La Verdad

«Como en Murcia en ningún lado»

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Doña Sardina, la actriz Miriam Giovanelli, tras la lectura del testamento, en el balcón de la Casa Consistorial en La Glorieta / J. CARRIÓN / AGM

  • Doña Sardina habla de AVE, de San Esteban, del aeropuerto y del Real Murcia en su Testamento

Su suerte está echada y su sentencia de muerte es una realidad. La sardina tiene las horas contadas y el trágico final se acerca. Consciente de su fatal destino, el popular pescado no ha tenido más remedio que dictar sus últimas voluntades. Pero no de cualquier forma. La sardina todo lo convierte en fiesta y su Testamento llegó precedido de un espectacular desfile que partió desde Belluga y recorrió la calle Alejandro Séiquer, la plaza de Santo Domingo, Las Claras y Gran Vía, para terminar en La Glorieta, donde aguardaban las autoridades para tan solemne momento. El pasacalles comenzó con una vistosa actuación de un grupo mexicano que combinó música con coreografías. Se dejaron ver comparsas de carnaval de varios municipios de la Región, no faltaron los ‘minions’, Mario Bross y las tortugas Ninja. Música y colorido para la lectura del tragicómico testamento sardinero.

  • Pdf:Testamento de Doña Sardina

  • «Murcia me ha encantado»

De nuevo, desde el balcón la Casa Consistoria -el último año fue en el Palacio Almudí por las obras en el Ayuntamientoj-, la sardina, Miriam Giovanelli, procedió a leer sus reflexiones pre-mortem. «Sardineros, eros, sardineras, eras…», comenzó la actriz convertida en delicado pez.

Sobre creyentes y ateos

Inició su presentación identificándose ante los presentes. «Soy en Velvet yo la mala, aunque ahora sea morena, rubia soy más conocida, lo de rubia no se entrena, que mi rubio es de teñida». Alabó la tierra murciana y contó el amor que siente por ella. «Tierra pura y positiva, al de aquí lo vuelve loco, y al de fuera lo cautiva». Y empezó a repartir. «Tiene Murcia un bus turístico. Que nadie aquí se me ofenda, que tampoco quiero líos. Tanta gente sin vivienda y el bus dos pisos vacíos». También hubo para los sardineros: «La pelea creyente-ateo resuelve sin ton ni son, igual golfea en el Entierro que no se pierde procesión». La polémica del aeropuerto estuvo presente, como desde hace años, en el texto sardinero. «Se hizo larga nuestra espera, ahora solo faltan naves o que alguno dimitiera».

Para el fútbol también reservó su espacio de crítica Doña Sardina. «Cuando veo al Real Murcia en la tabla liderando, tengo fe en que ascendemos, luego se me va pasando cuando veo lo que debemos». Y con respecto al AVE, dejó un mensaje muy claro a los que mandan: «Los que mandan no se enteran, por eso les hablo claro: lo que quiere Murcia entera es el AVE enterrado y sin tierra San Esteban». Bonitas palabras dedicó a la Infanta Cristina y a su marido una Doña Sardina que no dejó títere con cabeza. «Soportan tanta presión Cristina y Urdangarin, es tanto su sacrificio, que a la Infanta se oyó decir: ¡Un día de estos pierdo el juicio!».

Una dentadura para Ballesta

Y llegó entonces el momento de las últimas voluntades. Empezó con el drama de los refugiados. «A todos los que permiten el drama del pueblo sirio, al que mira y no se espanta al ver todo ese martirio: una espina en la garganta». El segundo heredero fue el alcalde José Ballesta. «Le dejo una dentadura. Y no piense que es poco eso, porque en su nueva andadura tendrá que roer más de un hueso». Otro regalo envenenado fue a parar a los hombres que maltratan a las mujeres. «Una espina muy muy grande para los hombres que matan pensando que es su conquista. A ver si acaba la lacra de la violencia machista». A los hachoneros les dejó un beso porque «trabajan con despilfarro. Nadie lo podrá negar, son los que tiran del carro».

La despedida la hizo Doña Sardina, que ha disfrutado de lo lindo estos días, recordando la hora de su cortejo y que lo pueden ver en directo «por la 7 o GTM». Con unas bonitas palabras terminó la actriz su lectura. «Dejo escrito para siempre y lo digo en testamento, que esta tierra me ha encantado. ¡Viva Murcia! No te miento, como en Murcia en ningún lado».