suele tener de la pluralidad es cuanto menos curiosa: «quito lo tuyo para poner lo mío». No se trata de ampliar los límites, sino de cambiar lo que hay dentro.

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Igualmente, el problema de la ética es que se ha degradado en forma de revanchismo. Nunca habrá justicia social, más bien ajusticiamientos sociales.

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Por momentos qué difícil resulta esa experiencia del 'recogimiento'. Su consecución requiere de la especial capacidad de disminuir, de hacerse más pequeño mediante la expulsión de lo innecesario y contaminante. Pero a veces el 'alma' está tan sumamente rígida, se muestra tan inflexible y poco maleable, que te condena a un perímetro excesivo, a una abertura inmisericordemente grande. Nada es sutil en estos momentos.

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Ya solo cabe esperar la bondad por interés, por el mero hecho de quedar bien. Parece ser que lo único que queda puro y natural es la indiferencia, que no es lo mismo que el silencio premeditado. Que algo simplemente no te importe, que no tenga lugar en tu vida, se ha convertido en la principal forma de mantener una relación pura con ello. Lamentable.

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Nunca he aprendido a ser lo suficiente hipócrita como para actuar de palmero de nadie. Desgraciadamente -para mí- solo aplaudo a aquello en lo que creo.

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La peor tristeza no es aquella que te hace estar triste, sino esa otra residual que se encuentra en el fondo de cualquier mínima y trivial acción. Esta tristeza no se cura, porque ni siquiera se ofrece a través de síntomas mínimamente mensurables que puedan ser tratados. Tristeza molecular.

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Quien no encuentra la felicidad en el aburrimiento de no hacer nada está condenado a ser infeliz. Porque actuar es estar inevitablemente abocado a la decepción. El 'activismo' es un 'traumatismo'.

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En las relaciones sociales, la mayoría de los abrazos exageran la falta de afecto. Probablemente se trate de esas escasas experiencias de las que el cuerpo no guarda memoria alguna. Por algo será.

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La pérdida no duele tanto como la ausencia.