La Verdad

Sergio, con su familia, a su llegada al penal militar de Alcalá Meco.
Sergio, con su familia, a su llegada al penal militar de Alcalá Meco. / / AUGC

Rutina espartana para ser indultado

  • El guardia civil condenado por insultar a un mando cumple sus obligaciones en la cárcel, mientras el PSOE formaliza su petición de perdón para el agente

Una celda individual y un pequeño aparato de televisión. Son los únicos privilegios que Sergio tiene desde que el 29 de enero ingresó en la prisión militar de Alcalá Meco, para cumplir una condena de cuatro meses por insultar a un sargento primero del cuartel de la Guardia Civil en Irún. Sergio está siguiendo una rutina espartana en la cárcel para obtener el indulto que él mismo, su mujer, Ana, y la Hermandad Santa María Magdalena de Cieza han solicitado al ministro de Justicia, Rafael Catalá.

Cada día su despertador suena a las 7.45 horas y lo primero que hace es limpiar su celda. A las 8.30 horas se marcha a desayunar y después vuelve a coger la fregona para limpiar el comedor. Este gesto lo repite tres veces al día para cumplir con todas sus obligaciones y demostrar que es un reo ejemplar para ganarse la medida de gracia que el Gobierno central concede en Semana Santa.

Su pabellón no es conflictivo porque son pocos presos y la mayoría tienen condenas cortas. De hecho, Sergio y sus compañeros tienen en común el haber sido condenados por el Código Penal Militar, ya que sus delitos habrían sido considerados por la justicia ordinaria como faltas leves o graves que no están penadas con cárcel. El 80% de los inquilinos de su pabellón son militares y el 20% guardias civiles como Sergio, que actualmente está destinado en el cuartel de Archena.

Aunque debería estar asistiendo todas las mañanas a cinco talleres obligatorios, no lo hace porque ahora mismo solo están impartiendo uno de manualidades y es optativo. El horario de visitas es de 16 a 19.30 horas, pero su mujer y su hija residen en Cieza y no pueden desplazarse a diario Madrid, porque Ana está en paro y la condena de Sergio incluye la suspensión de empleo y sueldo. Cuando no hay visita de la familia, toca machacarse en el gimnasio hasta las 17.30 horas. Las secciones se cierran a las 21 horas y Sergio regresa a su celda a las 22.30 horas. Solo en ese momento es cuando enciende la televisión para desconectar de una rutina que se repite de lunes a domingo como un bucle. Todas las tardes sale a correr por el patio para cansarse porque tiene problemas para conciliar el sueño y las horas muertas las mata jugando al dominó y al ping-pong con sus compañeros de pabellón.

«Su primer y último pensamiento del día es para nuestra hija», cuenta su mujer que se ocupa de acercarle las noticias del exterior. La última fue que el Pleno del Ayuntamiento de Murcia aprobó solicitar su indulto al Ministerio del Interior. También le informó de que los diputados socialistas María González Veracruz y Diego López han presentado una proposición no de ley al Congreso de los Diputados, que «insta al Gobierno a pronunciarse favorablemente» en relación con su indulto.

La iniciativa recuerda que «se trata de un agente con doce años de servicio y un historial intachable» y añade que cuando ocurrieron los hechos en 2006, «cumplía servicio en Euskadi durante un tiempo en el que la Guardia Civil todavía era objetivo de los atentados de ETA».

Su mujer reconoce que «está siendo un trago muy duro para mi marido porque no ha cometido ningún delito para estar ahí». Pese a todo, Ana asegura que cuando recupere la libertad «está decidido a volver a ponerse el uniforme porque le gusta su trabajo». El 11 de marzo, Celia, la hija de Sergio, cumplirá dos añitos. Su padre no podrá soplar las velas con ella.