La Verdad

'Foodies'

Usted, sí. Cuando sale a tomar un gin-tónic, ¿se detiene a valorar que la canela china, con su ligero toque picante, realza los matices dulces y cítricos de su ginebra? Y si es así, ¿opta por una Seagram's? y mientras toma su gin-tónic con los amigos ¿se solaza comentado qué botánicos combinan mejor con según qué marca de ginebra? Si la respuesta es negativa, usted no es un 'foodie'. Alguna noche festiva ¿ha participado en un 'mealsurfing'? Malo sería que no sepa la traducción, peor aún que no hubiera alternado en este tipo de cenas. Si es que no, usted no es un 'foodie'.

Como toda moda que se precie, el término 'foodie' nos llegó de Estados Unidos. Allá por 1984, Paul Levy y Ann Barr escribieron 'The official foodie handbook'. Definitorio es el subtítulo de la publicación: 'Be modern- worship food'.

El 'foodie' no es un gourmet. Estos valoran una buena comida y es cierto que son, o somos, aficionados a comer regaladamente, según definición del DRAE. Mas un gastrónomo aprecia por igual los componentes culturales en torno a la comida. El 'foodie' por el contrario, descontextualiza los alimentos que toma. Al 'foodie' le gustan por igual la cocina y la mesa.

Conoce a la perfección los utensilios del menaje de cocina, en la que se mueve con gracejo, y devora libros de recetas al tiempo que elabora las suyas propias. Las editoriales viven un momento de esplendor en lo que a edición y reedición de recetarios toca. Y los restaurantes con estrella Michelin no viven del gourmet, sino del 'foodie'. Son éstos quienes dan lugar a esas largas listas de espera en restaurantes tan publicitados (merecidamente).

Y nos queda un punto que sobremanera distancia al gastrónomo del 'foodie'; un 'foodie' es un 2.0 o no es un 'foodie'. Participa activamente en redes sociales y escribe en blogs propios y colabora en ajenos. Y, sobre todo, necesita marcar tendencia, tener 'followers'. Cuelga sus opiniones en el momento mismo de sentarse frente al plato. Instagram, con 200 millones de seguidores, es su herramienta de trabajo.

El movimiento, sin embargo, se fagocita. Está llegando a extremos en la mesa. Lean al respecto el artículo de India Mandelkerm 'Does the foodie has a soul?'. A veces, a todos, se nos va la cabeza.