«Nuestro cuerpo será un 'Gran Hermano' tecnológico lleno de nanosensores»

Amador Menéndez, en su laboratorio del Instituto Tecnológico de Materiales de Asturias./La Verdad
Amador Menéndez, en su laboratorio del Instituto Tecnológico de Materiales de Asturias. / La Verdad

Amador Menéndez Velázquez. Químico y divulgador científico. «No habrá robots tan inteligentes que superen al ser humano en todas las capacidades cognitivas y decidan prescindir de nosotros»

Javier Pérez Parra
JAVIER PÉREZ PARRAMurcia

El futuro que dibuja el químico Amador Menéndez (San Pedro de Nora, Asturias, 1969) es apasionante: nanosensores que nos avisarán con tiempo de un infarto, ventanas que proporcionarán electricidad a nuestra vivienda, robots que harán por nosotros las tareas más engorrosas. Lo cuenta en el libro 'Historia del futuro. Tecnologías que cambiarán nuestras vidas', que le ha valido el Premio Internacional de Ensayo Jovellanos. Anteriormente, ya ganó el Premio Europeo de Divulgación Científica. Además, formó parte del equipo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) que logró el récord mundial de eficiencia en la captura de energía solar. Quien quiera saber más podrá escuchar a este investigador del Instituto Tecnológico de Materiales de Asturias el próximo jueves y viernes en una serie de conferencias organizadas por la Fundación de Estudios Médicos (FEM) de Molina de Segura.

Murcia
Jueves 18. 9.00 horas, salón de actos del edificio Moneo.
Yecla
Jueves 18. 12.00 horas, Auditorio Juan Miguel Benedito Rodríguez.
Lorca
Viernes 19. 9.00 horas, salón de actos del IES Ramón Arcas.
Águilas
Viernes 19. 12.00 horas, Auditorio Infanta Elena.

-¿Cuáles son los grandes desafíos tecnológicos de nuestra era?

-Tanto la salud humana como la salud del planeta son dos de los grandes desafíos tecnológicos de nuestra era. Otro gran reto de la humanidad es el campo de la inteligencia artificial.

-Empecemos por la salud. ¿Qué puede aportar a la Medicina la nanotecnología, campo en el que usted es experto?

-La nanotecnología ofrece grandes aplicaciones en el campo de la salud. La primera es el nanodiagnóstico temprano y preciso. Una segunda aplicación es la nanoterapia, lo que se conoce como liberación inteligente de fármacos. En cáncer, tradicionalmente, los fármacos mataban tanto las células cancerígenas como las sanas. Por eso se debilita el sistema inmune y aparecen numerosos efectos secundarios. Hoy en día, la nanotecnología nos proporciona nanopartículas inteligentes capaces de identificar y matar a las células cancerígenas, dejando intactas las células sanas. Es la película 'El viaje fantástico' hecha realidad.

-¿Cómo logran esas nanopartículas identificar las células malignas, respetando las sanas?

-Son unas diminutas esferas en las que viaja el fármaco. Esas esferas tienen una especie de pegamento, de moléculas específicas, que se enlazan a las células cancerígenas pero no a las sanas. Son capaces de discriminar y por eso se llama liberación inteligente de fármacos. Es como tener un pegamento que pega en vidrio pero no en hormigón. Hablar de cáncer es hablar de un montón de enfermedades, pero ya hay numerosos tipos de cáncer para los cuales esta nanotecnología funciona en laboratorio, en ensayos con ratones. Y ya hay un primer fármaco para el cáncer de próstata.

-También ha hecho referencia antes al nanodiagnóstico.

-Sí, hablamos de diminutas partículas que actúan de sensores por el organismo. Nos dirigimos hacia lo que podríamos llamar un 'Gran Hermano' tecnológico dentro de nuestro cuerpo. Robert Langer, del MIT, ya ha desarrollado unas nanopartículas que, una vez ingeridas, envían a cada segundo datos del PH de nuestro estómago al teléfono móvil. En el futuro, habrá otras nanopartículas que circularán por el torrente sanguíneo y que permitirán monitorizar el corazón, los pulmones y diferentes parámetros vitales. Estos datos no solo llegarán a nuestro teléfono móvil, sino a la nube. Podríamos decir que el médico del futuro estará en la nube. Cuando nos da un infarto, quizá unos minutos antes sentimos dolor de pecho y sudores, pero ya hace varios días que el cuerpo empezó a funcionar de forma irregular. Si tenemos unas nanopartículas que están monitorizando nuestro ritmo cardíaco de forma continua, podemos anticiparnos a ese posible infarto. Esos nanosensores enviarán la información a la nube, un experto verá que hay alteraciones y mandará una ambulancia a nuestra casa que nos salvará la vida. Parece ciencia ficción, pero se está caminando en esta dirección.

-Usted también trabaja en el campo de la energía solar, buscando nuevos materiales. ¿Estamos cerca de poder aprovechar el potencial enorme de esta fuente de energía? ¿Dejaremos de depender de fuentes contaminantes?

-A nivel comercial, lo que está en la calle [para el aprovechamiento de la energía solar] es el silicio, las células de silicio. Pero son poco eficientes y caras de obtener, aunque ahora los chinos hayan reventado el mercado y estén tiradas de precio. Hay otras tecnologías alternativas basadas en materiales orgánicos, de carbono. Por ejemplo, nosotros estamos trabajando en unas pinturas que, al depositarlas sobre una ventana, la convierten en una pequeña central fotoeléctrica. Es una pintura capaz de atrapar la luz del sol para posteriormente convertirla en electricidad. Esto se puede hacer de forma barata y eficiente. El sol tiene un gran potencial, una sola hora de sol bastaría para abastecer las necesidades energéticas de la humanidad durante todo un año. Hoy tenemos células solares bastante eficientes y a un precio razonable, pero nos encontramos con obstáculos políticos y económicos. El petróleo sigue siendo poder y hay muchos intereses en que la energía solar no prospere. Ahí tenemos a Donald Trump, que dice que no cree en el cambio climático ni en las renovables.

-Hablamos de tecnologías que cambiarán nuestras vidas. ¿Hasta dónde puede llevarnos la inteligencia artificial? Porque en este campo, la imaginación corre muy deprisa.

-Hoy en día, está incluso sobrevalorada. Suelo hablar de una burbuja de la inteligencia artificial. Se dice que un día podríamos tener robots tan inteligentes que decidan prescindir del ser humano. Pero para que eso sea posible tendría que existir una inteligencia artificial general, es decir, una inteligencia que iguale o supere al ser humano en cualquier capacidad cognitiva. De eso estamos muy lejos, y creo que nunca llegaremos. Donde sí hemos logrado grandes gestas es en la inteligencia artificial estrecha, aquella referida a un campo muy específico. Un gran ordenador, 'Deep Blue', de IBM, ganó en el año 1997 a Gari Kaspárov, el campeón mundial de ajedrez. El año pasado, Google presentó 'AlphaGo', que logró ganar también al campeón mundial de este juego. Tenemos coches autoconducidos que conducen mejor que el ser humano. Pero esos ordenadores solo saben jugar al ajedrez, al 'Go' o conducir un coche.

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