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Reparto de juguetes a las sardinillas, ayer. / F.M./ AGM

Los sardineros regalan juguetes e ilusión a los niños de acogida

  • Menores tutelados por la Comunidad desfilaron vestidos de sardinillas en un emotivo evento: «Es importante para dar un toque socialmente»

El patio del Cuartel de Artillería se convirtió ayer por la mañana en una auténtica fiesta, con el IX Encuentro de Sardinillas, que desde 2008 celebra la Agrupación Sardinera y que permite la participación activa en las Fiestas de Primavera de los niños acogidos en centros tutelados por la Comunidad Autónoma. El encuentro comenzó con las animadas actuaciones de los grupos musicales invitados, de Osaka (Japón) y Heroica Matamoros (México). El sábado se unirá otra agrupación holandesa para completar el desfile del Entierro de la Sardina.

Con el cuerpo ya hecho a la música y el baile, fue el turno de las sardinillas. Cerca de un centenar de menores de los centros de protección y de los programas de acogimiento de la Comunidad Autónoma desfilaron con trajes de sardineros, confeccionados por ellos. Los extrovertidos sonreían con la boca abierta mientras saludaban con la mano al nutrido público asistente.

Una vez terminado el cortejo todos corrieron hacia la puerta de entrada del edificio donde tienen su sede los sardineros. Les esperaban 60 grandes cajas llenas de juguetes.

«Esto lo hacemos por verles con una sonrisa, porque estos niños normalmente no acceden a este tipo de eventos y nosotros les abrimos las puertas», señaló Juan Pedro Belando, de la juguetería donante. Miriam Giovanelli, Doña Sardina, no daba abasto durante el reparto, ante la emoción de los pequeños. «Esto fue uno de los motivos por los que acepté el reto y el honor del cargo. Es uno de los eventos más entrañables y emotivos de las fiestas, que también los niños estén felices y contentos».

«Te enseñan a valorar la vida»

La participación de los pequeños «es importante porque hace que tengan un día distinto a lo cotidiano. Se sienten protagonistas. Y socialmente es un toque para decir que existe», reconocía una educadora especial. «Trabajar con ellos es una experiencia increíble, aprendes muchísimo y te llenas como persona. Te enseñan a valorar lo que tiene la vida», corroboró una voluntaria.