Los vecinos de Joven Futura exigen una salida al limbo legal

Una de las calles de la urbanización Joven Futura, ayer, a unos metros de la zona que quieren convertir en parque metropolitano. / EDU BOTELLA / AGM

Un año después del intento fallido de resolver el entuerto la cooperativa sigue con dudas y con preocupación la falta de soluciones políticas

Manuel Madrid
MANUEL MADRIDMurcia

La urbanización Joven Futura, en Espinardo, vive en un limbo legal desde que el Tribunal Supremo anulase en 2016 la tramitación del plan parcial por carecer del informe de recursos hídricos de la Confederación Hidrográfica del Segura. Ha pasado un año desde que el equipo de Ballesta intentase legalizar la situación cumpliendo la hoja de ruta de los servicios jurídicos, pero el secretario del Pleno consideró que es insuficiente el único voto favorable del PP, pues se requiere mayoría cualificada para retomar el proceso con una modificación del Plan General.

El Gobierno local insiste en que solo hay que subsanar «cuestiones formales», pero la oposición no parece dispuesta a darle facilidades. De hecho, el PP sigue estando solo. Pero los vecinos se preguntan por qué no hay una voluntad real de resolver el entuerto. Sí, pueden vivir tranquilos porque lo que hay construido ya no se va a tocar, según el concejal de Urbanismo, Antonio Navarro, pero es inevitable la preocupación. ¿Y si soplan vientos contrarios? En el fondo, los afectados sienten la urgente necesidad de que se disipen las sospechas. Y, sobre todo, que los murcianos dejen de considerarles como los culpables cuando son «víctimas».

Así lo resume Francisco Ruiz, de 37 años y vecino de la calle Jerónimo Tristante: «Ni somos hijos de Rockefeller ni los malos de la película: solo somos gente que quiere sentirse parte de Murcia y vivir con dignidad».

La urbanización Joven Futura (2006) cuenta con alrededor de 1.400 viviendas repartidas en 24 edificios de entre ocho y once plantas. Es el único proyecto de vivienda para jóvenes que cuajó en España durante el 'boom' e incluso durante la crisis, ya que el año pasado se vendieron las últimas viviendas. Hoy solo quedan con cargas 32 bajos comerciales, que los vecinos desean que estén disponibles cuanto antes para que puedan establecerse nuevos negocios. El último emprendedor que ha llegado al barrio es Eduardo López, de 28 años, vecino de Espinardo, que acaba de abrir la cafetería-librería Rayuela. Ayer, en lo que debía ser un solitario agosto, le faltaban manos para atender a todos los clientes al mismo tiempo. «Estamos muy contentos. Vimos una oportunidad de negocio y nos lanzamos. No tenemos música, no ponemos copas. Creo que hemos dado en el clavo». Joven Futura, pese a la distancia -entre la Ronda Oeste y la avenida Juan Carlos I, pero no tiene acera con Espinardo, pedanía de la que depende-, se considera un barrio más de Murcia. La implicación de la asociación de vecinos ha sido determinante para que la urbanización disponga de una calidad de vida que anhelan otros lugares del municipio.

Bulevares peatonales, zonas infantiles y de esparcimiento canino, jardines cuidados, autobús, bici pública, huertos de ocio y equipamientos deportivos. ¿En qué afecta que el plan parcial no sea del todo legal? Chencho Mateos, presidente de los vecinos, recuerda que esa es la principal excusa para que se incorpore al barrio una extensión de 43.000 metros cuadrados que los vecinos quieren convertir en un parque metropolitano junto a la Torre Falcón, vieja casona que esperan que se convierta en lugar de convivencia y dinamización.

El espíritu reivindicativo es 'marca de la casa', y unos 200 residentes han realizado donativos para conseguir que se rebajen los valores catastrales. Un edificio ya lo consiguió, y esperan llegar hasta el final para que el recibo del IBI no siga por las nubes.

Andrés Pérez, propietario: «Esto no se va a tirar, pero es una papeleta»

«Compré la casa hace un año. Fue de las últimas en liquidación -a los últimos se les eximió de formar parte de la cooperativa- y a mí en ningún momento me advirtieron de que había un problema legal con el plan parcial. Yo sé que no se va a tirar esto, porque aquí están metidos los ahorros de 3.000 personas, y se te ponen las orejas tiesas. Yo me cambié de un tercero sin ascensor en San Basilio a un bajo con videoportero, ascensor y piscina, y con una calidad de vida que uno no imagina. Acabo de aterrizar, estoy a gusto y feliz, la única pega es la papeleta del plan parcial».

Francisco Ruiz, propietario: «No somos los malos de la película»

«Yo vivo en la última manzana, en la H -es sobrino de Jerónimo Tristante y vive en la calle Jerónimo Tristante-. Es la última construida y parece siempre que los vecinos somos los malos de cara a la sociedad. Pero lo cierto es que estamos pagando uno de los IBI más caros de Murcia. Yo tengo un piso de 71 metros y pago al año 520 euros. Somos gente que quiere que se conserve la huerta, que el barrio esté cuidado y bien dotado de servicios, y queremos vivir dignamente. Estamos intentando ser sostenibles, y si estamos consiguiendo pequeñas cosas es en parte gracias a los vecinos».

Eduardo López, emprendedor: «Nos lanzamos con un bar y hemos acertado»

«Yo soy de aquí cerca, y conocía la zona, y vi que había una necesidad de abrir un establecimiento nuevo. Y me lancé con una propuesta de bar-cafetería y librería. Le hemos puesto Rayuela, no solo por el libro de Cortázar sino por la afición que hay en Murcia a este juego tradicional. Creo que hemos dado en el clavo porque no conozco ningún otro concepto parecido en la zona. Hemos iniciado todos los trámites en el Ayuntamiento y hemos solicitado licencia para la terraza, y no hemos encontrado ninguna pega. A Joven Futura le hacen falta espacios como este».

Chencho Mateos, Pte A.A.V.V.: «Podría haber más negocios abiertos»

«Hace 18 meses que presentamos una reclamación para que se revisen los niveles catastrales, y los vecinos estamos aportando dinero porque el proceso es ganable en los tribunales. Hay un edificio que paga la mitad del IBI y nos estamos moviendo para conseguir lo mismo con abogados y reclamaciones, y mucho trabajo. Afortunadamente, gracias a la asociación, que estamos muy encima de todo, tenemos más servicios, pero todavía hace falta que haya más negocios en bajos, la comercializadora y la Sareb no trabajan de forma ágil».

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