Un 'Chinatown' en plena huerta

El pedáneo de Los Dolores, Pedro Morales (Cs), de ronda por los comercios, con Xulian, que tiene un multiprecio de exportación./Nacho García / AGM
El pedáneo de Los Dolores, Pedro Morales (Cs), de ronda por los comercios, con Xulian, que tiene un multiprecio de exportación. / Nacho García / AGM

Varias decenas de negocios se concentran en la pedanía de Los Dolores ofreciendo la oferta comercial más grande de productos chinos en la Región, una suerte de galería comercial abierta de venta al por mayor

Manuel Madrid
MANUEL MADRIDMurcia

A quien se le diga que en Murcia hay un Chinatown puede que no se lo crea. Pero basta con acercarse a la carretera de Los Dolores a La Azacaya para confirmar que no es ninguna broma. Más de una treintena de establecimientos chinos se concentran en apenas dos kilómetros de travesía entre la Ciudad del Transporte y los alrededores de la Curva del Canute. Almacenes de venta al por mayor, tiendas de telefonía, electrónica, electrodomésticos, artículos para el hogar, bisutería, ropa y accesorios forman parte del surtido de productos. Millones de objetos etiquetados como 'Made in PRC' (fabricados en la República Popular de China) que se apilan en estanterías y que son objetos de deseo de la mayoría de tiendas de chinos que vemos en cualquier punto.

No hay barrio y pedanía donde no haya un negocio chino 24 horas, pero lo de Los Dolores, según advierte el presidente de la Junta Municipal, Pedro Morales (Cs), «es para verlo».

En una ruta por el Chinatown murciano, el equipo de 'La Verdad' comprobó el goteo de clientes en estos almacenes, que se acrecienta especialmente los domingos. El sábado, curiosamente, cierran muchos, pero los domingos el trasiego es notable. Llama la atención la ubicación, pues la mayoría de naves de la primera línea de la carretera tienen caracteres chinos, y tiene su explicación. Xulian ('flor del amanecer') tiene con su marido el multiprecio de exportaciones Shan Hai Cheng, en la Curva de la Parra, a pocos metros del bar Morata, uno de los pocos nombres reconocibles en esta primera parte del recorrido. Tiene 42 años, es madre de tres hijos y natural de Wenzhou, en la provincia de Zhejiang. Explica en un castellano meridianamente aceptable que hace 10 años se trasladaron a Murcia. «Esta ciudad es tranquila, tenemos más familia aquí y amigos españoles también. ¿Por qué hay tantos negocios chinos en un mismo lugar? Estamos todos juntos -dice cargada de sentido común- porque los clientes pueden venir a comprar más surtido. Es más fácil que encuentran todo lo que van buscando. Es como cuando uno llega a un centro comercial».

Xulian, 'flor del amanecer', explican que están todos juntos para que los clientes encuentren más surtido «Somos de otra cultura. Los que tenemos hijos nos relacionamos más, y lo hacemos con gusto»Suelen pagar al contado, no recurren a bancos para financiarse y se mueven en vehículos de alta gama

No hay ninguna asociación de empresarios ni hay interlocutores con la CROEM ni con la Cámara de Comercio, según confirman fuentes camerales. Es raro incluso verles participar en sesiones formativas o incluso en la ventanilla profesional. La mayoría cuentan con asesores que les orientan. No obstante, el pedáneo de Los Dolores comenta con Xulian que no estaría de más que se agruparan para exigir a la administración mejoras en servicios públicos como alumbrado o aceras en condiciones, por ejemplo, o para coordinar dispositivos de recogida de residuos. «Nosotros tenemos un grupo de Whatsapp», asiente la empresaria. El pedáneo confirma que en dos años y medio al frente de la Junta Municipal no ha recibido ni una sola petición por parte de los miembros de la comunidad. Los Dolores cuenta con una población de 4.728 habitantes, y la Junta desconoce el número real de chinos en esta población. Según el último censo oficial de 2016, en el municipio hay 440.000 habitantes, de los que 1.803 eran de nacionalidad china (934 hombres y 969 mujeres). Tampoco hay datos oficiales sobre los negocios chinos en la demarcación de la Cámara Oficial de Comercio de Murcia, que tiene un censo de 100.007 altas en actividades económicas, de las que buena parte corresponden a empresarios chinos.

Pasada la rotonda partida de la avenida de Los Dolores, en el primer tramo de la carretera que conduce a La Azacaya hay varias tiendas de bisutería china en lo que fueron antiguos almacenes de exposición de materiales de la construcción y una pimentonera. Una tienda veterinaria y una empresa de informática son los dos únicos negocios regentados por autóctonos. Antonio Pedreño, que lleva 23 años al frente de Ordenadores King, cuenta a 'La Verdad' que los chinos buscan locales grandes, que son muy negociantes y muy buenos pagadores. «Lo sé por experiencia, porque me vienen clientes recomendados. El problema para ellos es el idioma, por eso suelen tener algún intermediario que les ayuda. El hecho de que estén en primera línea de carretera es porque ellos los fines de semana vienen a comprar y hacen la ruta desde el principio hasta el final buscando lo que necesitan».

El hecho de que se implantaran en Los Dolores tiene que ver, según desvela Pedreño, con la ubicación de El Botijero junto a la curva del Canute, a quien empezaron a comprar hace más de una década los primeros que se establecieron en Murcia. «Cuando El Botijero se fue de aquí ya estaban todos los chinos ubicados, y esto ha quedado como una galería comercial». En esta calle hay de todo, incluidos dos restaurantes especializados en comida asiática, El Colorín y los Tres Arcos, la parafarmacia 'Manda Lina', con los productos con los símbolos gráficos de la escritura china, e incluso una casa de citas, acreditan algunos interesados.

La mayoría de chinos pagan al contado; no conocen las tarjetas de crédito ni recurren a los bancos. Entre ellos se ayudan. «Yo te puedo decir que cuentan el dinero más rápido que la máquina y que José Miguel 'el del banco'. No sé de qué forma meten los dedos en los billetes», dice Pedreño.

No todos los negocios triunfan. También hay establecimientos que han tenido que echar la persiana. Y los vecinos se rompen la cabeza pensando de dónde sacarán «tanta pasta» para pagar los alquileres de las naves, los impuestos y a los trabajadores, «ya que tampoco todos ellos tienen un volumen de clientes como para tirar cohetes», observa, con desconcierto, el pedáneo. En la mayoría de casos los empresarios tienen la casa en el mismo negocio o en pisos de alrededor, por lo que incluso el mercado de viviendas de alquiler tiene un flujo inusitado. Alrededor de la comunidad china son muchos los mitos que se han formado, y uno de ellos es que no mantienen en buenas condiciones las viviendas. «Yo conozco un cliente -apunta el informático- que tuvo que tirar las paredes por dentro de cómo se lo dejaron». En Los Dolores apenas se relacionan y no participan en las actividades. Morales sigue cavilando: «El año pasado la comisión de fiestas pasó por todos los almacenes y solo uno aceptó anunciarse en el libro de fiestas. Este año ni ese ha querido».

Xulian admite que los chinos son reservados y que no acostumbran a relacionarse. «Quizás tenemos costumbres diferentes. Los que tenemos hijos no tenemos más remedio y, además, lo hacemos con gusto».

Son mayoría los establecimientos que ofrecen complementos de moda, artículos de regalo y cosmética, e incluso accesorios para mascotas. Entrar en el antiguo El Botijero es como hacerlo en una macrotienda de bricolaje. Los carros apilados en la puerta dan una idea del movimiento. Germán Rodríguez, el hombre del 'Todo a 100', como le decían, aparece en la antigua nave de su propiedad al volante de un Maserati. Las instalaciones mantienen su nombre. Hoy dentro, en los 9.000 m2 de exposición, hay millones de cajas con productos, y unos 30 operarios trabajando, muchos de ellos españoles. Pero el negocio es 100% chino. Hay de todo en el interior, especialmente juguetería pensando en la campaña navideña. «Yo recuerdo cuando estaba en Murcia que venía la gente a comprar y traían para envolver nuestros productos el papel y la bolsa de El Corte Inglés. Como si no tuviera prestigio», se ofusca. «Es lógico que los inquilinos hayan mantenido el nombre, todo el mundo nos conoce ya. Aquí los chinos que compran son los que tienen negocios, y ellos si no tienen perras no se meten en bancos».

La mayoría de dependientes y clientes se resisten a hablar y a ser retratados para este reportaje. Miran con intriga. Preguntan por nuestras intenciones. En los aparcamientos hay coches de alta gama, un síntoma del clasismo interiorizado en esta sociedad de clanes familiares donde el que manda exhibe su poderío. Los que se atreven a hablar dicen que los chinos trabajan mucho, que quizás los españoles ya tengan una vida más acomodada y por eso no necesitan echar tantas horas. A la vista de los horarios, que se extienden más allá de los que ofrecen los comercios tradicionales, parece que este Chinatown a la murciana no se diferencia de otros. Incluso hay un lavadero con sus servicios traducidos y una academia de español-chino, a unos pasos de La Machacanta.

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