La Verdad

El 'Entierro de día' abarrota Murcia

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Gente apelotonada en el paseo de Alfonso X El Sabio al paso de un grupo sardinero, cuyos integrantes repartieron pitos y regalos. / J. CARRIÓN / AGM

  • El centro se queda pequeño para los miles de visitantes tentados por la mañana sardinera

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Miles de personas abarrotaron las plazas y calles del centro de la ciudad en busca de una mañana sardinera plagada de música, buen rollo y el típico aperitivo murciano. Las cervezas volaban por los aires y las marineras fueron la tapa estrella de una jornada que se ha convertido en ineludible para muchas personas, el populoso 'Entierro de día'. A las once partía de Belluga un pasacalles sardinero que ayudó a convocar al gentío por las calles del centro. En la plaza Circular, el propio alcalde repartía entre los ciudadanos las flores que durante toda la semana habían estado decorando la Redonda. Por todos los rincones había música y gente dispuesta a pasarlo bien.

  • El pasacalles da el pistoletazo de salida al Entierro de la Sardina

  • Los sardineros ocupan el centro de Murcia

  • Una mañana con Doña Sardina

«Esto está imposible», contaba a 'La Verdad' Paula Martínez, que salió junto a su novio, Sergio Villaescusa, al encuentro de otra pareja de amigos para tomar el aperitivo. «No sabemos si los vamos a encontrar porque apenas podemos avanzar». Caminaban por un Alfonso X donde a mediodía no cabía un alfiler. Las barras a reventar, el paseo totalmente lleno y por las vías una charanga tras otra amenizaban a la masa de gente que se encontraba por la zona. «Nosotros nos tomamos una cerveza por aquí y nos vamos a alejar un poco del centro porque aquí no se puede estar y vamos con niños, que lo ponen todo más difícil», aseguró Andrés Gallego, vecino de Murcia.

Los bares apenas daban abasto para servir todo lo que la gente demandaba. De hecho, fue imposible hablar con ellos porque el público reclamaba su atención. Marineras, caballitos, croquetas, arroces y mucha cerveza. Los murcianos y visitantes salieron con hambre y sed, y eso que muchos restaurantes aprovecharon para aumentar sus precios y sacar tajada de la jornada. «Nos han cobrado 12 euros por un plato de arroz, que además sabe a quemado y está duro. Esto es un abuso, y ni siquiera nos podemos quejar porque no tienen tiempo de atendernos», destacó José Alberto Sánchez, en la barra de una marisquería de la plaza de Santa Catalina. Este entorno urbano vio de nuevo desbordadas sus previsiones, ya que la presencia policial mejoró con una pareja de agentes, que estuvo en todo momento controlando que no sucedieran los temibles 'botelleos' que alertan a los vecinos.

Largas colas en ventorrillos

El jardín de La Fama (o de los Perros) fue otro punto neurálgico, pues entre las cinco barracas instaladas en el recinto y el bar que permanece fijo allí, el público estuvo garantizado. Los ventorrillos vieron largas colas para acceder a sus comedores. «Estamos ya 15 minutos esperando al sol, pero merece la pena porque somos de fuera, de Albacete, y venimos a comer aquí expresamente», contaba Jesús Jiménez, que aguardaba pacientemente para entrar en una de las barracas junto a sus dos hijos, su mujer y otra pareja de amigos.

La tarde fue, como siempre, para Pérez Casas. Esta zona peatonal ha sido un clásico en las tardes del Entierro y aunque últimamente haya reducido su afluencia por las quejas vecinales y la intensificación de los controles de ruido, la tarde del Entierro es ineludible. Imposible pasar de un lado a otro de la calle sin armarse de paciencia. Los sardineros, acompañados de los hachoneros tirando del carro, fueron capaces un año más de convocar a miles de personas que ante la falta de espacio fueron ocupando también Alfonso X.

«Llevamos años viniendo aquí el día del Entierro y eso que no venimos en todo el año, pero este sábado, la tarde siempre la pasamos aquí», resaltó a 'La Verdad' Lola López, mientras disfrutaba de la tarde junto con su pareja, José Miguel, y otros amigos.

A pesar de todo, de los apelotonamientos, de las colas para ir al aseo, de los agobios para andar por las calles, de los niños pitando por todos los rincones, de los globos asesinos que chocan contra las cabezas inocentes de los viandantes, de los carros de bebé que pisan los pies de quien se pone por delante, de los reporteros de radios y televisiones que asaltan para sacar declaraciones, de las despedidas de soltero y soltera por cada esquina y con más ganas de fiesta que los propios sardineros; a pesar del mal olor que fluye de los bajos de los aseos portátiles, de los camareros hartos de fiesta, de los juguetes que vuelan por los aires desde las bolsas sardineras para aterrizar en las cabezas sin ningún miramiento, de los ligones sin pudor y de las ligonas más atrevidas. A pesar de todo, merece la pena porque los murcianos y visitantes disfrutaron de una agradable jornada en una fiesta que más que calentar motores de cara al Entierro los achicharra.