La Verdad

«Soy feliz trabajando»

Jaime Azpilicueta, en Murcia.
Jaime Azpilicueta, en Murcia. / E. M. BUESO
  • Jaime Azpilicueta Director de escena. El musical 'Cabaret', uno de sus grandes éxitos, podrá disfrutarse en el Auditorio Víctor Villegas del 20 al 23 de octubre

Le pregunto:

-¿Tinto o blanco para acompañar ese atún que está diciéndole «cómeme»?

-¡Rosado! Dicen que es una aberración, pero a mí me encanta. Se dicen tantas tonterías, y se le hace tanto caso a las tonterías que se dicen, que así nos va muchas veces.

Jaime Azpilicueta (San Sebastián, 1941), está en Murcia para presentar 'Cabaret', el musical que ha dirigido, «disfrutando como un loco, con el entusiasmo de un joven que empieza y la experiencia que da el haber montado ya tantos, y por suerte con tanto éxito», y que podrá disfrutarse en el Auditorio Víctor Villegas, programado por la Semana Grande de Cajamurcia, que dirige Alfonso Riera, del jueves 20 al domingo 23 de octubre. Ya saben: Berlín 1931, estamos en el Kik Kat Club, no encontraremos jamás un mejor maestro de ceremonias que MCee, cantaremos 'Willkomen', 'Money Money...', nos rozarán las alas envenenadas del nazismo, se nos encogerá el corazón, habrá fiesta y lágrimas... «He ideado un final de espectáculo que hace que la gente rompa a llorar de emoción, aunque haya reído durante todo el tiempo», cuenta Azpilicueta, que es un espectáculo brillante en sí mismo y el gran maestro de los musicales en español. «Me impresiona ver la reacción del público que acude a ver 'Cabaret'. El otro día -explica- me contaba Natalia Figueroa, que vio 'Cabaret' en primera fila, que durante la función se decía: '¡Qué divertido, qué bonito, qué montaje tan seductor, qué 'glamour'...!'. Pero que, cuando acabó la representación, a ella también le pasó lo que a muchos espectadores: «Jaime, no podía levantarme de la butaca porque estaba llorando». Me gusta divertir y deslumbrar con los musicales.

-¿Vive como quiere?

-Hace ya muchos años que vivo como me da la gana, sí. Vivo a veinte minutos de Madrid, pero en mitad del campo y en la casa que siempre quise tener y que ya sé que será mi última morada. Por la mañana me despiertan los pájaros, y me despiertan después de haber dormido con la conciencia tranquila, algo que a mi edad es muy importante porque no hay ya mucho tiempo para rectificar. Creo que he ido obrando por la vida con honestidad, que no he estado jamás pendiente de hacerle daño a nadie, aunque claro que habrá gente que no me pueda soportar.

-¿Cuándo decidió usted que se iba a dedicar al teatro?

-Después de decidir que no sería cura, porque yo de niño quería ser cura. Mientras mis compañeros se iban al recreo, yo me dedicaba a leer el 'Breviario' por los pasillos. Pero me di cuenta, un día, de que a mí lo que me gustaba de ser cura era que los curas se ponían delante del público, vestidos para la ocasión, y que contaban historias mientras todo el mundo los miraba. Descubrí que eso también lo hacían los actores, y me dije: «Mejor actor que cura». Y eso llevo haciendo toda mi vida: contándoles historias a los demás, emocionándoles, divirtiéndoles, haciéndoles felices. A mí siempre me ha gustado mucho hacer feliz a la gente, eso es lo que más me gusta. Y lo hago ofreciendo lo que yo mejor puedo hacer: dirigir espectáculos. El buen teatro te recarga las pilas para enfrentarte a la vida, te provoca unas emociones, también de tipo estético, que te oxigenan.

-De no haberse dedicado al mundo del espectáculo, ¿qué hubiera sido de usted?

-No tengo ni la menor idea, pero me hubiera gustado ser trapecista.

-¿Qué?

-Trapecista, esos señores que vuelan por los aires y que no se matan nadie sabe por qué. Siento adoración por los trapecistas. Siempre me ha fascinado la idea de volar, pero de volar sin ningún artilugio.

-¿Alguna vez lo ha intentado?

-Pues no, no tengo yo cuerpo de trapecista, ni cuerpo ni nada porque, además, sufro de vértigos. Dicen que la ilusión es lo último que se pierde, pero no creo yo que, a mi edad, vaya a dar ya el triple salto mortal.

Caídas

-Bueno, nunca se sabe...

-¡Pero si no tengo en todo el cuerpo ni un solo hueso que no me haya roto! Bueno: los huesos, las cervicales... Me he caído a lo largo de mi vida de todas las maneras posibles.

-¿Recuerda alguna en especial?

-Una vez me caí en una piscina sin agua, y no le recomiendo a nadie la experiencia. ¡Vivo de milagro!

-Se le sigue viendo, después de tantos años, muy ilusionado con su trabajo.

-Yo no tengo ya, afortunadamente, la necesidad de trabajar. Para comerme unos cuantos huevos fritos tengo más que suficiente, porque no soy yo de los que comen caviar todos los días; vamos, ni todos los días, ni casi nunca o nunca. Yo sigo trabajando porque me sigo emocionando con el trabajo, porque soy feliz trabajando. No me gusta enfadarme, no me gusta estar cabreado, no me gustan los malos rollos con nadie. Quiero tener amigos, quiero que me quieran, quiero que cuando no estoy la gente se acuerde de mí con una sonrisa.

-¿El amor le ha tratado bien?

-Pues... [Risas.] Mire, a mí nunca me han gustado las cosas fáciles, siempre me he enamorado de 'imposibles'; algo era imposible, pues allí estaba yo. Pero no me quejo. Nunca he sido guapo, no hacía falta que nadie me lo dijera porque ya lo sabía yo, así es que jamás he sabido qué es eso de que te vayan persiguiendo por las calles. Más bien he sido yo el que algunas veces ha perseguido a alguien. [Risas.] Pero, bueno, cuando se me conoce ya es otra cosa, ¡eh! Y, la verdad, no me quejo de nada porque soy una persona querida. No tengo nada que reprocharle a la vida, nada de nada. Empecé de cero total, porque procedo de una familia muy humilde que no podía echarme ninguna mano, y he llegado a dormir rodeado de cucarachas y a comer durante algún tiempo una sola vez al día, y gracias. Nadie me ha regalado nada. Y tengo muchas satisfacciones; una de las más grandes, que la gente que trabaja conmigo quiera volver a hacerlo.

-¿Qué lleva mal?

-No puedo con la falta de profesionalidad, con que la gente no haga bien lo que tiene que hacer y con que se hagan las cosas sin tener ni idea, sin preparación, sin cuidado.

-Dígame una verdad verdadera.

-Si me llama Spielberg para almorzar, no le quepa duda de que lo dejaré todo para ir. [Risas.]