El reino de Dios reclama humildad

¿Cómo nos sentiríamos ante un discurso en el que el orador empezara diciendo: «Las prostitutas van mejor encaminadas que ustedes»? Supongamos que esto ocurre en el parlamento, en la universidad o en un templo, donde un diputado, un profesor o un cura se dirigen a la gente en estos términos. Esto mismo ocurrió cuando Jesús se dirigió a los dirigentes y a los sumos sacerdotes judíos y les dijo: «Las prostitutas los preceden en el Reino de Dios». Con ello desenmascaraba su proceder injusto y su infidelidad engañosa. Esto mismo podemos decir también nosotros ante toda situación de mentira y de engaño, de hipocresía y de falsedad, de corrupción e infidelidad. La palabra de Dios de este domingo nos invita al arrepentimiento, a practicar el derecho y la justicia de Dios (Ez 18,25-28), a trabajar de veras en la viña del Señor (Mt 21,28-32) y a afrontar la vida cristiana y eclesial siguiendo el camino de humildad, de obediencia a Dios y de entrega de Jesús, el Señor (Flp 2,1-11).

Esto queda plasmado sobre todo en la segunda parábola de la viña del evangelio de Mateo (Mt 21,28-32), en la cual se contraponen las respuestas y las actuaciones inconsecuentes de dos hijos del amo ante la invitación del padre a trabajar en la viña; el que había respondido afirmativamente no fue a trabajar, y el que había respondido negativamente, se arrepintió y sí fue. De las dos parábolas de la viña, la del domingo pasado y la de éste, se desprende una interpelación clara de Jesús a los sacerdotes y fariseos como sectores dominantes del pueblo de Israel. Con dichas parábolas Jesús pone en evidencia las actitudes religiosas de quienes reivindican ser los primeros, bien porque se consideran los elegidos en exclusiva por parte de Dios, o bien porque se creen los que más méritos han hecho para merecer una recompensa mayor. Asimismo, Jesús desenmascara la incoherencia y la falsedad de quienes guardan las apariencias pero sus acciones y comportamientos no se corresponden con la voluntad de Dios y su exigencia de justicia.

El juicio de Jesús queda patente en las sentencias conclusivas de ambos relatos, a saber: «Los últimos serán los primeros» (Mt 20,16) y «de veras les digo que los publicanos y las prostitutas los preceden en el reino de Dios» (Mt 21, 31b). Los sumos sacerdotes y los ancianos del templo eran los miembros de la clase dirigente en lo social y en lo económico, legitimados por la función religiosa que desempeñaban. La crítica de Jesús hacia ellos raya en el insulto mediante la comparación con las prostitutas. Con su observancia de la ley como representantes de la religión oficial judía pretendían encubrir su falta de fe en Dios y su vida de espaldas al prójimo. Aparentemente dicen que sí a la voluntad de Dios, pero su comportamiento deja mucho que desear, pues el verdadero culto a Dios debe ser el amor al prójimo y el único sacrificio agradable a Dios es la entrega de la vida por amor. La falsedad y la hipocresía, la mentira y la incoherencia, la infidelidad a la palabra dada, la doble vida o la doble moral no son aceptables ante Dios, y mucho menos en los dirigentes sociales, políticos y religiosos. Por eso Jesús los critica. Las prostitutas también pertenecen al sector de «los últimos» en el rango social y pasan a ser de «los primeros» en la valoración de Jesús.

Así pues, el Señor, a través de su palabra, nos llama a todos hoy a la conversión, a trabajar en la viña del Reino de Dios y su justicia y a afrontar la vida con la humildad y el espíritu de servicio del mismo Cristo, Señor nuestro.

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