Colas para votar a primera hora y goteo desigual por la tarde

Un grupo de alumnos, votando en La Merced. /Martínez Bueso
Un grupo de alumnos, votando en La Merced. / Martínez Bueso

Los alumnos, ajenos en muchos casos al proceso, rebajaron ligeramente su participación, que se mantuvo alta con el 12,6% del censo

Pedro Navarro
PEDRO NAVARRO

En pequeñas avalanchas controladas. Así votaron en la jornada de este martes los alumnos de la Universidad que quisieron participar en las elecciones. En el campus de Espinardo, los más ansiosos guardaron pacientemente cola poco antes de las 10.30 horas para depositar su voto tras la apertura de las mesas, alguna de las cuales demoró el inicio de la jornada por pequeños líos con las instrucciones. «Mejor quitárselo pronto, que enseguida empieza el mogollón», comentaba un estudiante en la Facultad de Comunicación junto al candidato José Antonio Gómez, primer aspirante en ejercer su derecho.

Y tenía razón. Minutos después, decenas de universitarios abarrotaban un estrecho pasillo que daba acceso al lugar de votación en el edificio de Ciencias del Trabajo. Entre ellos, en un espacio que generaba cierta sensación de claustrofobia y respetando su turno, José Luján, el segundo de los ‘rectorables’ en aparecer. Casi a la misma hora, Emilio Martínez hacía lo propio en la mesa correspondiente a su facultad, la de Filosofía.

A partir del mediodía tenían previsto depositar su papeleta los dos últimos candidatos, Pedro Lozano y Pablo Artal, en el que es su centro común, el de Química. Tras un pequeño ‘impasse’, se produjo un nuevo aluvión en la sala designada para acoger las urnas. «¡Aquí hay mucha gente! Yo lo dejo para luego», señalaba un joven al ver la situación. Lozano, que acababa de salir de una clase, sorteó hábilmente el gentío para introducir su voto. Cuando Artal llegó, la afluencia había vuelto a bajar, que, en general, no volvió a ser la de las primeras horas y quedó en un goteo desigual.

Las cifras a primera hora de la tarde en la mesa de Educación mostraban, no obstante y pese a las apariencias, un escaso interés del alumnado, cuya participación en ese centro no alcanzaba el 5%, y que contrastaba con el alto porcentaje exhibido por el profesorado. Finalmente, la participación de los alumnos fue del 12,6%, solo dos puntos menos que en los anteriores comicios.

«No me he informado durante la campaña y no conozco las propuestas de los candidatos, así que prefiero no votar para no equivocarme», reconocía Ana, alumna de primer curso de Medicina, que portaba un disfraz tribal y estaba más interesada en la fiesta que los novatos de la titulación daban para los veteranos. Más de un estudiante aludía al mismo argumento para justificar su abstención. «No tenía ni idea de que hoy había elecciones», contestaba otra joven en la cafetería de Educación, a preguntas de un camarero.

Diversas inquietudes y propuestas respaldaban, sin embargo, el sufragio de aquellos que sí quisieron participar en este proceso. «Vengo a votar para apoyar un cambio en la política de tasas y becas, poco equitativa y ajustada a la realidad de los estudiantes», proclamaba Borja. Los matriculados en carreras sanitarias preferían incidir en el asunto de las prácticas y el de la preferencia de la universidad pública sobre la privada. «Hay gente que tiene serios problemas con el transporte», exponía Aurora, alumna de un máster.

Entre el profesorado, Fran, profesor contratado de Odontología, prefería poner el foco en la dificultad para encontrar financiación para proyectos de investigación. Él trabaja actualmente con células madre gracias a financiación. Mercedes espera, en cambio, simplificación burocrática y de trámites administrativos gracias a una apuesta decidida por las nuevas tecnologías. Razones todas ellas para participar en un cambio que, sea cual sea el sentido de sus votos, llegará a La Convalecencia.

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