La Verdad

«Nuestras acequias son sagradas»

El secretario del tribunal, Juan Jesús Sánchez, tras leer el fallo de la sentencia ante demandado y demandante.
El secretario del tribunal, Juan Jesús Sánchez, tras leer el fallo de la sentencia ante demandado y demandante. / Nacho García / AGM
  • El Salón de Plenos acogerá una vez al mes los juicios del Consejo de Hombres Buenos

El Salón de Plenos del Ayuntamiento acogerá a partir de febrero, el primer jueves de cada mes, tres juicios orales del Consejo de Hombres Buenos, la única institución de Murcia declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Los últimos años las sesiones se celebraban en la Junta de Hacendados, pero la Corporación aprobó en noviembre por unanimidad que La Glorieta sea, como desde el siglo XIX, la sede de los procesos. Este tribunal consuetudinario dictaminó ayer sobre dos casos en Los Alburquerques (Aljucer) y El Campillo (El Esparragal). El alcalde, José Ballesta, manifestó su respeto por una institución reconocida en la Ley Orgánica del Poder Judicial «que representa nuestra tradición y raíces y lleva resolviendo disputas entre los hombres de la Huerta desde hace casi ocho siglos».

«¡Lo último que yo quisiera es que se celebraran estos juicios!», decía con 'pesambre' Diego Frutos, presidente del Consejo. La institución recurre a esta fórmula cuando no ha habido conciliación, y previa demanda. A menudo afloran las rencillas y viejos orgullos. «A veces vienen aquí como locos, y cuando salen se van más tranquilos. Recientemente nos hemos visto obligados a cumplir una sentencia y se han tirado seis o siete días para ejecutarla con tres coches de la Guardia Civil», descubre.

Los juicios orales son casi una anécdota. El 95% de los casos se resuelven de forma amistosa sin necesidad de elevarlos a estas sesiones públicas en las que el secretario hace lectura de la demanda interpuesta en presencia de las dos partes, antes de dar paso a demandante y demandado para que se ratifique el primero y alegue en su defensa el segundo. Pueden aportarse pruebas documentales o periciales. Antes de llegar a juicio, el Consejo estudia cada demanda, se presenta en el lugar de los hechos para realizar un informe con pruebas gráficas y se intenta resolver por la vía amistosa.

Pero no siempre se logra el deseado acuerdo y aquí interviene el tribunal, explica el secretario del Consejo, el letrado Juan Jesús Sánchez.

Sin excesivos formalismos

Además del presidente y del secretario, intervienen cuatro vocales en representación de las acequias mayores (Alquibla y Aljufía): Fulgencio Campillo, Patricio Ballester, Pedro Zapata y Juan Hernández. Todos con blusas negras y los trece artículos de las ordenanzas y costumbres de la huerta presidiendo el estrado, y sin excesivos formalismos. Ayer estaban anunciados tres juicios. Uno fue suspendido por fallecimiento de una parte. En el primero, el Consejo dictaminó que, en 30 días, el demandado deje expedita de construcción una regadera, recuperando los cuatro palmos y medio que tenía el cauce -21,8 centímetros cada palmo-. En caso de no hacerlo, la Junta lo hará subsidiariamente. En el segundo se condenó a los demandados a dejar «a cielo abierto» un tramo de cauce entubado sin permiso en la llamada Cola del Perrín. El presidente hizo una salvedad y dijo que, dado que en este último caso hay voluntad de acuerdo, se retire el expediente si se acepta la solución dada.

Al Consejo pertenecen más de un centenar de procuradores. La mayoría de conflictos, según los veladores de las acequias de Zaraíche, Juan Tovar; Landrona de Campillo, Antonio Navarro, y Puxmarina, Diego del Águila, se dan por invasión o apropiación indebida de cauces. Por herencias o por la moda de vivir en la huerta, muchos propietarios desconocen las leyes de la huerta, «pero las acequias y los quijeros son sagrados, y si no lo saben estamos aquí para recordarlo».