«Me impresionó ver desde aquí las nubes de fósforo de los muertos»

Juan Cuello, con un plano del área protegida del monumento. / A. Durán

Juan Cuello, uno de los vecinos que más ha luchado para unir a los afectados, asegura que el interés por el cerro es imparable

M. M. G. MURCIA

«Cuando vuelvo de viaje y veo por algún sitio la iluminación del Santo parece que entro al salón de mi casa y descanso. Es mi punto de encuentro». Juan Cuello, intermediario en la compra de limones para la exportación y especialista en gestión urbanística de fincas, tiene 60 años y nació bajo las murallas del castillo. A escasos metros se encuentra el cementerio de la pedanía. «Es la casa grande, de aquí allí el trayecto es muy corto, y ese será mi último viaje. El de arriba es el que manda».

Desde que tiene recuerdos siempre ha visto turistas. «Me tocaba acompañarles porque no había indicativos, el interés siempre ha existido y la estampa del cerro es la misma que hace 50 años. Hoy, hasta de noche se las apañan para subir, pese a que no es visitable». Hace años hubo un intento de construir una casa en el perímetro protegido del monumento y fue demolida. Ahora, la zona está vaciándose. Reformar una vivienda antigua en un casco urbano con una alta protección limita. «Por eso nos jugamos el futuro: o seguimos siendo un pueblo envejecido o damos un golpe de timón y restauramos el pueblo y damos atractivos y servicios a los turistas. Lo que necesitamos en Monteagudo es una seña de identidad».

Tenía 18 años cuando descubrió algo escalofriante: que desde la base del Sagrado Corazón de Jesús se veían de noche nubes de fósforo. Procedían del camposanto. «Eran como bengalas azuladas, y luego me enteré de que era el fósforo de los muertos. ¡Los pelos se me ponen como escarpias!». En la ampliación de la necrópolis sacaron rocas de sillería con engarces de plomo que correspondían a época romana. Pero restos arqueológicos, de todas las épocas, han aparecido en casas y huertos, sobre todo cuando metieron la red de saneamiento en la zona. «Esto ha sido un expolio continuo», dice su mujer, Paqui García.

Juan Cuello solo piensa en que Monteagudo salga del anonimato y pueda prosperar como destino turístico. Incluso propone que la cantera abandonada de La Cueva, un barrio de la pedanía, se sume a la oferta por su atractivo: «Es un gran olvido, hay más de 40.000 metros, que son hoy un huerto y un vertedero interior, que puede ser un lugar excepcional para cualquier acontecimiento. Los propietarios, que son tres, están perfectamente en disposición de negociar con el Ayuntamiento para permutar el suelo».

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