Convalecientes con ángel

De pie, Mahamadou Fofana (Malí), los voluntarios María José Funes y Fernando López Meseguer, Andy Adjei (Ghana), Tango Saah (Ghana) y Encarna Ródenas. Sentados, Habib Boukhatem (Argelia), Mohamed Basnousi (Argelia) y Fátima Aitlougagh (Marruecos), en una foto de familia./GUILLERMO CARRIÓN / AGM
De pie, Mahamadou Fofana (Malí), los voluntarios María José Funes y Fernando López Meseguer, Andy Adjei (Ghana), Tango Saah (Ghana) y Encarna Ródenas. Sentados, Habib Boukhatem (Argelia), Mohamed Basnousi (Argelia) y Fátima Aitlougagh (Marruecos), en una foto de familia. / GUILLERMO CARRIÓN / AGM

El Ayuntamiento financia con 100.000 euros esta iniciativa que cubre los gastos de alojamiento y atención a pacientes en proceso de rehabilitación. Murcia Acoge ha atendido a 352 inmigrantes enfermos con un programa pionero en España

Manuel Madrid
MANUEL MADRIDMurcia

El goteo de pateras que arribaron a la Región fue incesante en junio de 2017. En una de ellas embarcó el argelino Mohamed Basnousi. Presentaba una diabetes infantil muy avanzada de la que no estaba siendo tratado. Al ir indocumentado fue derivado a un centro de menores. Ciertamente parece un adolescente, aunque su aspecto físico no corresponde con su edad real (25 años). La diabetes ha acelerado su osteoporosis y tiene afección renal y hepática por el aumento anormal de la cantidad de glucosa en sangre (hiperglucemia). La descalcificación pudo ser el motivo de la fractura espontánea de su pie derecho, de la que va a ser próximamente intervenido.

Mientras llega ese momento está al cuidado de su 'familia' en Murcia: los compañeros del piso que tiene alquilado Murcia Acoge en Santa María de Gracia gracias a un programa pionero de asistencia a inmigrantes convalecientes. La enfermera María José Funes, coordinadora de esta iniciativa surgida en 2001, invitó a 'La Verdad' para conocer la realidad de estos chavales que sin esta ayuda podrían estar hoy en la calle.

«Tienen que verle muy bien ese pie -advierte María José- porque están valorando la posibilidad de dejárselo fijo, sin movilidad, y eso será una imposibilidad para él». Mohamed apenas lleva 11 meses en Murcia y puede manejarse en español gracias a Fernando López Meseguer, uno de los voluntarios de la organización, enfermero de 64 años que también colabora, desde hace 30 años, con entidades como Cruz Roja.

Cuando la patera de Mohamed entró en el puerto de Cartagena, Fernando estaba precisamente en el dispositivo de atención. Aún recuerda la cara rendida y descolorida del joven. «Por su fisonomía y por sus andares, no pasaba desapercibido. Y tampoco por su arrojo. A pesar de su dificultad había completado la travesía y recibido la solidaridad de sus compañeros. Aquello me conmovió. Le perdí la pista. Cuando vine al piso y lo vi, le dije: ¿Tú eres Mohamed?».

Una corbata para la foto

Mahamadou Fofara, maliense de 35 años, sonríe por todo. Para la foto del periódico se ha puesto una corbata de rayas. La media de estancia en estos pisos es de 6 meses, pero con Mohamadou se permiten todo tipo de bromas porque lleva dos años. «Se está librando porque es del Real Madrid», le chincha Encarna Ródenas, la 'mamá' del clan, trabajadora de Murcia Acoge que supervisa el piso y está disponible las 24 horas para emergencias. Mahamadou padece la enfermedad de Crohn (inflamación crónica del sistema digestivo), pero muchas veces se ha saltado el tratamiento. «Son muchas pastillas, ahora le hemos enseñado y parece que nos está haciendo caso». El problema, anota Encarna, es que hay diferencias culturales y tienen dificultades para comprender. «Ellos no entienden la necesidad, pero aquí se les enseña a tomarse la medicación. Hay medicamentos que son bastante caros y ellos no tienen dinero para adquirirlos». Mahamadou todavía se hace lío con lo de los miligramos. Toma trece pastillas. La enfermedad le ha afectado a todo. Tuvo una afección neurológica y cuando estuvo en el hospital casi ni podía caminar.

«Si no hubieras venido a España posiblemente hoy estarías muerto», le dice la coordinadora, María José Funes, a uno de los chicos enfermos

El caso de Andy es diferente. De todos los habitantes de la casa es el único que no entró en España en patera. «Vivía en Alemania, luego me fui a Zaragoza. Y vine a Murcia en 2016 por trabajo». Se quejaba del estómago, pero hace seis meses le pusieron un hígado donado. «Demasiado bien está para el poco tiempo que ha pasado», cree Encarna. «Y eso que estuvo un día sin tomarse las pastillas antirrechazo». Ninguno tiene renta. Murcia Acoge cubre las necesidades de alojamiento, manutención y acompañamiento hospitalario. Andy trabajó pero no tuvo derecho al paro. «Necesitamos un poco de ayuda», replica Mohamed agarrado a sus muletas. «Para comer no nos falta, pero no podemos comprar nada». En efecto, Andy no lleva nada suelto en el bolsillo. «Y Mahamadou se gasta el dinero en corbatas», ríen.

«Me quieren mucho»

Fernando va a la casa los lunes y jueves. «Nada más entrar me sonríen, me quieren mucho. Aquí he experimentado una gran fraternidad. Intento no darles lecciones magistrales, sino descubrirles vocabulario. Hay muchas palabras que conocen de forma oral pero no saben escribirlas». Habib es el cocinero. Lleva 11 años en España y tres meses en la casa. Está en rehabilitación por un accidente en la mano mientras manipulaba una radial, y se seccionó el tendón del dedo meñique.

«No es una incapacidad grave», apunta Funes. «Depende de la gravedad de lo que tengan están más o menos tiempo». El único que no habla español es Tango Saah, de Ghana. Tiene 31 años y un tumor cerebral. Estaba en Lorca trabajando y empezó a convulsionar. Sus compañeros lo dejaron en el centro de salud, y de ahí lo llevaron a la Arrixaca. Está en tratamiento de quimioterapia con pastillas. Vive en el piso de Murcia Acoge en El Palmar desde poco antes de la Navidad. Su caso es delicado, reconoce la enfermera.

María José empezó con Murcia Acoge en 1998 y en 2001, junto con Concha Luján, pusieron en marcha este proyecto que fue pionero en España. «Éramos las dos tontas», recuerda con humor. Empezaron con un piso alquilado y hoy tienen dos -el segundo en El Palmar-. «Nos llamaron de otros lugares para saber en qué consistía. Fue un proyecto del Ayuntamiento, que sigue financiando el 100% con la subvención anual de 100.000 euros que se mantuvo en los peores años de la crisis».

Fátima Aitlougagh, marroquí, es la traductora del grupo. Está contratada para las labores de acompañamiento y organización de la casa. Ella y Teresa son dos buenas administradores y se organizan como cualquier ama de casa. «Es fundamental la comida. Ya tenemos a la gente enseñada en la cocina, y les proponemos lentejas, guiso de garbanzos y habichuelas, asados de pollo o pescado... Ellos ya controlan muy bien». Hoy no tocan boquerones con patatas sino pollo asado. El jueves empezó el Ramadán, pero la enfermedad les exime. «Están enfermos, y a veces cuesta una pelea que lo entiendan. Todos están tomando medicación», recuerda Fátima. Fernando le dice a Mohamed que tiene que alimentarse, pues de lo contrario le puede dar «un yuyu».

Siempre hay alguien peor

Los chicos no solo aprenden a cuidarse por sí mismos, sino que tienen que mantener en condiciones la vivienda, aprender español, cocinar y cumplir unas normas mínimas. No pueden llevar a amigos y tienen que estar en casa a las nueve de la noche. Cuando reciben el alta médica tienen un tiempo para preparar su salida, pues siempre hay alguien para cubrir la plaza. «Después de irse a veces les perdemos la pista, pero tenemos contactos con gente de los primeros años. A unos les ha ido mejor y a otros peor. Al principio acogíamos a gente que había tenido accidentes o cirugías. Pero ha cambiado el perfil, ha subido la edad y las patologías son más graves. Las que más nos preocupan son las enfermedades oncológicas, que nos comen mucho el coco, nos dan mucho más trabajo. Hay gente -asiente María José- que ha desaparecido y gente que sabemos que va a desaparecer».

Este es un pequeño proyecto de Murcia Acoge y la coordinación es fundamental. Por eso los teléfonos nunca están apagados. Para Andy están tramitando la petición de pensión contributiva a la que tiene derecho. Desde que se puso en marcha el programa en 2001 hasta enero de 2018 se ha atendido a 352 inmigrantes en estos pisos. Todos recuerdan el día que llegaron a España. Habib lo hizo el 17 de octubre de 2007. Mahamadou vino el 25 de febrero de 2006 y subió a un cayuco en Mauritaria que llegó cinco días después a Tenerife. Fernando conoce esa historia, no ha cambiado mucho el 'modus operandi'. «Mi hijo me enseñó una palabra: ¡Alhamdulillah! ¡Gracias a Dios! Cada vez que subo a una embarcación para recogerlos suelo decirlo. Y se les abren unos ojos como platos, y lo repiten con una alegría... Gracias a Dios porque han llegado, porque podrían no haber llegado».

Mohamed ya no quiere volver. «Aquí estoy mejor». En Argelia tiene a dos hermanas diabéticas sin control. ¿Qué harás después de rehabilitarte, Habib?, pregunto. «No lo sé, todavía no tengo permiso de residencia, tengo caducado el pasaporte y no tengo trabajo. Estoy repartiendo currículum». Andy no recibirá nunca el alta médica; la medicación debe tomarla de por vida. Si le quedase una renta contributiva tendría unos 600 euros para vivir compartiendo piso y tendría para sus medicinas, «pero está por ver», duda María José. Fernando dice que lo raro es que no haya vuelto todavía al puerto en lo que va de mayo porque el año pasado por estas fechas ya habían llegado 30 pateras. «El vientecillo este que sopla es un lebeche, y en la travesía Argelia-Cartagena se multiplica por mil. En cuanto se vaya hay bastantes pateras preparadas para salir al mar. Por eso no me cargo con muchos compromisos».

«Quemaduras terribles»

Cuenta que algunos llegan con un tajo que se han dado, o con quemaduras que son insoportables. Recuerdo a un indocumentado que venía con nalgas, muslos y genitales quemados con gasolina. «Con el agua del mar es terrible, de segundo grado». Fátima se tapa la boca («¡madre mía!») y lamenta que muchos sigan creyendo que en España está el edén. «Cuando vienen aquí la sorpresa es que no es lo que esperaban». Mahamadou se lo hubiera pensado ahora. «No volvería a hacer lo que hice porque es duro». María José le recuerda que si se hubiera quedado en Malí hoy estaría muerto. «Su enfermedad es autoinmune y hubiera aparecido antes o después». Ese viaje que hizo fue para salvarse e integrarse en España.

Tango, con su mirada de ángel lastimado, no dice nada. Su silencio es descorazonador. ¿Qué sueños tendrá? El pollo asado de Habib es para hoy. Para qué pensar en el mañana.

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos