La Verdad

Arriba a la izquierda, vista de la cubierta del Molinete y arriba, Andrés Cánovas, en una calle de Murcia.
Arriba a la izquierda, vista de la cubierta del Molinete y arriba, Andrés Cánovas, en una calle de Murcia. / J. M. RODRÍGUEZ / MARTÍNEZ BUESO

«El 90% de los arquitectos solo sirven al dinero y no a la gente»

  • Andrés Cánovas. Miembro del estudio de arquitectura Amann-Cánovas-Maruri. Su premiada cubierta del Molinete, en Cartagena, ha sido seleccionada para representar a España en la Bienal de Arquitectura de Venecia

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Dice tajante, a velocidad de rayo: «Hoy, el 90% de los arquitectos, y me quedo corto, sirven solo al dinero y no a la gente. Caminando por las ciudades se ve claramente».

-¿Y se queda corto?

-Me temo que así es.

Andrés Cánovas (Cartagena, 1958), arquitecto y miembro del prestigioso estudio, con sede en Madrid, Amann-Cánovas-Maruri, se muestra tajante sin perder una sonrisa que procura mantener bien alimentada con buen humor. Está contento: una de sus obras, la cubierta para restos arqueológicos romanos del Molinete, en Cartagena, ha sido seleccionada por la Asociación Italiana de Arquitectura y Crítica, en colaboración con la revista de arquitectura holandesa 'A10', como representante de España para su participación en la Bienal de Arquitectura de Venecia, que arrancará en junio. «La elección de esta obra supone un hecho de extraordinario valor para Cartagena, ya que la Bienal de Venecia es el encuentro de arquitectura más importante del mundo, celebrado cada dos años», indica Cánovas. En el veneciano Palazzo Widmann se reunirán 40 grupos de arquitectos de cuarenta países, uno seleccionado por cada país; y allí se discutirán las nuevas tendencias de la arquitectura internacional.

«La cubierta del Molinete», recuerda el arquitecto cartagenero, «se ha constituido como una de las obras de arquitectura española más publicadas en el ámbito internacional en los últimos años, ya que ha sido referida en revistas y libros de Japón, Corea, China, Rusia, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia, Holanda, Bulgaria, Portugal, Croacia, Estados Unidos... y, por supuesto, España». Por esta misma obra realizada en Cartagena, vinculada a su pasado romano, Cánovas y sus compañeros de estudio fueron distinguidos con el Premio Nacional de Restauración y Bienes Culturales -dotado con 30.000 euros-, que concede el Ministerio de Cultura.

-¿En qué no cree?

-En la inspiración, ¡menuda tontuna! Ni la sensibilidad por sí sola da frutos, ni sin el trabajo se consigue nada interesante. No queda otra: hay que trabajar y hacerlo muy bien.

-¿Qué no es usted?

-Una persona especial.

-¿Qué no existe?

-La vocación. ¡Otra tontuna! Me preguntan mucho que por qué soy arquitecto. ¿Por qué? Pues, posiblemente, porque la cola para hacer la matrícula en Arquitectura era más corta que para otras carreras, porque de lo contrario podría haber sido ingeniero aeronáutico, profesor de Historia del Arte o qué sé yo.

-¿Y qué persigue con su trabajo?

-Que todos vivamos mejor. La buena arquitectura nos ayuda a pasar del sufrimiento al placer, que es algo que deseamos todos. Y también me gusta pensar que contribuyo a que la gente amplíe sus percepciones de las cosas. No debemos cerrarnos a entender las cosas de otra manera a la que estamos acostumbrados. Habría que eliminar la costumbre; nos resta posibilidades; es de lo peor que nos puede pasar. Tú estás acostumbrado a vivir de una determinada manera, en tu casa, con tus hábitos y tus manías, y salir de ahí termina costándote horrores. Sí, la costumbre es la perdición de cualquier espíritu de emprendimiento.

Transformar

-¿Qué propone para sustituir la costumbre?

-La excitación. A todos los niveles, la excitación nos hace sentirnos vivos. Cuando uno dormita, no vive.

-¿En qué consiste para usted vivir en paz?

-No en ser una persona de rutinas. Consiste en vivir honestamente y haciendo lo que tienes que hacer.

-Lo más importante, ¿qué es?

-En mi caso no tengo dudas: pasar por la vida sin dejar rastro. Habitualmente, los rastros que se dejan son terroríficos. Yo quiero pasar por aquí molestando lo menos posible, lo que no entra en contradicción con ser muy contundente en la defensa de todo aquello en lo que creo.

-¿Qué le gusta especialmente de ser arquitecto?

-Me permite intentar transformar las cosas: las ciudades, nuestra mirada sobre las cosas... No estoy dispuesto a renunciar a intentar transformar la realidad, porque claro que se pueden cambiar las cosas. Y no quiero decir con esto que los que queremos transformar la realidad seamos mejores que los demás. También en esto hay un poco de egoísmo: quiero cambiarlo todo a mejor y, al mismo tiempo, haciéndolo me siento feliz. Bueno, tampoco está mal matar dos pájaros de un tiro.

-¿Qué es la belleza?

-Armonía, placidez. Y no solo tiene una cara: hay mucha belleza en esa escena de 'El perro andaluz', de Luis Buñuel, en la que se ve con detalle cómo una cuchilla parte en dos el ojo de una señora. Y otra cosa que considero fundamental: la belleza también tiene el poder de proponerte acción, transformación o cambio; de lo contrario, hablemos de otra cosa y no de belleza.

-¿Qué tiene claro?

-Que hay que llevar cuidado con empeñarte en algo ciegamente, obsesivamente, porque eso puede conducirte a un gran sufrimiento. Hay que asumir que el azar está ahí y que juega constantemente con nuestras vidas. Debemos intentar manipularlo a nuestro favor. Ni personal, ni profesionalmente, hay que obsesionarse. Es mejor relativizar las cosas; enfrentarte a ellas con dureza, incluso violentamente y sin retiradas, pero sin obsesionarte. Cuando uno se obsesiona demasiado, posiblemente se convierte en un tipo dudoso y que antepone sus problemas a los de los demás. Y, al final, por ejemplo, a los arquitectos nos pagan para resolver los problemas de los demás. Soy arquitecto, pero no me siento el arquitecto que me pidieron que fuera. Me interesan muy poco los otros arquitectos puesto que no comparto sus intereses profesionales y de mercado. Y hasta, si se me permite decirlo, siento un enorme desprecio por muchos de ellos; esos de cuya dejadez y falta de medida todos nos lamentamos. No sé si soy mejor, pero todos los días pretendo ser distinto.

-¿Se divierte trabajando?

-Escribiendo sobre Messi, John Carlin hablaba de la importancia que para el jugador tenía el fútbol puesto que era más que una simple vocación o incluso profesión, era verdaderamente importante ya que era un juego. Para mí, como para el argentino el fútbol, la arquitectura es radicalmente importante puesto que es un juego que se disfruta muy seriamente.

-¿Qué tiene pendiente?

-Viajar a la ciudad siria de Baalbek para contemplar el Templo de Baco. A Roma puedes seguir yendo aunque estés ya muy viejecito, pero hay sitios a los que es mejor ir cuanto antes. Baalbek es uno de ellos.

-¿Qué necesita para sentirse cómodo en su propia casa?

-¡Una tele enorme para ver partidos de fútbol!

-¿Y que sea luminosa?

-Bueno, yo tengo mi salón preferido en un sótano que se mantiene a 19 grados durante todo el año. Lo que es maravilloso es tener agua, como también lo es, si te lo puedes permitir, disponer de un patio o de un pequeño jardín.

-¿Qué no dejará de hacer cuando vaya a Venecia?

-Ir a la Galería de la Academia a ver el pincel de Tintoretto. Sé que diciendo esto puedo parecer un gilipollas, pero es lo que voy a hacer. Será un momento maravilloso.

-¿Le importa parecerlo?

-Lo que de verdad me importa es no serlo.