La Verdad

La sardina cae del cielo

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El saltador que cayó con la sardina derrapó en los instantes finales cayendo el paracaídas sobre las autoridades que esperaban al símbolo del Entierro. / Alfonso Durán / AGM

  • Siete militares de la Papea traen al personaje, que fue entregado por el coronel jefe de la Base de Alcantarilla

Era sorpresa, hasta minutos antes de que llegara la hora. Fue entonces cuando se supo que el popular pescado vendría por el aire y lo haría con la ayuda de la Papea. La sardina iba a caer del cielo, en paracaídas y de una manera totalmente espectacular. Pero el viento y la tarde desapacible complicaron las cosas. Si la meteorología no lo permitía, los paracaidistas no se podían lanzar. Minutos antes de las siete se dio el visto bueno y empezó el espectáculo.

Apostados en La Glorieta estaban sardineros, Corporación municipal e invitados. Miraban al cielo mientras un 'speaker' narraba la historia de la Papea y la base aérea de Alcantarilla. De repente, anunció que el salto se había producido. Aunque en ese momento los protagonistas era diminutos puntos negros en lo alto del firmamento. Poco a poco, pasaban los minutos, y se iban vislumbrando los colores de la bandera de España de los paracaídas. Por un lado cuatro saltadores, que serían los primeros en llegar, por otro, tres más, lo encargados de descender con las banderas. La situación se fue poniendo tensa conforme los paracaidistas se iban acercando. La pericia de los militares, que nadie puso en duda, permitió que llegaran al punto exacto donde debían hacerlo. Por momentos muchos pensaban que lo harían en medio del Segura.

Gritos, emoción, adrenalina y mucha tensión fueron la tónica de esos minutos finales. Los paracaidistas hicieron caídas perfectas, en plena avenida Teniente Flomesta, acompañadas de aplausos y ovaciones.

Y llegó el momento crucial, la llegada de la sardina. El encargado de traerla tuvo un percance en el último segundo por culpa de un golpe de viento y terminó derrapando en el asfalto, con todo su paracaídas cubriendo las cabezas de las autoridades que, bajo los colores de la bandera de España, aplaudían el momento. La espectacular llegada se completó con el aterrizaje de los tres últimos militares, cada uno con una bandera: la de la Papea, la de Alcantarilla y la de España. El coronel jefe de la base aérea, Fernando Goy, hizo entrega de la sardina al alcalde de Alcantarilla, Joaquín Buendía, quien, a su vez, se la dio al regidor murciano.

Mientras sonaba el Himno Sardinero, Doña Sardina y el Gran Pez, acompañados de varios festeros, pasearon el famoso recién aterrizado por la calle, ante los aplausos de todos los asistentes. Entonces, todos los protagonistas subieron al balcón del Ayuntamiento y lo mostraron a los murcianos que poblaban la Glorieta. Y en el Salón de Plenos, el alcalde, José Ballesta, agradeció a la Papea su espectacular llegada a Murcia. «La gente estaba entusiasmada, estos actos hermanan a los pueblos», dijo. Y le hizo entrega al coronel jefe, al alcalde de Alcantarilla y al presidente de la Agrupación Sardinera del facsímil con el Concejo de Murcia. «Coged la sardina y llenad de alegría y vitalidad las calles de Murcia», terminó el primer edil.

En el balcón de La Glorieta, Joaquín Buendía, alcalde de Alcantarilla, hizo la entrega formal de la sardina que ya luce en la fachada consistorial, hasta mañana, cuando el fuego ponga fin a las fiestas. Esta noche, tras un desfile que comienza a las 20 horas en Belluga, Doña Sardina leerá sus últimas voluntades en La Glorieta, partir de las 22.30, con su tono satírico y su empeño en no dejar títere con cabeza. Será el principio del fin del personaje festero que comenzará entonces a contar las horas que le quedan de vida en esta Murcia primaveral.

La llegada de la sardina a Murcia se festejó con un desfile que recorrió la Gran Vía y aledaños. Personajes infantiles, dinosaurios gigantes, comparsas de carnaval y grupos de baile convocaron de cientos de personas a lo largo de todo el recorrido. Destacable fue un grupo de Italia que, armados con tambores y cornetas, hacían piruetas con enormes banderas. También los personajes del Rey León, que dejaron con la boca abierta a los más pequeños.