Las semillas de la ciencia

Alumnos de los campamentos tecnológicos conocen el montaje de drones./ALFONSO DURÁN / AGM
Alumnos de los campamentos tecnológicos conocen el montaje de drones. / ALFONSO DURÁN / AGM

El Centro Europeo de Empresas e Innovación de Murcia enseña a los pequeños la impresión en 3D y el montaje de drones. Treinta y dos alumnos de 6 a 14 años descubren curiosidades de la tecnología en los campamentos primaverales del Ceeim

MINERVA PIÑEROMURCIA

Pequeñas piezas que conforman un minúsculo semáforo, silbatos, esqueletos de drones diminutos, alas de juguete de Lego y llaveros de 'Star Wars'. Son los objetos creados, a través de la impresión en 3D, por 32 alumnos que han participado en los campamentos tecnológicos del Centro Europeo de Empresas e Innovación de Murcia (Ceeim).En las dos ediciones organizadas en Semana Santa y en las Fiestas de Primavera, respectivamente, los pequeños de la casa han conocido de cerca las curiosidades que les brinda la tecnología. «Queremos fomentar la creatividad de los niños, abrir sus mentes al mundo tecnológico. El objetivo es que aprendan mediante juegos, a través de trabajos reales realizados por ellos mismos. Les guía un tutor», descubre Esther Peñalver, directora de Ceeim.

Tres son los campos educativos que aborda la Tecnoescuela del centro. La programación, la robótica y el reciclaje DIY ('Do It Yourself'), un sistema de trabajo que persigue recuperar, a través de la tecnología, objetos aparentemente inservibles. En los dos encuentros primaverales, organizados durante las vacaciones del curso, los aprendices, de entre 6 y 14 años, han trabajado en tres diferentes espacios del Centro Europeo de Empresas e Innovación, situado en el Campus Universitario de Espinardo.

Captar el mundo exterior

El aula de formación es la primera parada. «Han aprendido, sobre todo, programación física», comenta el guía de los pequeños, Juan Pedro Martínez, técnico de electrónica en comunicaciones. «Captamos el mundo exterior a través de sensores, ya sea mediante la luz, el movimiento o la temperatura, e introducimos esta información en una placa microcontroladora. Después, a través de un ordenador, realizan la programación de estas placas. Han conocido estructuras básicas».

La teoría no se quedó en el aire. Su aplicación se realizó en un taller de electrónica, donde los atentos colegiales demostraron sus conocimientos en juguetes reciclados y en drones defectuosos, entre otros objetos. «Con la programación hemos recuperado el movimiento de cacharros que ya no tenían vida, como el desplazamiento de un antiguo coche de juguete teledirigido, o el de un mono que realiza aplausos con platillos», enfatiza el tutor. Asimismo, los escolares estudiaron los numerosos elementos que componen los drones. «Les gusta conocer cuál es el proceso anterior al paso final, desmontar los aparatos. También aprenden a utilizar estos vehículos aéreos, de forma controlada».

Después de tres días, el viaje educativo finaliza en una impresora 3D. «Les enseñamos a crear piezas y ellos mismos imprimen objetos». Un llavero de 'Star Wars' es el recuerdo con en el que los pequeños, cargados de ilusión, regresan a sus casas.

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