«Para confeccionar una sola peluca se necesitan más de diez coletas»

Antonio Selma. / Vicente Vicéns / AGM
Antonio Selma. / Vicente Vicéns / AGM

Antonio Selma Peluquero en Salonissimo

MINERVA PIÑERO

Desde hace una década, las manos de Antonio Selma se encargan de dar forma y color al cabello de sus fieles clientes en Salonissimo, joven empresa murciana que este mes realizará cortes de pelo gratis a todos los que estén dispuestos a colaborar en la lucha contra el cáncer de mama. Los cálidos sofás de sus dos salones de peluquería, situados en el centro de Murcia y en Santiago el Mayor, esperan con impaciencia las melenas solidarias que serán donadas a la Asociación Española contra el Cáncer, organismo que remitirá el cabello a la Asociación Española de Posticería, situada en Murcia.

-¿Cuántos centímetros deben cortarse para donar el cabello?

-No basta con cortarse solo las puntas, como suelen pedirme. Para participar en este llamamiento solidario, los interesados tendrán que deshacerse, mínimo, de treinta centímetros de pelo. Para confeccionar una sola peluca, se necesitan más de una decena de colas de caballo. Normalmente, entre diez y catorce.

-¿Más requisitos que deban ser cumplidos?

-Que el cabello esté sano. Proceda de mujeres, hombres o niños, mientras que el pelo goce de buena salud, es bienvenido. El teñido también se admite. Lo único que asusta a la gente es la longitud del pelo que se tienen que cortar, los nombrados treinta centímetros. Debemos recordar que el pelo crece y, además, que las medias y cortas melenas se llevan bastante.

-¿Otras tendencias de moda?

-Aplicarse la taninoplastia, un tipo de alisado orgánico progresivo que se consigue a partir del calor, sin dañar el pelo; y el 'balayage', una técnica de coloración realizada con brocha a mano alzada que consiste en realizar claros y oscuros en el cabello. El resultado es espectacular, pues realza las facciones de la mujer.

-A mano alzada, como los pintores.

-Claro. La peluquería es un arte, una disciplina imaginativa en la que tienes que jugar con las diferentes texturas, colores y volúmenes. Como en la escultura y en la pintura, pero trabajando sobre una superficie diferente: la del cabello.

-¿Por qué suelen tener mayor distinción los hombres que trabajan en este sector que las mujeres?

-Mientras que muchas mujeres estudian esta profesión por inercia, el hombre que aprende a ser peluquero es porque quiere dedicarse seriamente, porque es su pasión. Entre todos los estudiantes que asistían a la academia en la que me formé, de hecho, solo éramos dos chicos.

-¿Le daba reparo pertenecer a esa minoría?

-Nunca. Vengo de una familia de peluqueros, y estaba acostumbrado al uso de las tijeras para cortarle el pelo a mi madre. Dentro de casa, vivía con la peluquería. La edad era un factor que me preocupaba más, pues todas las compañeras con las que compartía horquillas eran bastante más jóvenes.

-¿Significa un corte de pelo un cambio en la vida?

-Son dos hechos que están totalmente relacionados. Creo que es un fenómeno que nace, sobre todo, a raíz de una ruptura sentimental. En cierto modo, es un acto con el que la gente quiere expresar cómo se despoja del pasado. Muchas personas, por ejemplo, cuando se separan o se divorcian, lo primero que piden es una gran corte de pelo, o un tinte contrario al color que tenían.

-¿Son más atrevidos los jóvenes o los adultos?

-Antes siempre era la gente mayor, pero, actualmente, los jóvenes se arriesgan cada vez más con los cambios de imagen. Blancos, grises, rosas o azules, les gusta probar con nuevos colores de tinte, cambiar constantemente.

-¿Por qué?

-Por lo que ven en las redes sociales. La gente sigue las tendencias que suben las celebridades a internet, e imita los cabellos de colores y los cortes que llevan.

-¿Ha trabajado con famosos?

-En España, no. En una peluquería de Ecuador, país al que emigré durante dos años y medio para cambiar de aires, sí que traté con importantes clientes relacionados con el mundo de la política.

-¿Qué adoptaría de Ecuador?

-La importancia de la figura del peluquero. En Latinoamérica, el concepto de belleza goza de mayor relevancia que en España, es un ideal al que las personas rinden más culto. Los clientes se preocupan más por pintarse, peinarse y arreglarse. Dentro de nuestras fronteras, reina un estilo más informal.

-¿Es Murcia una ciudad estéticamente solidaria?

- Mucho. Desde hace más de dos años, tanto las tijeras de Asunciacón Cárceles, compañera y peluquera de los salones, como las mías, empezaron a colaborar con la Asociación Española contra el Cáncer, y hemos acumulado más pelo del esperado.

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