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María Pina lee el testamento desde el balcón del ayuntamiento. / NACHO GARCÍA/ AGM

«Murcia está a tope»

  • Doña Sardina repasa con gracia en su Testamento la actualidad local: AVE, aeropuerto, PAS y Mar Menor | La periodista María Pina no se olvidó del autobús turístico, ni del de ‘Hazte Oír’, ni del puñetazo del portero de discoteca al joven Andrés Martínez

Horas le quedan a la sardina. Las fiestas se acaban y el fuego se encargará, esta madrugada, de poner fin al jolgorio sardinero. María Pina, consciente de su final, se lo tomó con humor, igual que sus predecesoras, y fue capaz de despertar más de una risa con la lectura de sus últimas voluntades apostada en el balcón del ayuntamiento. "Déjenme solo un momento, tengo mucho que decir y dejar en testamento", comenzó la periodista. María Pina apareció subida en una carroza, acompañada de otras Doñas Sardinas como Noelia Arroyo, Eva Abril y María José Besora. De la misma manera llegó el Gran Pez, José María Martínez, también acompañado de predecesores en el cargo, como José María Albarracín, Patricio Valverde y Kike Boned. Ambas llegaron en el cortejo del desfile del testamento que calentó motores al gran momento con música, alegría y baile.

  • Texto íntegro del testamento de Doña Sardina

  • Testamento de la Sardina

  • Recorrido del desfile del Entierro de la Sardina

No faltó ninguno de los temas de más actualidad tanto en la ciudad como en la Región. Para romper el hielo, el Mar Menor. "Corre por Murcia el rumor que faltan espacios verdes, que no es verde la Región, ¿es que no hay ya quien recuerde que ahora es verde el Mar Menor?". También hubo temas recurrentes, aquellos que por falta de solución salen una y otra vez en el testamento de Doña Sardina. «En España no hay dinero, es lo que dice Fomento, para pagar túnel tan hondo, en vez de soterramiento parece un pozo sin fondo». El AVE tuvo de nuevo su espacio. "Murcia Madrid en el AVE, se va a hacer solo en dos horas, más otras dos, no se alarmen, que tardarán con su coche, de La Glorieta hasta El Carmen». Luego están las cuestiones que a Doña Sardina no dejan de llamarle la atención. «Me subí al bus turístico, para ver Murcia en Febrero, lo cristiano y lo moruno, conmigo los pasajeros, creo que llegaban a... uno».

El doble de Ballesta

No faltaron palabras para la intensa actividad festiva del alcalde José Ballesta. «Se le ve en todos los frentes, o hay un doble a su medida o no hay horas suficientes». Al respecto, no perdió la oportunidad de darle un consejo. «Coja usted el bastón de mando también en las pedanías, lo que empieza se termina, Corvera sin su aeropuerto, Beniaján sin su piscina».

Recordó Doña Sardina aquel día que la ciudad disfrutó de una bonita nevada. «La gente se volvió loca, pues cayó la intemerata, los niños abrían la boca, se pensaban que era horchata». Dedicó también unas palabras de cariño al joven gravemente herido tras sufrir un puñetazo por parte, presuntamente, de un portero de discoteca, «triste fue aquella noticia, mi reproche a ese portero y que al fin se haga justicia». Tras estas sentidas palabras, volvió la ironía a la lengua de Doña Sardina. No podía obviar el autobús de 'Hazte Oir'. «Que nos engañan, él reclama. El tiburón tiene aleta y Doña Sardina escama».

Por supuesto, no faltaron los versos dedicados al ex presidente. «Ya se marchó Pedro Antonio, ‘pa’ salvar a los murcianos, dicen la SER y la COPE, se marcha a un lugar lejano porque Murcia está a tope». Para otro presidente, el de la Agrupación Sardinera, Gregorio González, fueron palabras más amables. «Ocho años de trabajo en la fiesta sardinera, sin descanso en el terreno, ojalá que el que viniera sea la mitad de bueno».

Y llegó la despedida y con ella los buenos deseos. «Sardineros, preparaos, que mañana es el gran día, para niños y mayores, un desfile de alegría, de países y colores». También hubo compromisos, «porque Murcia se engalana, mírame bien y promete, no habrá niño que mañana, se quede sin su juguete». Los vivas de Doña Sardina retumbaron con las respuestas de los sardineros que, bajo el balcón, corearon sus rimas y pitaron sus ironías. Un castillo de fuegos artificiales puso fin a la noche.