El Constitucional revisará el caso del 'paraca' militar que quedó tetrapléjico

Alejandro Clemente, que vive postrado en una cama desde el accidente, abrazado por su padre, Antonio./LV
Alejandro Clemente, que vive postrado en una cama desde el accidente, abrazado por su padre, Antonio. / LV

El abogado de Alejandro expone en su recurso que se vulneró la tutela judicial de su cliente porque la justicia militar carece de una segunda instancia

Jorge García Badía
JORGE GARCÍA BADÍAMurcia

Antonio ha podido disfrutar esta semana del único gesto que a duras penas puede hacer su hijo, Alejandro Clemente Cantó, condenado a vivir en una cama desde el 14 de febrero de 2007. Aquel día saltó desde 1.400 metros de altura, a los pies de la Sierra de Ricote, con el Escuadrón de Zapadores Paracaidistas del Ejército del Aire, con base en Alcantarilla, bajo las órdenes del sargento J.M.C.. «Cuando me ve contento sonríe, que no es poco». El motivo de la felicidad de este padre coraje tras años de pleitos se debe a que el Tribunal Constitucional ha admitido a trámite el recurso que presentó contra el fallo del Tribunal Militar Territorial Primero de Madrid, que atribuyó a la «mala suerte» el accidente de su hijo. Y absolvió de imprudencia al mando militar, a pesar de que autorizó el salto con un viento de 40 kilómetros por hora.

«Se lo he contado a mi hijo; a él solo le doy noticias buenas», subraya, esperanzado. La Sala admite el recurso de amparo por su «especial trascendencia constitucional, ya que plantea un problema o afecta a una faceta de un derecho fundamental sobre el que no hay doctrina en este tribunal».

Juan Martínez-Abarca, el letrado de la familia, explica que el recurso se presentó por vulneración de la tutela judicial efectiva «porque el fallo del Tribunal Militar Territorial no admite apelación. En esta jurisdicción no existe la segunda instancia y se nos habría creado indefensión al no tener opción a la apelación». Martínez-Abarca subraya que «estamos ante una oportunidad de crear jurisprudencia». El abogado cree que el auto «admite un defecto formal y de fondo». De hecho, se trata de una decisión con pocos precedentes: «El Constitucional acoge una de cada mil iniciativas particulares; solo suele atender los recursos planteados por las comunidades autónomas».

Dos magistrados mostraron su extrañeza por la pérdida de la caja negra del avión desde el que saltó la víctima

El Tribunal Militar Territorial ha juzgado en dos ocasiones el caso de Alejandro. El primer fallo, que absolvió al sargento que ordenó el salto, fue recurrido a la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo y esta ordenó que se repitiese la vista oral porque durante el juicio se «transmutó» indebidamente como periciales las declaraciones de testigos de la defensa. Sin embargo, el tribunal castrense retrotrajo las actuaciones al trámite de evacuación de conclusiones provisionales, de forma que la defensa del mando pudo plantear los referidos testimonios como peritos.

Votos particulares

El resultado del juicio fue el mismo y ni siquiera se planteó la responsabilidad civil del Ministerio de Defensa, de forma que la familia debe seguir costeando los gastos médicos, como el fisioterapeuta que se encarga de evitar que se le anquilosen a Alejandro las articulaciones y la musculatura. El letrado Juan Martínez-Abarca volvió a recurrir a la Sala de lo Militar del Supremo y esta no le dio la razón, pero dos de los cinco magistrados que componen la Sala formularon voto particular. «Lo primero que sorprende es que se haya perdido la hoja de cálculo del sondeo y que haya desaparecido el casco, la mochila y el paracaidas empleados por Alejandro Clemente Cantó, así como que se hayan borrado los datos de la caja negra de la aeronave desde la que se produjo el lanzamiento, y también que la sentencia de instancia simplemente lamente el hecho, pero no extraiga ninguna consecuencia al respecto», expusieron los magistrados. Tales consideraciones han sido incluidas en el recurso admitido por el Tribunal Constitucional.

El abogado explica que la defensa del sargento tiene diez días para alegar y a partir de ese momento puede pasar de todo: «El Constitucional puede anular la sentencia, ordenar la repetición del juicio sin tener en cuenta las periciales...». Antonio, el padre de Alejandro, tras once años pleiteando ya solo espera una cosa: «Un juicio justo». Es su único deseo porque ya nada puede remediar el diagnóstico de su hijo: tetraplejia espástica severa, con estado vegetativo crónico e irreversible.

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