Cazadores murcianos de lo insalubre

Cocina de un local inspeccionado por el servicio./Ayto
Cocina de un local inspeccionado por el servicio. / Ayto

Los cuatro veterinarios del Servicio de Inspección de Consumo del Ayuntamiento de Murcia son los encargados de evitar que las malas prácticas en bares, restaurantes, comercios y mercadillos del municipio acaben en intoxicación. El año pasado se impusieron 50 sanciones

Pedro Navarro
PEDRO NAVARRO

Pesadilla en la cocina. Pero también en la trastienda, en el pasillo de los lácteos o en la parte de atrás de la furgoneta. Los cuatro veterinarios del Servicio de Inspección de Consumo del Ayuntamiento de Murcia son los encargados de evitar que las malas prácticas en bares, restaurantes, comercios y mercadillos del municipio acaben en delirio alimentario, por la vía de la intoxicación. Prácticas que, según explica su jefe, Fulgencio Fernández, son muy minoritarias, pero que como las 'meigas', haberlas haylas y pueden desembocar en un aquelarre gastronómico.

Así, durante todo el año pasado, estos cuatro profesionales realizaron cerca de dos mil inspecciones, 1.338 a establecimientos permanentes y más de 600 a puestos temporales. Todos distribuían productos de alimentación, cocinados o no. Sin embargo, únicamente un 2,5% de ellos fueron sancionados, la mayoría por infracciones leves, con multas entre los 300 y los 2.300 euros. También se procedió, no obstante, a clausurar la actividad de un bar, de un puesto ambulante y se incautaron más de 200 kilos de alimentos que no se consideraban seguros.

Una veterinaria del Ayuntamiento, pasando revista a un puesto en una plaza de abastos
Una veterinaria del Ayuntamiento, pasando revista a un puesto en una plaza de abastos

Infracciones recurrentes

En el punto de mira de estos 'Van Helsing' de la bacteria alimentaria, el estado de las instalaciones y de los equipos, la falta de limpieza y la higiene del personal, que debe contar con los medios adecuados para mantenerla. En cuanto a los alimentos, se pone la lupa en su estado y en las fechas de caducidad, pero también en la conservación inadecuada -sin protección y a temperaturas no convenientes- y en la adecuada información y acreditación de su origen. Todos estos aspectos son los que suelen motivar la mayor parte de las infracciones.

Las visitas se llevan a cabo a través de varios programas de inspección periódica. El primero está destinado a plazas de abastos, mercadillos semanales y privados, que se supervisan varias veces al año. El segundo está dirigido a locales permanentes (comercios minoristas y de restauración colectiva), que se revisan por zonas; y el tercero abarca supermercados y grandes superficies, que pasan reconocimiento anualmente. Además, se pone el foco en establecimientos no permanentes de temporada, es decir, instalados en períodos determinados -barracas, huertos, Feria, mercadillos medievales, etc.- o con motivo de determinados eventos, como conciertos, los festivales WAM y Animal Sound, el Salón Manga, o las ferias de foodtrucks. También se realizan inspecciones en campañas especiales, como la de Navidad, o por denuncias que llegan directamente al Servicio o a través de la Oficina Municipal de Información al Consumidor, de la Policía Local y de la Consejería de Salud.

Una freidora rebosante de suciedad en la cocina de uno de los locales inspeccionados.
Una freidora rebosante de suciedad en la cocina de uno de los locales inspeccionados. / Ayto

Sorpresas no aptas para todos los estómagos

Aunque no sea la tónica general, según remarcan desde el Servicio, estas visitas dejan en más de una ocasión desagradables sorpresas, no aptas para todos los estómagos. Sin ir más lejos, Fulgencio Fernández recuerda el cierre de un bar en una pedanía murciana que acumulaba abundantes alimentos en mal estado, «en descomposición y con moho en toda su superficie». También presentaba gran cantidad de suciedad, que no tenía pinta de ser precisamente reciente. No obstante, el propietario pudo reabrir el local tras probar que había subsanado las deficiencias y que aquello contaba con un mínimo de salubridad. Tampoco olvida la inmovilización y retirada de una gran número productos caducados en un supermercado del casco urbano o la incautación de una buena cantidad de pescado fresco vendido de forma ambulante.

Una de las infracciones más frecuentes, detectada en un bar del municipio: la conservación inadecuada, sin protección y a temperaturas no convenientes.
Una de las infracciones más frecuentes, detectada en un bar del municipio: la conservación inadecuada, sin protección y a temperaturas no convenientes. / Ayto

Deficiencias como estas y de otro tipo se reflejan en las actas levantadas por los veterinarios municipales. Tras su levantamiento, y si no se precisan medidas cautelares, se otorga un periodo de subsanación, pasado el cual se realiza una segunda inspección. Si en esta segunda oportunidad no se han puesto las cosas en orden, se abrirá un expediente sancionador. El jefe del servicio remarca que «este sistema de doble vuelta y la labor 'in situ' de educación sanitaria» permitió, por ejemplo, que las multas no superaran el año pasado el medio centenar.

Las infracciones en materia de seguridad alimentaria vienen tipificadas por la Ley 17/2011 de 5 de julio de Seguridad Alimentaria y Nutrición, que las clasifica en leves, graves y muy graves. Las infracciones leves pueden llevar aparejadas sanciones de hasta 5.000 euros, las graves se sancionan con multas hasta 20.000 euros y las muy graves pueden llegar alcanzar los 600.000 euros. El deseo de este comando municipal 'cazagérmenes' es no tener que recurrir a medidas tan extremas, por que su uso implica que las cosas se han hecho realmente mal. Aquelarre gastronómico.

Control de la temperatura a la que deben ser conservados los productos frescos.
Control de la temperatura a la que deben ser conservados los productos frescos. / Ayto

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