Murcia recuperará sus blasones

Murcia recuperará sus blasonesGráfico

Un historiador dirigirá la colocación en las calles de una treintena de escudos históricos almacenados. Son obras de arte labradas entre los siglos XVII y XVIII y devolverán al casco histórico de la ciudad su estética barroca

ANTONIO BOTÍASMURCIA.

Ensalzaron los egos de rancias familias mientras adornaban las fachadas de sus palacios. Aunque al tiempo embellecieron aquella Murcia barroca que asombró a muchos. Sin embargo, la mala gestión política, cuando no los intereses urbanísticos, los desastres naturales o el expolio, arrinconaron tan bellos emblemas casi al olvido. Hasta que un joven historiador, Álvaro Hernández Vicente, tuvo una idea sorprendente: devolver aquellos escudos olvidados en almacenes o en el Museo Arqueológico al lugar que ocuparon. Y tanto el Ayuntamiento como la Comunidad han dado el visto bueno a la iniciativa que, en pocos meses, permitirá a los murcianos admirar tan cuidadas obras de arte en las calles.

En su mayoría, los escudos pertenecen a la colección del Museo Arqueológico y han permanecido expuestos en su puerta, aunque sin orden ni concierto, durante décadas. El proyecto, impulsado por el alcalde de Murcia, José Ballesta, y el consejero de Cultura, Javier Celdrán, es una tarea ya avanzada. Hernández ya ha identificado los escudos y su antiguo emplazamiento. Solo resta solicitar los permisos oportunos, públicos y privados, para instalar las piezas en las fachadas. Esta labor correrá a cargo del Consistorio. Pero, ¿qué es exactamente lo que se quiere recuperar?

Entre la desamortización en el siglo XIX y la década de los años setenta del siglo XX, como destaca Hernández, director del proyecto, «se produjo la desaparición de casi la totalidad de las casas señoriales de la ciudad». A eso habría que sumarle cómo la piqueta, con la aquiescencia de los políticos de turno, arrasó espléndidos palacetes: el de los marqueses de Beniel, en Trapería; el palacio Riquelme y el del marqués de las Almenas, el del conde de Roche, el del marqués de Ordoño... Sin tener en cuenta esa flagrante cicatriz que supuso la apertura de la Gran Vía. De aquella sinrazón, en cambio, quedaron algunos vestigios en forma de escudos que, o bien se reintegraron en las nuevas edificaciones, o pasaron a formar parte de la colección del museo.

Los murcianos podrán disfrutar de los antiguos emblemas con las armas de la ciudad. Las piezas, catalogadas como BIC, resumen la historia de las grandes dinastías y añadirán un nuevo aliciente turístico

De rancio abolengo

Los escudos del Arqueológico se conservan por la meritoria actuación de la antigua Comisión Provincial de Monumentos, sobre todo a partir de 1884. Ya entonces se recomendaba rescatar las piezas durante las demoliciones de casas, valorar su calidad artística e incluso exponerlas en sitios públicos.

El abolengo y el poder de las familias se plasmaba en estos escudos, auténticas cápsulas de piedra de la historia de la ciudad. Entre las piezas que se podrían recuperar figuran, por ejemplo, el escudo de la familia Palao, que adornó su casa ubicada en la calle Madre de Dios, donde se levanta hoy el Hotel Hesperia.

No muy lejos de allí, en la plaza Fontes se alzó la mansión de los Melgarejo, en cuyo escudo se representaban los Avellaneda, Carrillo, Galtero y Riquelme. A los Melgarejo perteneció la magnífica pieza labrada en el siglo XVII y recuperada en su día de la calle Vinader. Ofrece los típicos cinco palos y cinco calderos que identifican este remoto linaje murciano. En otra plaza, la de Cetina, se colocaría el escudo de los Álvarez de Belmonte.

La zona de Santa Teresa recuperaría el escudo de la familia Calderón de la Barca, de modelo italiano, datado en el siglo XVIII y que presenta un buen estado de conservación. Al mismo lugar retornarán los blasones de los Fuster, señores de Hortichuela y dueños de una casa que más tarde convertiría el conde de Roche, Enrique Fuster y Roche, en un imponente palacio. El escudo de la familia que Hernández propone restituir a la antigua calle del Porcel está datado en el siglo XVII y es de estilo italiano.

«Quien no procura subir»

Como no menos nobleza atesoraban los Elgueta, cuyo escudo adornará la calle de la Merced, donde lució. Respecto a esta familia, la pieza fue retirada de la misma fachada que otra de los Fernández de Mesa. Son auténticas joyas del siglo XVIII e incluyen inscripciones como «Quien no procura subir vive para no vivir».

A la plaza de Santo Domingo se reintegrará el antiguo escudo de los Briceño, que presenta leones, flores de lis y las cruces griega y de Alcántara. Más sencillo y más antiguo es el de los Cascales, con sus características nueve cabezas de adormidera y que lució en la calle Sociedad antes de su traslado al Museo Arqueológico. Al otro lado de la Gran Vía, la plaza de Santa Catalina se verá enriquecida si se colocan en una de sus fachadas las armas de los Lisón: un escudo con otras tres flores de lis y datado en el siglo XVIII. Y eso, sin contar los escudos que identificaban a las armas de Castilla y León que había en el Palacio de San Esteban. O el que representa las armas de la ciudad y que estuvo en un edificio contiguo al actual Ayuntamiento capitalino.

Cada una de las piezas, que están catalogadas como Bienes de Interés Cultural y en su mayoría restauradas hace años por la Comunidad Autónoma, permitirán a murcianos y visitantes admirar la estética barroca del casco histórico de la urbe.

Resulta curioso anotar que, en algunos casos, todavía no han logrado los investigadores identificar algunos escudos de los que fueron retirados en su día. Eso sucede, entre otras, con dos piezas, una del siglo XVII y del siguiente la otra, que representan una torre entre dos lanzas y un león rampante, junto un águila bicéfala, además de otros motivos. Pero que no se sepa a qué linaje corresponden no implica que se desconozca dónde estaban colocados: en la calle de la Merced y en la calle Sociedad.

Otras vías afortunadas con este novedoso proyecto serán la de Ruipérez, donde se instalará el escudo de los Piñero, que luce un pino flanqueado por dos asnos sobre ondas de agua; y en la histórica calle Madre de Dios, sitio donde estuvo el escudo de los Palao, del siglo XVI.

Fuentes municipales adelantan que en las próximas semanas se perfilarán los detalles de este proyecto que devolverá a los murcianos algunas de aquellas bellas piezas que durante siglos adornaron sus calles y fueron símbolo y orgullo de históricas sagas familiares.

Al respecto y en colaboración con la Comunidad Autónoma se creará una comisión que determine los plazos a seguir, los edificios donde se colocarán y las necesidades que establezca su categoría de BIC. Meras gestiones frente al disfrute de cuantos vuelvan a verlas enseñorearse en las calles y plazas.

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