El corrupto y el corruptor

Jerónimo Tristante
JERÓNIMO TRISTANTE

Me ha sorprendido mucho la sentencia del ‘caso Palau’ y, sobre todo, las informaciones que se han hecho sobre la misma. Hemos visto cómo se condenaba a unos tipejos que viven en el mundo de la política y que, además, pertenecen al ámbito del nacionalismo, así que todos contentos. Luego se han sucedido las condenas hacia lo que fue Convergencia: unas vienen de ERC, otras de la Colau, que si el PP, etc. Todos estamos de acuerdo en que vivimos en una cleptocracia y este tipo de políticos nos genera el más absoluto de los desprecios. Pero, ojo, hay una cosa que me ha llamado mucho la atención, y es que ni los medios, ni los otros partidos, ni siquiera los propios ciudadanos, hemos reparado en otros implicados en este asunto. Me refiero a nada menos que algo así como el 50% del problema, la mitad, el colaborador necesario. Me refiero al corruptor. De eso no se habla.

¿Quién fue antes, el huevo o la gallina? Porque a nadie se le escapa que para que exista un político corrupto tiene que haber alguien que le dé la pasta, el corruptor. ¿Se ha condenado a quien aflojaba ‘la mosca’ en el ‘caso Liceo’? No. Los exdirectivos de Ferrovial, Pedro Buenaventura y Juan Elízaga, que se enfrentaban a una pena de cuatro años y medio de prisión, fueron absueltos por la Audiencia de Barcelona, que entendió como prescritos los delitos de administración desleal y tráfico de influencias. Curioso, ¿no? Soy lego en la materia y persona simple, además, y supongo que habrá algún sesudo argumento legal para ello, pero no consigo entender cómo se condena a unos tipos por un sumario y otros, encausados en el mismo, quedan libres porque los hechos han prescrito. Pero doctores tiene la Iglesia

Transversalidad. El caso de las ‘tarjetas black’ -que aupó a Pablito Iglesias por el hartazgo de la parroquia ante tanta inmundicia- demostró que la corrupción política era absolutamente transversal en este país. En dicho caso se beneficiaron empresarios, sindicalistas, políticos del PP, del PSOE y de IU. Impresionante. Pero es que si repasamos el cotarro a nivel geográfico: tenemos al PSOE en el caso de los ERE de Andalucía, el PP en la ‘Gürtel’ en Valencia o CIU en Cataluña. Esto ocurre en toda España. No entiende de ideología ni de localización geográfica; luego, ¿dónde está la causa principal?

Siempre aparecen los mismos. Es por esto que llama la atención que independientemente de la formación política imputada, siempre aparecen los mismos actores como ‘paganinis’. Sabemos que importantes empresas del Ibex 35 aparecen en repetidamente en sumarios que van desde el ‘caso Palau’, pasando por la ‘operación Lezo’, la plataforma Castor, el ‘caso 3%’ u otros escándalos como los de la ‘Púnica’ o ‘Acuamed’. Si queremos atajar el problema, aparte de meter a los políticos corruptos en la cárcel, tendríamos que acudir a la raíz del mismo. Cuando usted tiene fiebre, el médico va a atajar la infección de raíz, a por las bacterias que son la causa del problema. En este caso, si no interrumpimos ese flujo de millones y millones, los corruptos seguirán surgiendo como setas. Ahora será este partido, luego el otro y más tarde el de más allá. Tantos millones no dejan indiferente a nadie y parece que la cantera de corruptos no tiene fin. Hay gente del mundo de las finanzas que se queja de que son los políticos los que demandan la mordida y que las grandes empresas se ven obligadas a entrar en esa horrible dinámica del 10%. Como este es un asunto de dos, no tiene lógica que sólo se castigue a los que causan la mitad del problema y es por esto que nuestra legislación debería atacar con más dureza al corruptor, precisamente para proteger a las empresas de la voracidad de sus propios consejos de administración. Me dicen que estas, sólo con cumplir la norma ISO 19600 sobre Sistemas de Gestión de Compilance, quedan eximidas de culpa. No debería ser así. Estas tremendas multinacionales de la construcción que aparecen en sumarios de Galicia, Barcelona, Huelva o Murcia deberían ser sancionadas con la máxima dureza, con enormes sanciones económicas. Así, a lo mejor, interrumpíamos el flujo de dinero. Y ahora viene la respuesta a la pregunta. ¿Quién podría cambiar la legislación para evitar que las empresas se presten a esto? Los políticos. ¿Lo hacen? ¿Se persigue a estas empresas? No. Luego ahí tienen la respuesta a la pregunta de antes: el huevo antes que la gallina. El corrupto fuerza al corruptor. Pero ambos delinquen por igual.

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