La Verdad

«La cocina de sentimientos interesa más que la de artificio»

El chef Miguel Barrera, en el comedor de su restaurante, Cal Paradís, en Vall d'Alba (Castellón).
El chef Miguel Barrera, en el comedor de su restaurante, Cal Paradís, en Vall d'Alba (Castellón).
  • Miguel Barrera, chef de Cal Paradís

  • Miguel Barrera, chef de Cal Paradís, en Castellón, muestra mañana en Murcia la esencia de su restaurante

«La vida -dice Miguel Barrera (Vall d'Alba, Castellón, 1961)- son etapas, objetivos que vas cumpliendo». Su restaurante es un buen ejemplo de ello. Abierto como un negocio familiar que Barrera heredó con los años, en 2004 cambió por completo su imagen. Barrera buscaba darle una visión más personal, proyectar en él sus inquietudes culinarias y ofrecer un espacio diferente. Lo consiguió, aunque tuvo que esperar hasta 2013 a que llegara la estrella Michelin, otro punto de inflexión en el recorrido de su establecimiento, Cal Paradís. El chef estará mañana -18.00 horas- en Murcia Gastronómica con la ponencia 'La cocina de Miguel Barrera. Creatividad, producto y tradición'.

-¿Qué ha aprendido con los años?

-Que tienes que ser de verdad, no enmascarar las cosas, intentar hacer siempre lo que tú crees; lo que te dicen los sentimientos. Nuestra cocina no es una cocina de fuegos de artificio, es una cocina de verdad. Si no tuviéramos el tomate que tenemos aquí, la alcachofa de Benicarló o la trufa de Morella, no podríamos hacer la cocina que hacemos.

-¿Por qué decidió cambiar?

-Teníamos un restaurante que estaba muy bien, pero el espacio no nos permitía desarrollar nuestras inquietudes culinarias. Cambiar fue positivo, ahora hacemos lo que realmente queríamos y eso te hace sentir mejor.

-¿También la estrella Michelin?

-Sí, la estrella lo que hace es ponerte en el panorama nacional e internacional y te carga de responsabilidad. Es un reconocimiento que te llena de orgullo y estamos muy contentos de tenerlo. Nos da mucha felicidad, más autoestima y más seguridad.

-¿Quién es un apoyo?

-Mi mujer. Nunca podría haber seguido con este proyecto si no hubiera tenido su apoyo. Ella se ocupa de la sala, es la imagen del restaurante de cara a los clientes. Yo lo soy, quizá, de cara al exterior porque se le da más visibilidad a la cocina, pero el equipo somos los dos.

-¿Qué no se debería perder?

-La esencia. Hemos avanzado mucho, sobre todo a partir de El Bulli, pero no debemos olvidar nuestra memoria. En mi cocina me he propuesto avanzar hacia atrás, ver cómo cocinaban nuestros abuelos. Si soy sincero, creo que a la gente le interesa más la cocina de producto y de sentimientos que los artificios.

-¿Qué le sigue ilusionando?

-La gente que no engaña, que es de verdad, que es seria, que defiende su territorio, su tierra. No me ilusionan las fantasías y las cosas que no son sinceras, y sí el día a día y los detalles. Ayer [por el martes], por ejemplo, hablé con la chica que nos recolecta las trufas y le pedí que me trajera algunas porque me hace ilusión llevar a Murcia una trufa. Ese tipo de cosas me gustan.

-¿A qué le ayuda la cocina?

-Decaigo muy rápido, pero siempre busco motivos para tirar hacia adelante y la cocina me ayuda cuando tengo algún problema. Me pongo delante de los fogones y se me olvida todo.

-¿Viene con expectativas?

-Murcia es para mí como una hermana. En mi casa hemos comprado siempre pimientos, tomates y berenjenas que venían de allí. Murcia es una zona donde la gente es muy honesta y muy trabajadora. Cuando me llamaron para ir me hizo mucha ilusión.