«Padre, aquí le devuelvo el Libro de Santa Bárbara»

Alegría. El párroco de San Pedro hojea el libro recuperado junto a la talla de Santa Bárbara, de Salzillo./
Alegría. El párroco de San Pedro hojea el libro recuperado junto a la talla de Santa Bárbara, de Salzillo.

Un feligrés de San Pedro Apóstol entrega las valiosas Constituciones de una cofradía perdida con documentos sobre Francisco Salzillo

Antonio Botías
ANTONIO BOTÍASMurcia

«Vengo a devolverle a la parroquia este libro». Así, tan escueto y claro, se presentó hace unos días un murciano ante José Sánchez, párroco de San Pedro Apóstol y quien observó intrigado el paquete que le tendían. Curiosidad que pronto devino en admiración al descubrir que, después de dos décadas largas, un valiosa obra, considerada ya perdida como tantos tesoros en esta ciudad, retornaba al templo. Se trataba de un libro que, de mano en mano, había pasado por varios destinos desde que el anterior párroco, sin prever qué sucedería, lo cedió a un investigador. Hasta que el último poseedor, vaya usted a saber el motivo, decidió que tenía que devolverla.

La obra, encuadernada en piel y con una conservación espléndida, se titula 'Libro de Santa Bárbara. Cabildos y cuentas del Depositario'. Está fechado en 1733 y reúne, precisamente, eso: la «Fundación y demás papeles originales de la Ilustre Cofradía de la Gloriosísima Virgen e ínclita mártir Santa Bárbara». Es una antigua institución que, según anuncia en su portada, «se erigió en diez y nueve de febrero del año del Señor de MDCCXXXIII».

Las 'Constituciones' que muchos autores refieren, pero pocos habían visto, destacan que el número de cofrades será de setenta y dos, en memoria de «los discípulos de Cristo nuestro bien». Además, doce de los elegidos tenían que ser sacerdotes, en reverencia a los apóstoles, «y los demás, ora sean sacerdotes ora seculares», aunque a todos se les exigía ser «hombres virtuosos, de buena vida y loables costumbres. El objetivo de la flamante cofradía era realizar obras de caridad, sobre todo y de forma especial «con los pobres enfermos encarcelados».

El libro contiene también un valioso documento para la historia de la ciudad, texto ahora recuperado tras la inesperada entrega del ejemplar. Se trata, como se destaca al margen de una de las páginas, del «Ajuste de la imagen de talla de Santa Bárbara». Es el acuerdo alcanzado entre la cofradía y el entonces afamado y genial escultor Francisco Salzillo para realizar la imagen de Santa Bárbara.

El día 12 de junio de 1730, el párroco fundador de la institución y los mayordomos Francisco Pérez Marín, Antonio Jiménez Pérez, José Romero García y Juan de Contreras decidieron que se hiciese «una imagen de talla» de la santa, que debía ocupar un lugar de privilegio en el templo. Eligieron «por artífice a D. Francisco Salcillo [con 'c'], maestro de escultura de esta ciudad, quien hizo un modelo que pareció bien a todos».

Una torre con tres ventanas

El escultor, según el contrato firmado, debía ceñirse a ese modelo y entregar una imagen de «siete palmos de estatura», dorada y estofada. A Salzillo le encargaron también un ángel que «pareciese bajara a la santa una corona de flores». Ángel que, por cierto, no se encuentra hoy en la parroquia donde, desde aquel siglo, se da culto a la imagen en una de las capillas principales, en el crucero. Al conjunto se sumaba «la palma y una torre con tres ventanas, distintivo de esta gloriosa virgen».

El precio de la obra ascendía, según se reflejó en el libro, a un total de 1.900 reales y el escultor tenía que entregar la obra antes del 24 de noviembre de aquel año, como así hizo. Fue entonces cuando se inscribió el encargo y su resultado en las 'Constituciones'.

El mismo ejemplar aporta numerosos datos sobre el funcionamiento de la institución, sus miembros y el devenir de la misma, que aguantaría en su cometido hasta el siglo XIX. Por ejemplo, refiere la vida de otro murciano olvidado, el cura pintor Manuel Sánchez, a quien ya citara el profesor universitario José Sánchez Moreno, también, como aquél, director del Museo Salzillo y académico de la Real de Alfonso X.

Contaba el autor en su investigación 'El pintor Senén Vila (1640-1707)' que el sacerdote pintó una Purísima para la parroquia de San Pedro Apóstol. Y aportaba como prueba un documento contenido en el Libro de Santa Bárbara, texto que ahora podrán admirar otros estudiosos del arte para sacar sus propias conclusiones y no escribir según referencias.

El texto, además, arroja luz sobre los orígenes de la cofradía, como es lógico. Sus líneas desvelan que la institución se creó el día 2 de noviembre «de este año de 1729», cuando «Dios nuestro Señor, por sus altos e inescrutables juicios para mayor gloria suya», movió el corazón de don José Palacios y Salinas, «comisario del Santo Oficio de la Inquisición de este Reino y Ciudad de Murcia, cura propio de la parroquial del Sr. San Pedro de ella».

Un cura pintor

Al párroco se sumaron los «señores eclesiásticos de su iglesia» para impulsar la devoción a Santa Bárbara y acordaron que se pintara un lienzo «de dicha gloriosa santa a toda costa, y que se colocase en una de las capillas de dicha iglesia». Los feligreses apoyaron el encargo que se hizo al sacerdote Sánchez y luego aplaudieron el resultado.

La devolución de tan importante obra para la historia de la Iglesia en Murcia ha animado a la parroquia a celebrar esta semana la festividad de Santa Bárbara de una forma especial. El párroco limpió la talla y celebró su festividad el pasado lunes con una eucaristía a la que asistieron centenares de fieles. Casi tantos como pudieron admirar las remotas 'Constituciones' que el buen corazón de un desconocido, cuyo nombre desea que permanezca en el anonimato, han permitido devolver al lugar del que nunca debieron salir.

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