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«Todo el mundo conoce a mi papá»

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Esther y Hugo, ayer, en su casa de La Algaida, mostrando a sus hijos las fotos del Rey en la entrega de la Orden al Mérito Civil. / F. Manzanera / AGM

  • El 'héroe de Archena' consigue traer a sus tres hijos desde Paraguay gracias a la mediación de la Consejería de Familia

Las manos a veces le temblaban y durante el camino sufrió algún calambre, lo que le obligó a hacer más de media docena de paradas. Tardó seis horas en cubrir el trayecto a Madrid en un viejo Peugeot-405, que le prestó un amigo, y pasó toda la noche en vela en el aeropuerto de Barajas aguardando un vuelo procedente de Paraguay. Hugo Daniel López venció ayer las secuelas físicas que sufre desde la Navidad de 2014 por haber rescatado de las llamas a Trifón Abad. Nada ni nadie le habría impedido ayer reunirse con sus hijos: Pamela, de 11 años; Rodrigo, de 13 años, y Adamaris, de 6 añitos. «No tengo palabras para expresar lo que he sentido al verles», reconocía Hugo con los ojos bañados en lágrimas. «Cuando aparecieron por la terminal, los abracé y les dije que les quería mucho».

En el aeropuerto madrileño estrechó entre sus brazos por primera vez a su hija Adamaris, a la que todavía no conocía en persona. «Es 'murcianica'», contaba risueña su mujer, Esther, mientras explicaba que «la concebimos en la Región en uno de mis viajes, pero al quedarme embarazada regresé a Paraguay».

Ni ella ni sus hijos tenían permiso de residencia en España y justo cuando Hugo había ahorrado lo suficiente para dejar el país y pagarles una casita en Capiatá, las secuelas del incendio le postraron en una cama.

«¡Te voy a comprar una pulsera de princesa!», le gritaba ayer a su pequeña. Lo hacía sentado en el sofá de su casa, mientras explicaba a sus hijos por qué le llaman el 'héroe de Archena' y les mostraba la foto en la que el Rey Felipe le entregó la Orden al Mérito Civil. Un honor que se ganó al rescatar a Trifón del incendio que calcinó una casa de La Algaida, en la que cuidaba a este anciano de 94 años.

Los niños se comían a su padre a besos escuchando su relato. «En Paraguay le decía a mis amigos que mi padre era un héroe», repetía Rodrigo con gesto de admiración. «A mi papá le conoce todo el mundo en España», resumía orgullosa Pamela a un equipo de 'La Verdad' que pudo asistir ayer al reencuentro de esta familia.

Su reagrupación familiar no ha sido sencilla y la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades ha mediado con el Servicio de Extranjería. Entre otros requisitos, les exijan unos ingresos de 1.500 euros al mes, algo imposible para el matrimonio. El padre no puede trabajar porque sigue recibiendo rehabilitación, y su mujer solo dispone de un permiso de residencia por circunstancias excepcionales, que le impide ser contratada. «Alguien que arriesga su vida por una persona mayor es un héroe y merece tener a su familia; el presidente regional me encargó que los trajese», justificaba la consejera Violante Tomás.

Pero cuando obtuvieron el permiso de reagrupación familiar, surgió otra piedra por el camino. «Los trámites en España han sido largos y los billetes de avión que el Gobierno de Paraguay compró ya habían caducado. Le pedí auxilio a la Consejería porque no teníamos dinero para comprar otros y el visado caducaba en tres meses. No queríamos volver a iniciar el papeleo», relataba Esther. La consejera Tomás contactó con el Rotary Club Murcia Norte y se comprometieron a pagarlos.

Hoy, recepción oficial

El donativo de cerca de 4.000 euros de los rotarios permitió a los niños embarcar en Paraguay rumbo a Madrid. Hoy está previsto que la consejera y el presidente de Rotary Club Murcia Norte, José María Riquelme, reciban a la familia en la sede de la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades (12.30 horas). Se les entregarán unos regalos a los niños y Violante Tomás informará a los padres de algunos trámites. Su departamento se ha dirigido a las consejerías de Educación y Sanidad para la escolarización de los niños en la pedanía de La Algaida y la obtención de la tarjeta sanitaria. «Vamos a trabajar para que no les falten recursos».

Aunque para Pamela, Rodrigo y Adamaris lo más importante eran los arrumacos que recibieron ayer de sus padres y de compatriotas como Ana, que se encargó de montarles una fiesta de bienvenida en su nueva casa. «Han sufrido mucho», reconocía tras rociar de confeti a los pequeños. Eran las 13.29 horas, pero ni el hambre ni el cansancio del vuelo y el viaje por carretera les impidieron explorar con curiosidad su nuevo hogar.

Las dos niñas entendieron rápidamente que la puerta decorada con mariposas era la de su habitación, y Rodrigo estudiaba en qué pared de su cuarto poner un póster de Neymar. Cuando se sentaron a la mesa para comerse las chucherías que les había preparado Ana, el brindis estaba cantado: «¡Por la familia de Hugo y Esther, por fin están juntos!».